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miércoles, 12 de octubre de 2016

Carrera Benéfica Los Calderones 2016

"Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irme haciendo viejo, no tengo nada para impresionar, ni por fuera ni por dentro". Hoy voy a escribir de manera mucho más personal y profunda  que en ocasiones previas y  estás palabras de Fito Cabrales me sirven como perfecta introducción.

Vivimos en un sistema económico corrupto e injusto donde la búsqueda del beneficio económico se ha convertido en religión y donde el mal uso de términos tales como objetivoscompetitidad o productividad sirven para justificar cualquier tropelía. Ciertamente estamos inmersos en la decadencia y caída de una civilización, como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia, pero ni siquiera somos conscientes de ello, y es que seguimos pensando que las empresas nos pagan por nuestros conocimientos o destrezas, cuando realmente están comprando nuestro tiempo y el tiempo es lo más valioso que poseemos los seres vivos, por ser una magnitud finita e indeterminada en su duración. Gracias a la revolución tecnológica, cada vez hay más trabajadores y menos puestos de trabajo disponibles, lo que faculta a los empresarios a comprar cada vez más tiempo por un salario menor, o lo que es lo mismo, evolucionamos a marchas forzadas hacia un sistema neofeudal con sueldos de mera subsistencia. En este contexto  los trabajadores nos estamos convirtiendo, cuando no siendo sustituidos directamente, en maquinas necesarias para la obtención de la tan ansiada  plusvalía, mientras  los clientes y consumidores  dejan de ser vistos como personas para convertirse en meras vacas lecheras a las que poder ordeñar hasta limites insospechados con el fin de poder ser clasificados en función del beneficio que pueden aportar a la empresa que les atiende. En toda esta vorágine corremos el riesgo de perder nuestro activo más valioso, el alma, ese lugar intangible donde las personas guardan su esencia, su código moral, su conciencia y sus principios éticos. Los robots no solo abaratan los procesos productivos, sino que sencillamente se limitan a ejecutar los procesos mecánicos para los que han sido programados, siendo esta su principal contribución al sistema, ya que las maquinas por definición no tienen sentimientos, no cuestionan decisiones y al carecer de conciencia o principios éticos, no valoran las consecuencias de sus actos. Yo llevo tiempo, disputando una interminable guerra que no puedo vencer, y que si siguiera los principios del gran estratega militar y filósofo chino Tsun Zu, nunca debería disputar. Una silencios batalla con dos frentes abiertos,  por un lado el que atañe a  lo que realmente soy, lo que algunos quieren que sea y lo que me gustaría ser y por otro el que atañe a lo que hago, lo que me quieren obligar a hacer y lo que debería hacer. 

Y entonces aparece la montaña, siempre la montaña. La montaña se erige en el faro que  ilumina la oscuridad y me permite navegar por los inmensos océanos de  sombras.  La montaña es el ancla que me mantiene unido a puerto y me permite volver una y otra vez a la esencia última de lo que soy, porque en la montaña el animal bípedo que somos, pierde gran parte de su condición humana, para fundirse con el entorno que lo envuelve, recuperando sus instintos más básicos de supervivencia y fundiéndose con el animal cuadrúpedo que mucho tiempo atrás fuimos. En mi caso, cuando me pongo un dorsal en el pecho,  dicha fusión se realiza con el animal totémico del que he tomado prestado mi nombre de guerra, el bisonte, convirtiéndome en una especie de moderno  Minotauro de rayas rojiblancas. Durante las 4, 5 o 6 horas que paso corriendo por montaña en cualquier carrera, ese activo intangible al que llamamos alma, y que algunos osados científicos han querido cuantificar en 21 gramos (la diferencia de peso que muestra un cuerpo en el momento de la expiración) descansa escondido en algún recondito y diminuto  rincón de ese activo tangible que llamamos cuerpo y que en mi caso está compuesto por un amasijo de casi 100.000 gramos de músculos, huesos, tejidos blandos  y tendones,  viendo como se produce una cruenta guerra civil entre mi cuerpo y mi mente, donde paradojicamente el cuerpo suele aportar argumentos racionales y la mente argumentos claramente irracionales.

Por todo lo anteriormente expuesto vuelvo una y otra vez a correr por montaña aunque mi condición física no acostumbre a ser la más idónea para este menester. Algunas personas buscan el equilibrio interno en las iglesias, mezquitas o sinagogas, otros en la barra de los bares, yo lo busco en las cumbres de las montañas, quizás porque cuanto más arriba subo, más cerca estoy de las estrellas y más lejos de los fantasmas interiores, o quizás porque cuanto más alta es la montaña, más pequeñas se ven las cosas desde su cumbre.
Precioso pueblo de Piedrasecha, lugar de paso de la prueba
Y aquí estamos de nuevo en  las tierras bajas del concejo omañés de Soto y Amio para volver a ponerme un dorsal dos meses después de mi última aparición en Villalfeide. Hoy toca correr por una buena causa, porque en un mundo donde casi todo empieza a tener un falso  trasfondo solidario, las pocas cosas realmente benéficas corren el riesgo de perder su notoriedad y esta carrera aporta su pequeño granito de arena al Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona para  la investigación contra esa lacra que es el cáncer infantil
En la salida con Nary Ly, Salva Calvo, Carolino Teixeiro y Ana Isabel Tascón
4 grandes corredores (por calidad)  y un corredor grande (por tamaño)
Un breve calentamiento con mi compañero Javi Pascual, una amigable charla con nuestra olímpica leonesa Nary Ly y otros buenos  amigos que se encuentran en el evento y tras las  fotos de rigor nos colocamos en la salida. Primero arrancan los mushers con sus perros y a continuación los apenas 65 corredores que nos hemos congregado en La Magdalena y que le damos  un marcado carácter familiar a la prueba. Salgo a cola de pelotón para no perder las costumbres. Apenas 500 metros por las calles de La Magdalena y tras cruzar por un estrecho túnel bajo la Autopista del Huerna comenzamos la ascensión por un camino sencillo y en buen estado. Tengo tiempo para intercambiar opiniones con Javier Perez que hoy ejerce de corredor escoba, hasta que mi compañero tractorista Carlos Alvarez me da el relevo y decide "entretener" al escoba para que los demás podamos correr sin presión, así que aprovecho para incrementar un poco el ritmo. Apenas llevaremos un kilómetro y medio cuando llegando al primer cortafuegos de la jornada me encuentro con una herradura de caballo tirada en el suelo. Esta en buen estado y todavía conserva los clavos de anclaje a la pezuña del equino, razón  por la que deduzco que alguien la ha perdido recientemente. Por puro instinto la recojo y me la llevo conmigo, esperando que me traiga buena suerte y sin constatar que una herradura de hierro pesa lo suficiente como para convertirse en un yunque si decides llevarla a cuestas  durante 25 kms. Voy meditando si dejarla en el siguiente avituallamiento, cuando a lo lejos, en una recta veo a un jinete caminando en dirección contraria y tirando de las riendas de un caballo. Por suerte la herradura era suya y una vez soltado el lastre retomo la marcha con mayor ligereza. Alcanzo a  Paquito,  quien una vez más,  será mi compañero de fatigas durante al menos  media carrera. Ascendemos sin esfuerzo a través de cortafuegos anchos y en buen estado y algún sinuoso sendero que serpentea entre bosques de árboles autóctonos, hasta que llegamos a pie de montaña.
Cortafuegos anchos y con buen firme: auténticas autopistas de montaña
Bonito tramo de carrera que atraviesa un bosquecillo de robles
Tramo de ascensión al Altu las Trincheras visto desde abajo
 Comienza la parte montañera de la carrera. Por delante tenemos  un tramo de ascensión no muy largo, pero si empinado, constante y con zonas donde se deben echar las manos a la roca para poder trepar, hasta alcanzar la primera cima a 1814 metros de altutid. Se trata de la cumbre conocida como Altu de las Trincheras. Pisamos cumbre, giramos a la derecha y entramos en el interior de una trinchera cavada por el ejercito popular republicano en nuestra olvidada guerra civil. Quito la música y avanzo en soledad y en silencio por la angosta e irregular cicatriz artificial realizada en la roca caliza. Mi pensamiento vuela y se centra en los hombres y mujeres que allí combatieron. Campesinos, mineros, maestros, obreros y algún depistado e idealista soldado  que prefirió seguir fiel a una república agonizante antes que pasarse en masa al bando militar que había ganado la guerra antes incluso de comenzar. Pienso en el hambre, el frío, la soledad  y por encima de todo en el miedo, que aquel puñado de personas con robustos ideales debía sentir en aquella desangelado peña a más de 1800 metros de altitud. Combatientes mal pertrechados, con armamento rustico, escasamente alimentados y sin formación militar, que decidieron enfrentarse a un ejercito regular bien armado, pertrechado y con contrastada experiencia en la guerra de Marruecos. No importa ideología, ni filiación política o religiosa, este tipo de personas que decidieron que la libertad  de su pueblo y de sus vecinos era mucha más valiosa que su propia vida, deberían ser recordados y yo así lo hago, al fin y al cabo aquí estuvo el limite meridional de ese sueño de libertad que se llamo Consejo Soberano de Asturias y Léon y que apenas duro 3 meses y ellos defendieron con uñas y dientes nuestra  frontera sur, nuestra particular Linea Maginot Cantábrica , esa frontera sur de algo que nunca paso de ser un inmenso frente de guerra. La mayoría de ellos lo perdieron absolutamente todo, los más afortunados  solamente su libertad,  otros directamente la vida y unos pocos, imbuidos por ese espíritu de las viejas canciones revolucionarias asturianas: Los Fugaos, L'ayerán que perdió la guerra, etc, decidieron hacer de la montaña su vida y seguir corriendo por ellas hasta el fin de sus días convertidos en Maquis, huyendo de todo y de todos, ya que como reza la canción "pobre del hombre que pierde la guerra y salva la vida". Abandono la trinchera bajo un cielo que se ha tornado gris plomizo para darle un toque de sobriedad a la situación y con un profundo respeto me alejo del lugar, mientras pienso que ojalá podamos seguir corriendo por montaña por placer toda la vida  y deseo que nunca tengamos que  hacerlo por obligación.

Impresionante vista de la trinchera que rodea la cumbre y por la cual hemos corrido
Vista frontal de la trinchera en el Altu de les Trincheres (1.814 metros)
Salgo de las trincheras en 1h:42:47 (km 10,85). Un nuevo tramo de ascensión de apenas 300  metros nos llevará a la cima del Altu La Portiella o Altu La Viesca a 1834 metros de altitud, donde nos encontramos nuevamente  posiciones defensivas. Es la primera vez que piso esta cumbre, así que como muestra de respeto a la montaña recojo una piedra del suelo y la apilo con sumo cuidado en la parte superior de una torre de piedras que supera con creces los 2 metros. Nos encontramos en el punto más elevado de la prueba y me detengo unos instantes  para observar la majestuosidad del paisaje que se presenta a nuestros pies. Con 1h:49:38 (11 km) en el reloj, arranco  de nuevo con mucha calma  apenas unos 20 metros por detrás de Anabel y Maxi.
Vista del Altu La Viesca, impresionante y privilegiada  atalaya natural  de roca caliza
Altu de la Portiella o Altu de La Viesca (1834 metros)
Otra imagen de las trincheras con sus impresionantes vistas
Trincheras de poniente en el Altu La Viesca (posiciones de cobertura en la parte menos fortificada de la cumbre)
 Los primeros 500 metros son sencillos y consisten en un leve cresteo descendente de cumbre. Al final de dicho tramo  me encuentro con los ánimos de Miguel Bernardo, que hoy no corre y  ha subido a cumbre para hacernos unas fotos. Tras prevenirme de la dificultad en el tramo inicial de bajada, nos saludamos, giro 90 grados a la derecha y comienzo el descenso de la cumbre por la ladera descarnada de la montaña.
Vista cenital del cresteo en  el Altu la Viesca con las impresionantes vistas de la montaña leonesa
Corriendo por el cresteo de la cumbre
Llegando a la posición de Miguel Bernardo, a punto de comenzar el  tramo técnico de descenso
 Es un tramo tecnico donde descendemos siempre lateralmente. Voy con escasa confianza y opto por bajar con  mucha prudencia, lento y torpe cual Dragón de Comodo, veo como Anabel y Maxi que me preceden, se alejan de mi con una facilidad pasmosa hasta desaparecer irremisiblemente en el horizonte. Por detrás no me sigue nadie a una distancia razonarle, así que desciendo en completa soledad y absorto en mis pensamientos durante al menos los próximos 7-8 kms. Entramos en un estrecho sendero desbrozado en un bosque de escobas que superan los 2 metros de altura y llegando abajo me encuentro con una rolliza vaca de raza limusina que levanta la cabezaal verme llegar  y se  queda mirando fijamente con ojos de sorpresa a ese inmenso minotauro que avanza hacia ella con esa llamativa camiseta de rayas. Le guiño un ojo y paso por su lado sin detenerme. Siempre he tenido más éxito con las féminas del reino animal que con las féminas de mi propia especie, pero en carrera y convertido en bisonte, tengo un atractivo sin igual para las vacas, eso es así.

Salgo del bosque de escobas y enlazo con una pista descendente amplia y en buen estado que poco a poco se transforma en un estrecho sendero que paralelo al río nos mete en el Desfiladero de Los Calderones (también conocido con los poco tranquilizadores nombres de Garganta del Diablo y Desfiladero del Infierno). Se trata del lecho pedregoso, y  en estas fechas  completamente seco, de un torrente invernal, que como consecuencia de la erosión ha conseguido abrir una enorme hendidura en la roca de la montaña (secha en asturiano o leonés, de ahí el nombre de Piedrasecha que recibe el pueblo cercano)  creando un bonito y angosto desfiladero.

Avanzo por su interior con mas miedo que vergüenza y dando concisos pasos, en ocasiones saltos entre rocas,  con la precisión de un neurocirujano  en plena intervención. Salgo del desfiladero sano y salvo, no sin antes bromear con una voluntaria, que subida en una peña hace fotografías y que al verme saltar entre peñas  con la gracilidad de un gamo  (todo sea por el postureo de salir bien en las fotos) me pide que le suba un café desde el pueblo aprovechando que me ve muy "fresco". Siempre he dicho que una de las grandezas de este deporte nuestro es el trato humano y la interacción con voluntarios y compañeros corredores en magníficos entornos naturales, atributos tangibles  que prácticamente ninguna otra disciplina deportiva posee.
Entrada al desfiladero de Los Calderones bajando desde el Altu La Viesca (en el sentido de la carrera)

Nuestra particular "Caperucita rojiblanca" corriendo por el interior del desfiladero de los Calderones

Salida del desfiladero de Los Calderones en dirección a Piedrasecha
Así luce el desfiladero de Los Calderones con agua en primavera
...y así en época de deshielo, convertido en un bravo e intransitable  torrente de montaña
Continuo corriendo de nuevo por senda descendente a buen ritmo hasta alcanzar en 2h:236.32 (km 17) el precioso pueblo de Piedrasecha, donde se encuentra el último avituallamiento de la jornada. Aquí toca parada larga (al menos 5 minutos). Me alcanza un grupillo de unos 6-7 corredores que vienen por detrás con Paquito, Alberto, Veronides entre ellos y todos arrancan antes que yo, mientras aprovecho para beber, tomar un enantiun para los calambres, comer abundantemente y estirar que vengo con sensación de sed y con los cuadriceps castigados. Arranco en solitario por la calle de Piedrasecha, bajamos por la carretera unos 150 metros, giramos a la derecha y tras cruzar un improvisado puente de madera  comenzamos la última ascensión por un camino embarrado, que a pesar de ser sencillo y muy tendido  se me hace más largo de lo esperado, aunque la grata compañía de Alberto primero y de Paquito después hacen más llevadero el trayecto ascendente. En plena ascensión, con casi 3 horas en las piernas, le comento a Paquito que vamos a bajar de 3h':30" en meta  y el me rebate con buen criterio que con 3h:45" vamos que chutamos.  Abandonamos el sendero y salimos de nuevo a un amplio e interminable  cortafuegos. Delante nuestra aparece el grupillo de corredores que me habían adelantado en Piedrasecha. Al paso por las 3 horas mi reloj marca 19,2 kms, por lo que tengo media hora para recorrer unos 6 kilómetros. Coronamos un pequeño repecho y supuestamente todo lo que nos  queda es bajar, así que rebaso al grupo y alargo la zancada con la intención de bajar a fuego como en los viejos tiempos. Apenas llevo recorridos 300 metros cuando bruscamente mi cuadriceps izquierdo se agarrota por un calambre y tengo que detenerme en seco.

¡No me jodas!!Un calambre ahora no! Del cercano bosque parece haber emergido por arte de magia un  Busgosu de nuestra rica mitología y se ha entretenido trenzado un perfecto nudo marinero en mi muslo izquierdo. Mientras intento estirar sin éxito, un corredor del equipo Nunca correras solo se detiene y me da agua. !Naaaaa!¡Parece que la perrina hoy ya no caza! Aparentemente se acabo la carrera y  lo que toca es caminar los 5,5 kms hasta meta, que bien visto, sin la presión del corredor escoba y el cierre de control,  tan poco es ninguna desgracia  más haya de la mala hostia y el daño en el orgullo propio. Poco a poco bajo y como quien se encuentra un oasis en mitad del más árido desierto, veo un puesto de control con un todoterreno de la Cruz Roja apenas unos 150 metros por delante. Llego hasta dicho punto y le pido reflex al sanitario de turno. Me dice que reflex no tiene, pero que cree traer en el botiquín un spray de frío. Al oirlo, un corredor que se detiene a mi lado le pregunta si el bote de frío es de  nitrógeno líquido, a lo que no puedo más que esbozar una sonrisa, ya que si realmente fuese nitrógeno líquido, íbamos a acabar desintegrados en cachitos como el robot de Terminator 3. Finalmente el sanitario me  rocía profusamente ambos cuadriceps con el mágico bote "nitrogenado", momento que aprovecho para estirar y una vez  el musculo se ha relajado lo suficiente, con la destreza que  la experiencia va dando, meto el dedo en el musculo anestesiado y con la precisión de un  fisioterapeuta titulado consigo deshacer el nudo marinero de mi vasto interno. Estiro otros 30 segundo y arranco andando por el cortafuegos para tratar de soltar las piernas. Milagrosamente me siento completamente recuperado, algo parecido a cambiar los neumáticos en boxes y con la energía intacta  de quien acaba de beber la pócima mágica de Asterix, arranco a correr con renovadas fuerzas. El rejoj marca 3h:05':40" y me quedan algo más de 5 km a meta. Debería correr por debajo de 5 minutos/kms, contando con los problemas musculares, con que llevo ya 20 km acumulados en las piernas y teniendo en cuenta que mi ritmo de entrenamiento en llano es de entre 6-7 min/kms, la empresa de bajar de 3h:30 se antoja misión imposible, pero a veces abandono al humano  racional que habita en mi y convertido en bisonte  me comporto de manera completamente  irracional. Sencillamente alargo la zancada y corro por esos interminables cortafuegos trazados por algún ingeniero de montes con escuadra y cartabón. Poco a poco voy adelantando corredores,  Alberto, Vero, Paquito.  Miro el reloj en un tramo de pendiente pronunciada y para mi sorpresa por un instante veo que mi  Garmin me marca 3:20 min/kms, un ritmo impensable. Las piernas chirrián  un montón y la  interminable guerra civil cuerpo-mente se recrudece como suele ser habitual en estos eventos. El cuerpo  trata de convencer a la mente con argumentos absolutamente racionales, exponiendo  que correr a estos ritmos sin un entrenamiento previo adecuado es una temeridad inmensa , y que en un deporte de resistencia física eminentemente intensivo en esfuerzo, no se puede fiar el desempeño  al recuerdo físico por los kilómetros acumulados 20 años atrás y a esa extraña facilidad que tiene mi organismo  para extraer petroleo y rendir por encima de lo que de él se espera desde el comienzo de los tiempos. Por contra la mente, paradójicamente tira de la irracionalidad habitual en la que se encuentra instalada y lo único que aporta al debate  es que por mucho que hayan pasado 20 años y que mi masa corporal se haya incrementado  en la indecente cantidad de 20.000 gramos, no se me puede haber olvidado correr. En esas estamos mientras avanzan los kilómetros.  Repasando mentalmente la descripción del recorrido que ese genio de la Cepeda que es el maestro  Salva Calvo me hizo apenas 3 días antes de la prueba, se que los últimos 3 kms son por el mismo sitio que subimos y eso representa una ayuda en el esfuerzo. A  1500 metros de meta me tomo un respiro y camino durante unos 150 metros para oxigenar las piernas, giro a la izquierda y en lontananza  veo el pueblo de La Magdalena. Arranco a correr de nuevo mientras mis piernas vuelven a pedir clemencia. Apenas unos 100 metros por delante aparece la silueta de un corredor de azul y como el león que busca alimento en la sábana, instintivamente vuelvo a acelerar el ritmo en busca de mi particular gacela. En este improvisado San Fermín en versión leonesa, el humano corre delante y el bóvido corre tras de él a gran velocidad. No tardo ni 400 metros en cogerlo y al llegar a su altura, bien sea por respeto o por el miedo irracional  que debió sentir el pobre hombre  al escuchar fuertes pisadas, bramidos inteligibles y resoplidos  a su espalda, se hace a un lado y me deja pasar justo en el momento en que entramos  de nuevo en  el angosto y oscuro túnel que cruza la autopista del Huerna. Entro en las calles de La Magdalena, cruzo la carretera León-Villablino y un guardia civil, al reconocer mi camiseta con los colores del Pendón de Benavides, me da recuerdos de su parte para el  presi  Talo Guerra, un tio muy querido en este mundillo. 

Enfilo los 350 últimos metros de la prueba  y ¡Uffff!.. el asfalto se agarra y tengo la sensación de haber quedado atrapado en un campo magnético, las piernas duelen un montón y creo ir ritmo de tortuga laúd, sin embargo el Garmin sigue marcando 4:20 min/kms, así que es más un efecto psicológico que físico. Un último esfuerzo y entro esprintando en meta mientras por megafonía, Roberto Ferreras que ejerce de speaker, me dedica unas cariñosas, y posiblemente inmerecidas palabras de aliento que me emocionan. Como siempre digo, nunca nadie corriendo tan despacio ha conseguido tanta notoriedad y cariño por parte de la gente y supongo que gran parte de la culpa se lo debo precisamente a este blog que escribo y que ha contribuido a poner en valor la figura del tractorista, ese sufridor casi anónimo, que fuera de los focos y la "fama", pelea como un titán para llegar a la meta apenas unos segundos antes del cierre de control.

Finalmente consigo finalizar los 25,2 kms  con los 2000 metros de desnivel  acumulados de la prueba y entro en meta con un tiempo de 3h:29':10" en el puesto 46 (sobre 65 corredores en meta) a 1h:16':09" del ganador que fue el zamorano volador Santiago Mezquita con un espectacular tiempo de 2h:13':01"

Tiempo para charlar de nuevo con un montón de amigos y para una más que agradable comida en compñia de la buena gente que te encuentras en este mundillo. Salva Calvo, Nary Ly, Carolino Teixeira, Paquito González, Veronica Moreno, Carlos Álvarez y Ana Isabel Tascón...y no sigo porque seguro, seguro  que me olvido de alguno.
Cinco jovenes promesas del trail leonés en meta ( Vero, Carolino, Ana Isabel y Maxi y el que escribe)

Llega la hora de extraer conclusiones:

1.-  Carrera diferente, muy sencilla y rápida en un 75% de su recorrido, pero con un bonito  tramo de montaña pura, con el emotivo paso por las trincheras de la guerra civil y el interesante cruce  por el desfiladero de los Calderones. Buena carrera, inmejorable compañía y unas inmejorables sensaciones que me hacen irme con las pilas recargadas para una larga temporada.

2.- Siempre me empeño en decir que soy más montañero que atleta y la realidad es que por mucho que me empeñe, siempre seré más atleta que montañero y a los hechos me remito. En los tramos  de montaña me adelantan los erizos, las culebras e incluso los saltamontes, y sin embargo en los tramos donde se puede correr  suelo adelantar a mucha gente que es infinitamente superior a mi en montaña. 
Repasando los datos numéricos  me he encontrado con la grata sorpresa de que he sido capaz de correr los 5,22 km finales  a un ritmo de 4:30 min/kms, marcando una velocidad máxima puntual  de 3,08 min/kim. Son tiempos que hacia mucho tiempo que no alcanzaba y que me han reforzado la moral  precisamente en una semana en la que por casualidad he encontrado una carpeta con viejos recortes de prensa de mi juventud.

3.- Quiero acabar con un  inciso de carácter cultural. Estamos apenas a 30 kms de distancia de León capital y hoy hemos podido comprobar como esa lengua denostada y olvidada que es el leonés (o asturiano) está mucho más presente de  lo que nos cuentan y sin ella no sería posible entender el origen y el significado de muchos de los pueblos y lugares que constituyen este viejo y orgulloso Reino de León. Hemos tocado cumbre en el Altu la Viesca (o Biesca en Leonés) siendo Viesca un lugar densamente poblado de árboles; hemos pasado a escasos metros de la Peña los Machaos siendo machao la denominación en lengua leonesa de hacha; peña que está en frente de otro puesto fortificado en el Picu Armagones (degenación castellana por traducción de  Llamargones) siendo los Llamargos (también conocidos en León como llamas o llamazares)  lugares donde se entremezcla agua y barro; y por último hemos atravesado el desfiladero de Los Calderones para llegar al pueblo de Piedrasechasiendo secha en asturiano el surco o  abertura alargada que se hace al arar la tierra y sin lugar a dudas eso es precisamente  lo que parece el desfiladero de Los Calderones en su vista cenital, una inmenso surco en la piedra caliza  (vease la foto de abajo).
Creo que es una autentica lastima que se pierda esta bonita lengua romance que durante más de mil años han venido hablando nuestros ancestros por estas montañosas tierras norteñas, pero por desgracia creo que los pocos que aún la hablamos somos una especie en extinción y que desgraciadamente esta orgullosa lengua nuestra morirá con nosotros en esta generación.
Vista cenital del Desfiladero de Los Calderones en Invierno (por ahí pasamos corriendo)


Próxima parada del Bisonte World Tour 2017: Carrera de Montaña de Matallana de Torío

Que la luz que emanan las cumbres  nunca nos dejen de iluminar. Nos vemos en la montaña compañeros.

viernes, 26 de agosto de 2016

Carrera por Montaña Villalfeide-Polvoreda 2016

Reza un viejo proverbio tibetano que quién ha escuchado alguna vez la voz de las montañas, nunca  la podrá olvidar y en mi caso empieza a ser una verdad irrefutable. Cuatro meses después de disputar la Biosfera Trail y habiendo estado completamente parado por espacio de 90 días,  toca ponerse un dorsal y volver a competir. Las molestias de mi aquiles derecho no  han remitido completamente, pero comienzo a tener la sensación  de que  nunca van a desaparecer del todo por tratarse de achaques propios de la vejez, o dicho de otra manera, son las goteras ocasionadas por  haber practicado deporte más o menos en serio cuando era joven. Este año me hubiera gustado correr la Maratón Reino Astur en Nembra, pero como le comenté  al demonión de Nembra, su carrera y yo no nos llevamos bien y siempre hay alguna limitación física que se interpone entre nosotros. Sin correr apenas para no sobrecargar el tendón, pero con muchos kms de bici y horas de natación en el cuerpo, llego a Villalfeide  con las pilas cargadas y la ilusión a tope para afrontar una de las 3 carreras que son sagradas en mi calendario anual. 

Aparco en la zona habilitada de Villafeide  con apenas 20-25 minutos de margen sobre el horario de salida, recojo el dorsal y vuelvo al coche a cambiarme a toda mecha. La previsión meteorológica anuncia   temperaturas muy elevadas que alcanzaran los 34-35º en las horas centrales del día y a mi el calor siempre me ha afectado mucho más que a otros corredores. El tiempo apremia y me olvido de beber antes de la salida, ya que por miedo a  chamuscarme en el monte y acabar más negro que Iñaki Williams, pierdo el tiempo enbalsamandome con cantidades industriales de protector solar cual momia egipcia, hasta el punto de que mi piel brilla más que la del abanderado de Tonga en la ceremonia de apertura de los Juegos de Río.

Camino de la salida me cruzo con el Toro  Cano y Dieguín Alonso y Alfonso me pregunta:
-¿Bisonte, no llevas agua?
-No, no me hace falta.
¡Que cojones! si kilian Jornet va a subir el Everest en otoño, sin oxigeno y en modalidad escalada ligera, ¿no voy a ser yo capaz de acabar esta carrera con lo básico? así que vuelvo al origen de este deporte, al minimalismo en el atletismo de montaña: ni mochila, ni cinturón de hidratación, ni geles, ni pastillas de magnesio, ni siquiera MP3 para los momento complicados, solamente lo elemental:  zapatillas de montaña, pantalón de deporte, camiseta de tirantes y con la única ayuda externa de un enantium y una capsula de L-carnitina por si las cosas se tuercen. En realidad, detrás de semejante "temeridad" subyace el hecho de conocer bien la carrera y saber que en las 3 ediciones previas la correcta distribución de los avituallamientos y la calidad de los mismos no me ha hecho necesario el porteo de agua, ni ningún otro suplemento externo. Por desgracia y como podré experimentar más tarde, a veces un exceso de confianza basado en experiencias previas, nos puede jugar una mala pasada.
Minuto de silencio al comienzo de la prueba
Llego a la salida con el tiempo justo para saludar a algunos compañeros y amigos a los que hacia 4 meses que no veía y ocupar mi habitual lugar a cola de pelotón. Tras un emocionante y respetuoso minuto de silencio en memoria del malogrado  Logi Bello donde no piaban ni los pájaros (deberían aprender otras disciplinas deportivas lo que significa la palabra RESPETO), arranca la prueba. Por delante tenemos 27,7 kilómetros y 3.476 metros de desnivel acumulado que se van a hacer muy duros a juzgar por el calor previsto.

Pronto se forma el pelotón de tractoristas habitual: Paquito Bañeza, Jesus Linares, Carlos Alvarez, Toño Pozo y el que escribe. Un kilómetro sencillo, giramos a la izquierda por la Reguera Oscura y comenzamos una sencilla ascensión por la cara norte del Cueto Salón. Al poco de comenzar a subir  me cruzo con Toño Santamaría que se tiene que detener por un esguince y un poco más delante con una corredora de la selección de Castilla y León que también se está retirando. Aunque la subida es sencilla, parece que hoy  la prueba ha comenzado pronto a cobrarse su particular peaje en forma de abandonos. Subo en la grata compañía de mi compañero en el Cumbres de León Toño Pozo y para mi sorpresa consigo realizar casi toda la ascensión corriendo, cuando lo normal es verme subir andando. Corono a 1.350 metros de altura (km 4 aprox) con un tiempo de 33':51", desciendo con precaución la escombrera y enfilo el camino de bajada en compañía de Saul Jiménez. Un cómodo descenso por un sinuoso sendero que atraviesa un  bosquecillo de robles y hayas y sin darnos cuenta llegamos abajo, cruzamos por el Pontón Cimero  y cogemos el camino paralelo a la carretera que nos lleva de  vuelta a  Villalfeide. Por delante un tramo de 2 kms por terreno llano y en buen estado antes de atravesar el pueblo por primera vez. En este tramo adelanto a unos 15-20 corredores sin ningún esfuerzo. No miro el reloj porque no  me preocupa el ritmo, solo se que las sensaciones son muy buenas y que  hoy tengo la impresión  de estar más fuerte que el vinagre. 
Entrando al galope en el pueblo de Villafeide (km 7,5)
Llegando al pueblo me encuentra a Sara y a  Cundi Vega ejerciendo labores de fotógrafos. Fruto de la inercia y el postureo de salir corriendo en las fotos, acelero el ritmo y entro en Villafeide a galope tendido, hasta alcanzar el pilón de agua ubicado en la calle principal, donde me detengo y me empapo completamente cabeza y tren superior para refrigerar el sistema. Apenas 150 metros más adelante cruzo la pancarta de meta y alcanzo el primer avituallamiento de la prueba (km 8).
Llegando al primer avituallamiento del Km 8 con mucha fuerza y buenas sensaciones
Paso por meta en 55´:07" (casi 9 minutos menos que el año pasado). Salgo del pueblo manteniendo un buen ritmo de carrera por la zona conocida como  el  Calvillo  y enlazo con  la segunda ascensión del día por la Vía Bardalla. Unos 30 metros por delante llevo a Ana Isabel Tascon, otra compañera del Cumbres de Léon a la que finalmente consigo alcanzar  y en su compañía y la de Carolino Teixeira, realizo toda la ascensión hasta coronar a unos 1300 metros de altitud (km 11) con un tiempo de 1h:24':36",   momento que aprovecho para acelerar el ritmo  y me voy en solitario para afrontar mi tramo favorito de toda la prueba. Por delante un kilómetro y medio por un estrecho sendero de falso llano descendente que recorre un precioso bosque de carbayos. Salimos del bosque, giramos a la derecha  y enlazamos con un rápido descenso que nos llevará de nuevo a la  parte alta de Villafeide y que este año me tomo con mucha más calma que en ediciones previas.

Llego abajo y me detengo en el segundo avituallamiento de la jornada. Levo 1h:43':08"  de esfuerzo y unos 14 kms recorridos. Me bebo un par de botellines de agua y arranco de nuevo por la pista ascendente que nos llevará hasta los pies del Picu Polvoreda.
Saliendo del segundo avituallamiento (km 14)
Saltando con la agilidad de un corzo pese a tener  la corpulencia y el peso de un  bisonte de montaña.
Realizando un esfuerzo titánico por tratar de frenar  95 kgs de carne de Bisonte antes de que se acabe la pista de aterrizaje.
Finalmente alcanzo el avituallamiento de La Peñica (km 16)  en 1:59:00" (14 minutos menos que el año pasado). Hasta aquí he llegado con buen tiempo y muy buenas sensaciones, pero ahora empieza la carrera de montaña de verdad. Lo cierto es que veo muy factible bajar de las 4 horas en meta. Parada larga en boxes mientras aprovecho para comer y beber abundantemente. Estoy bebiendo 2 botellines de agua por avituallamiento, pero el calor aprieta, estoy sudando muchísimo  y es preceptivo hidratarse por exceso y no por defecto. Cinco minutos de parada y arranco la dura ascensión al  Picu Polvoreda. Por delante casi mil metros verticales hasta tocar cumbre en apenas 3 kms de ascensión y además hay que llegar a la cima con piernas para afrontar con garantías la complicada bajada.

Nada más  necesito 200-300 metros para ver que algo no va bien. Me noto sin fuerza en las piernas y excesivamente cansado. Es como si la parada en el avituallamiento hubiese conseguido el efecto contrario al deseado. Continuo ascendiente y al poco rato me cruzo con mis  tres amigos del Fondo Europeo para la Conservación del Bisonte Salvaje:   Dieguín Alonso, Alfonso Cano, que me espera con un bidón de bebida isotónica preparada, y un poco más adelante con Roberto Dieguez, que asciende conmigo un pequeño tramo para hacerme unas fotos y darme ánimos.
Tramo inicial de ascenso al Picu Polvoreda
Sigo ascendiendo en solitario y apenas unos 200 metros más adelante y sin previo aviso me da un fuerte calambre en el gemelo izquierdo. Intento estirar pero soy materialmente incapaz. El calambre ha sido de tal magnitud, que me recuerda cuando se te sube un gemelo por la noche en la cama y te deja inmóvil y completamente inútil. Solo puedo tumbarme en el camino con la pata estirada y esperar a que un buen samaritano me eche una mano. Son momentos de zozobra, tengo casi 12 kms por delante y mi condición física es bastante precaria. La negra sombra del abandono, opción que nunca contemplo en una carrera, planea sobre mi con las alas completamente desplegadas. Y es que por lo visto me ha venido a visitar el hombre del mazo, pero el muy cabrón se ha traído a toda su banda de colegas malhechores: el hombre del saco, el muñeco diabólico, el violador del chandal y hasta el lobo de Caperucita, porque menudo mazazo  me ha dado y sin previo aviso.  Por suerte para mi, el primer corredor que me alcanza se detiene conmigo y me ayuda a estirar el gemelo que está agarrotado y duro como un piedra volcánica. El chico, que por lo que me dicen se llama Pedro González, y al que me hubiera gustado ver en meta para darle las gracias,  se ofrece a quedarse conmigo y ayudarme en la ascensión, pero le digo que es mejor que continúe su carrera porque aquí poco más se puede hacer ya. Solo me queda saber si el calambre ha sido consecuencia de un sobreesfuerzo físico o ha sido causado  por principios de deshidratación. Si es por lo primero estoy fuera de carrera, si es por lo segundo todavía hay remedio. Aprovecho que me alcanzan Camino Guerra y Juanjo Prieto y arranco de nuevo  en su compañía. Camino me ofrece sales minerales, Juanjo bebida isotónica y aprovecho para dar cuenta del botellín de agua que portaba por precaución desde  el último avituallamiento. Poco a poco voy notando una considerable mejoría. No estoy para correr, pero caminando soy capaz de avanzar sin mayores contratiempos. Continuo la ascensión en compañia de Camino hasta alcanzar el avituallamiento de altura donde me encuentro a una de mis voluntarias favoritas de la prueba: Amanda La subida se me está haciendo más larga que los discursos de Fidel Castro y tengo la sensación de ser más pesado que un avión de mármol, pero hay que continuar, así que lentamente voy  ascendiendo el tramo final  hasta conseguir tocar cumbre a 2.007 metros de altitud con un tiempo de 3h:15':13" segundos. Son  casi 17 minutos más que el año pasado y es con mucho la ascensión más lenta en mis 4 participaciones en la prueba, pero al menos seguimos en la brecha.


Me detengo en el vértice geodésico para estirar gemelos y comienzo la bajada con muchísima precaución. Camino se queda atrás y de nuevo me quedo solo en la prueba. Voy con escasa confianza y con mucho miedo a que los problemas musculares se incrementen en esta exigente y técnica bajada. Me adelantan dos corredores que bajan como aviones y a su vez  consigo alcanzar  a dos corredores  que aquejados por  fuertes calambres van más lentos que el Windows 95 en una GameBoy. Bajo un sol de justicia, con elevadas temperaturas sigo avanzando con menos ritmo que un disco de los Panchos. Este tramo de la prueba se me hace eterno, supero el control  de tiempos del km 22 en 3h:48':48" y finalmente alcanzo el último avituallamiento de la prueba en el km 23 en 3h:57:29". El tramo más complicado ya es historia. Por delante apenas un kilómetro adicional de bajada que no es complicado, más  la ascensión y descenso de el último "puerto" de la jornada y que teniendo piernas es muy sencillo. Parada lenta en boxes. Una vez más procuro hidratarme bien y gasto las 2 pastillas de sales que Camino me había dado en cumbre. Me alcanza Juanjo que viene por detrás, sale del avituallamiento unos segundos delante y poco a poco veo como se aleja hasta que lo pierdo completamente de vista. Sigo notándome cansado y no voy nada cómodo pese a ser un tramo donde se puede correr rápido, sin embargo, aunque  bajo aun ritmo muy lento y en modalidad cacos (caminar/correr), la prueba se sigue cobrando sus víctimas y  consigo alcanzar a un corredor que baja andando. Al intentar adelantarle, me salgo del estrecho sendero y me retuerzo el pie izquierdo. El chico que lo ve inmediatamente me pregunta si me encuentro bien y lo cierto es que en el fragor de la batalla no le doy la menor importancia. Giro el tobillo y veo que en caliente responde bien ,  así que continuo corriendo. Llego abajo en 4h:05´:57" (km 24), giramos a la izquierda y comienza la última subida por pista ancha y en buen estado. Por delante unos 3,75 kms hasta meta. Unos 50 metros por delante consigo distinguir la camiseta verde de Juanjo y lo tomo como referencia. Poco a poco las sales ingeridas en el último avituallamiento parecen hacer efecto y empiezo a subir más cómodo, hasta que a media subida Juanjo,  que me ha visto en una curva de herradura, me espera y subimos juntos. Me ofrece agua  pero a estas alturas el cuerpo ya no me pide la ingesta de más líquidos. Coronamos en 4h.19':22" (km 25) y afrontamos los 2,75 km de la bajada final. Para mi sorperesa y paradójicamente,  a nivel muscular parece que llego mejor  que en ediciones previas, supongo que tampoco me he desgastado con el ritmo tan bajo que he llevado en estos últimos 10 kms, pero aún así voy incomodo y cansado. Como la bajada es muy sencilla, en los tramos donde puedo alargar zancada avanzo a buen ritmo y donde hay falsos llanos me detengo y tengo que caminar. Le digo a Juanjo que si quiere que tire,  pero decide esperarme y seguir mi ritmo a pesar de que podría bajar mucho más rápido que yo y le voy frenando.

En el kilómetro final de bajada
Encaramos el último km y como el tiburón que huele la sangre en mitad de océano, empiezo a ir más rápido,  hasta el punto de que hasta somos capaces de sobrepasar algunos corredores. Entramos en el pueblo y afrontamos los últimos 400 metros de la prueba por las calles de Villalfeide. Esta vez no entraré en meta esprintando como es habitual, sino en compañía de mi fiel escudero Juanjo, quién
 me ha ayudado mucho durante el tramo final del la prueba.
Entrando en Villafeide con Juanjo Prieto ( a unos 400-500 m de meta)
Finalmente acabo en el puesto 80 sobre 105 corredores en meta (139 en la salida y 163 inscritos) con un tiempo de 4h:33:07,  a casi 2 horas del ganador que fue Pablín Villa con un tiempo de  2h:34:39 y quien en esta zona de León corre igual de cómodo que yo por el pasillo de mi casa,

En meta es tiempo de recuperar sensaciones. Mientras recupero, espero impaciente la llegada de mis amigos tractoristas y bebo como si no hubiera un mañana. Tengo tiempo de departir con mi compañero Javi Pascu que hoy vuelve a competir, con el eterno juvenil Salva Calvo,  hoy tercero de la general a sus  cincuenta y tantos años, con Gorka Torres que  no ha podido acabar y en especial para ponerle cara por fin e intercambiar impresiones con Miguel Rodriguez , alma mater de la vecina  Carrera de Montaña Matallana de Torío y al que con total seguridad, salvo causa de fuerza mayor o salvo que me encuentre retenido en las dependencias de la penitenciaría de Mansilla de las Mulas,  le rendiré visita en el mes de diciembre.
Con Salva Calvo Y Miguel Rodriguez en meta
Al final llega el momento en que esta disciplina supera la parte meramente deportiva para convertirse en algo más,  una amena comida en la grata de compañía de mucha gente de este deporte: Javi Pascu, Toño Pozo, David Redondo, Alfonso Cano, el siempre genuino y simpático como pocos Gobitu Bode y con el señor  Raul Castán, a quién tuve el gusto de conocer y quién me llamo poderosamente la atención por ser un tio extremadamente  sencillo a pesar de tener un palmares envidiable que incluye  5 campeonatos de España y uno de Europa, y que se aleja de los cánones que se ven en otras disciplinas deportivas donde los buenos son más dados al divismo.

Y por esa máxima de la Ley de Murphy que dice que si algo es susceptible de empeorar, empeorará, pues tal parece que me miró un tuerto y encima me guiño el ojo bueno. Al llegar a casa, lo primero que constato es que he bajado 2,1 kgs a lo largo del día (la practica totalidad son líquidos perdidos durante el esfuerzo, lo que explica el principio de dehidratación y la sensación de cansancio) y al descalzarme noto que el pie derecho comienza a inflamarse ostensiblemente. Como en caliente no me había dolido nada, me había olvidado por completo de la "metedura" de pata en el tramo final de descenso del Picu Polvoreda. Tras la pertinente visita al médico, confirmado esguince de tobillo y 2 semanas de descanso obligatorio. Son gajes del oficio, lo malo es que te pase el día antes de marcharte de vacaciones.
Preparando las Paraolimpiadas desde mi retiro vacacional en Portugal
Ya en frío es hora de extraer conclusiones como es habitual.

1.- He de reconocer que en caliente se me hizo muy dura la prueba. Probablemente me deshidrate ligeramente tras 2 horas de esfuerzo bajo el sol. Los 12 kms finales se me hicieron larguísimos y alcanzar esa meta más que la satisfacción habitual, se convirtió en una especie de liberación personal. Analizándolo en frío la lectura es diferente y  le doy mucho más valor, especialmente teniendo en cuenta las difíciles condiciones meteorológicas  en las que se ha desarrollado la prueba y que han ocasionado una tasa de abandono inusualmente elevadas del 24,5% (34 de 139 corredores en la salida) y que han conseguido que muchos corredores quedaran fuera de carrera por lesión o por cierre de control: Paquito Bañeza, Jesús Linares, Toño Santamaría, Toño Pozo,  Carlos Alvarez, Saturnino Rodriguez, Alberto Alber o Gorka Torres entre otros, coreedores curtidos en montaña y que acostumbran a llegar a meta, pero que hoy no han tenido su día y no han podido acabar.

2.- Esta carrera es un autentico lujo para León por mil razones: organización, voluntariado, recorrido o paisaje entre otras. Me dolió encontrar menos gente en la salida de la que hubiese esperado ver en una prueba de semejante nivel. Supongo que las fechas veraniegas y el cada vez mayor numero de pruebas en calendario,  condicionan sobre manera la presencia de muchos corredores habituales en estas lides. A titulo particular y tras cuatro años consecutivos asintiendo con una devoción propia de la Romería del Rocio, por primera vez desconozco si el año que viene podré acudir. En 2017 me toca una remodelación casi completa de mi calendario y tengo un par de carreras comprometidas desde años atrás en fechas muy próximas y a las que debo rendir visita: Maratón Reino Astur de Nembra y Trail Cueto del Oso.  Falta mucho tiempo y todo es posible, aunque el año que viene es complicado, intentaré cuadrar agenda hasta el final e intentaré si fuera posible en última instancia acudir al km vertical. El tiempo dirá, aunque le deseo lo mejor a una prueba sobresaliente a nivel organizativo y que no me  cansaré de recomendar.

3.- Hoy he aprendido que todos y cada una de las carreras por montaña son diferentes y que la experiencia acumulada nos puede jugar una mala pasada si nos conduce a afrontar las carreras con un exceso de confianza. A diferencia de otros años, hoy el calor ha sido más intenso y en esta ocasión no ha habido bebida isotónica en los avituallamientos. El agua por si sola no le aporta al cuerpo las sales perdidas por sudoración durante el esfuerzo y no me hubiera costado nada llevar un par de pastillas de magnesio conmigo. Espero que esta enseñanza me sirva para las futuras batallas que están por librar.

Ahora toca parar por espacio de  2 semanas para recuperar el esguince. No tengo ninguna carrera a la vista hasta la Carrera de Montaña de Matallana de Torío en diciembre,  así que no se donde actuaremos en el próximo trimestre, pero me gustaría probar alguna prueba nueva (Peñacorada, Los Calderones, Debra) y quizá alguna por Asturies.  Como diría Paco Lobatón ¿Quien sabe donde?

Nos vemos corriendo por montaña chavales
Perfil de la Carrera por Montaña Villafeide-Polvoreda 2016

miércoles, 20 de julio de 2016

Biosfera Trail 2016

Ciñera de Gordón se levanta vestida con sus mejores galas y se respira ambiente de carrera de las buenas. Camino de la salida me cruzo con algunos de los gallos de la prueba que van calentando a ritmos tan elevados que parece que alguien les ha aumentado las revoluciones y los ha puesto a correr a cámara rápida, tanto que no puedo evitar pensar que si   me pusiera a calentar con ellos  comenzaría la prueba con problemas de calambres por el desgaste muscular al que me someterían.

Me coloco a cola de pelotón y para mi sorpresa el bueno de Alfredo Alvarez ejercerá de corredor escoba. Cuenta atrás y arranca la prueba. El primer kilómetro por las calles del pueblo es para ir sin prisas disfrutando de los aplausos y los ánimos de la gente que se ha congregado para ver la carrera, además con total seguridad nos tocará detenernos  un par de minutos en el habitual embotellamiento que se forma a la salida del pueblo y que nada tiene que envidiar a la operación salida de las vacaciones de verano en Madrid capital. La selección natural me ha colocado una vez cerrando prueba en compañía de dos de mis tractoristas de confianza: Paquito y Tomás, grupillo al que en esta ocasión se suma Jon Ander Aramburu, corredor vitoriano con el que tendré el placer de compartir 3/4 partes de la prueba. Salimos de Ciñera,  un kilómetro llano y sencillo hasta llegar al pueblo de La Vid, atravesamos  un túnel  con el agua por encima de los tobillos y ya con los pies empapados enlazamos con la subida a Peña colorada.

El primer tramo de subida se hace duro. La subida tiene una pendiente constante y  no te da ningún respiro hasta coronar el primer cordal en el km 4 de la prueba (tiempo de paso 53:13").  Una pequeña bajada y afrontamos el tramo final de ascensión a cumbre. Es materialmente imposible perderse, primero porque solo tengo que seguir el rastro de los más de 350 corredores que me preceden y segundo porque desde la cumbre se escuchan los gritos de ánimo de alguien que parece  la  versión femenina de Moja y que resulta ser Isabel Galán, una  corredera  habitual de estas pruebas y  que hoy ejerce labores de Cheerleader. Corono en 1h:06':09", un respiro para guardar los bastones e intercambiar unas palabras con Carlos Pérez y comienzo el descenso en compañía de Miguel Bernardo. Aunque esta bajada es sencilla y muy rápida, en esta ocasión me lo tomo con más calma de lo habitual.

Tramo de descenso de la  Peña colorada donde me caí hace 2 años (semeya gentileza de Chano Morán)
Suelo ser  buen bajador y acostumbro a adelantar a muchos corredores en los descensos, sin embargo suelo llegar a meta arrastrándome como una culebra y  con los cuadriceps destrozados. Si algo aprendí en la última Carrera por Montaña Alto Sil es que bajando despacio soy capaz de llegar a meta mucho más integro, así que bajada  tranquila y sin contratiempos hasta que tras superar la escombrera  me encuentro  parados, justo antes de alcanzar la pista por donde se bajaba a Santa Lucia en ediciones previas, con  Armando Rodríguez y  con mi compañero en el Cumbres de León  Dieguín Alonso. Ambos han optado por retirarse aquejados de problemas físicos, Tras constatar que ambos  se encuentran bien y que no necesitan ayuda externa,  continuo la marcha camino del nuevo y complicado tramo de carrera que la organización ha dispuesto para esta edición y al que le tengo mucho  respecto.

Subimos un repecho y enfilamos el tramo de bajada final por un terreno muy empinado y ciertamente técnico. Una pena no tener pezuñas como los rebecos o los corzos para poder agarrarme al agreste terreno, así que para evitar contratiempos culo a tierra y a bajar como buenamente se puede.

Tramo final de descenso de Peña Colorada donde se puede apreciar la dificultad técnica
Afrontando el tramo nuevo de descenso de Peña Colorada en el vagón de cola
Otra instantánea que da fe de la dificultad de este  tramo final de descenso de la Peña Colorada
Llegando abajo un voluntario me reconoce y me pregunta:

- ¡Oye! ¿Tu eres Vientu Nordés no? Gracias por la crónica de la carrera. Leí tu crónica de la primera edición y me ayudo en mi debut al año siguiente, ahora se la recomiendo a los que quieren correr por primera vez y me preguntan por la prueba.

Por fin encuentro alguna utilidad a esto de escribir un  blog. Correr no correré un pijo,  pero al menos parece que algo puedo aportar  a este mundillo de las carreras por montaña. Cubierta mi particular  dosis de vanidad continuo la marcha alcanzando el primer avituallamiento de la prueba en  1h:50':07"(km 9)  a orillas de un Río Bernesga  que hoy baja bastante embravecido, y me encuentro con exquisitos embutidos de Gordón (lomo, chorizo, jamón) ¡cagu´n mi mantu! si no me quedará tanta distancia  a meta, aquí me quedaba.

Afrontamos la subida al Cueto San Mateo, el punto más elevado de la prueba y la subida teóricamente más complicada de la carrera, aunque personalmente y por experiencia propia,  le reservo ese honor a la cuarta ascensión de la mañana: Los Casetones. El  primer tramo de ascensión hasta alcanzar el robledal no es muy complicado. A partir de aquí  te enfrentas a un kilómetro de falsos llanos por pista forestal  en buen estado que bordea la montaña y te lleva hasta el pie de la cumbre por la parte más alejada de Santa Lucia. El tramo inicial lo hacemos bajo una lluvia fina, eso que los asturianos llamamos  orbayu, que se va transformando en niebla a medida que subimos hasta el punto de que en el tramo del Robledal es imposible vislumbrar la cumbre por encontrarse esta completamente envuelta por una densa borrina (niebla en asturiano). Tras el tramo de pista, giramos a la izquierda y afrontamos el  exigente tramo final de ascensión al Cueto San Mateo. Este tramo final es pindio y ciertamente duro por lo que  decido poner música para ayudarme en el esfuerzo. Enciendo el MP3 y lo primero que aleatoriamente suena es el Crazy de Seal. Son cosas del azar pero me parece una canción que ilustra perfectamente "la locura" que invade algunas veces a los que corremos por montaña y que tanto les cuesta entender a los profanos en la materia. Ya con música acorto la zancada, tiro de bastones y continuo la ascensión en solitario. La temperatura ha bajado mucho  y decido ponerme el chubasquero para evitar coger frío. A unos 200 metros de la cima  comienza a nevar para darle si cabe un mayor toque de épica a la prueba.

Finalmente llego a cumbre en 2h:43´:56" (puesto 318 provisional) y me encuentro con los ánimos de Javier Pérez. Charlamos un ratillo, espero unos minutos a la llegada de Jon y amablemente nos toma una fotos. Aprovecho para avituallarme, guardo los bastones y tras una parada que no supera los 5 minutos, comienzo el complicado descenso.
En la cima del Cueto San Mateo con Jon Ander
Es uno de los tramos más técnicos  de la prueba y su dificultad se incrementa como consecuencia de las adversas condiciones meteorológicas de la jornada.
Sector técnico de bajada en el Cueto San Mateo
 Con prudencia y mucho respeto voy descendiendo, sin embargo y para mi sorpresa,   consigo superar corredores que bajan muy despacio y con poca agilidad y eso incrementa exponencialmente mi confianza, factor este básico para poder bajar con seguridad en montaña.

Llegamos abajo, ascendemos un  fuerte repecho y nos enfrentamos a  uno de mis tramos favoritos: la galeria minera.
Fuerte repecho  considerado "puerto no  puntuable" por la organización y que te lleva  a  la entrada de la galeria mineria
Es el primer año tras el cierre de la Hullera Vasco Leonesa (y de la practica totalidad del sector minero asturleonés) y al cruzar la galería en la más absoluta oscuridad siento como  una enorme rabia se apodera de mi al pensar que algunos  políticos hijos de la gran puta, de esos que tienen cuentas en Panamá y otros paraísos fiscales, son los que han acabado con el futuro de nuestra gente y de una gran parte de nuestro territorio. Esos que critican las subvenciones a la mina pero no dicen nada de los cientos de millones de euros dilapidados en subvenciones a fondo perdido para las empresas de automoción (Renault, Ford, Volkswagen...) y las compañías multinacionales eléctricas y de construcción (Iberdrola, ACS,..). Desafortunadamente para nosotros esta tierra se convertirá en apenas un par de décadas en una inmensa reserva cinegética para que los ricos y poderosos del corrupto y decrepito estado español puedan venir a cazar lobos, rebecos, corzos, osos y quién sabe si hasta linces, porque ya no quedarán seres humanos en este orgulloso territorio norteño. Y no digo más porque a partir de aquí cualquier cosa que diga podría ser considerada delito por gentileza de la infame ley mordaza y porque entramos en un campo que se escapa de lo  meramente deportivo, que es el objeto único y último de este blog.
Jon Ander Aramburu saliendo de la galería minera entre la lluvia
Descenso rápido, saltamos de nuevo un riachuelo, un último repecho  y alcanzamos  al avituallamiento de Santa Lucia de Gordón en 3h:34':51".  
Llegando a Santa Lucia de Gordón (a 200-300 metros del avituallamiento)

Saltando el río con un impecable estilo propio de mi paisano Yago Lamela
Comienzo la tercera ascensión de la jornada. El Pico Cuchillar es de largo la más corta y  sencilla de todas las subidas, pero este año la organización ha eliminado el tramo de pista y la ascensión incrementa su dificultad al ser más vertical que en ediciones previas. Corono en 3h:55':29" y comienza el descenso y con el mi particular calvario de todas las ediciones. El barro y yo no nos llevamos especialmente bien, o dicho de otra manera mi inutilidad y torpeza sobre dicha superficie es directamente proporcional a mi altura y a la distancia respecto al suelo al que se encuentra mi centro de gravedad. Voy el primero en compañía de Victor Rabanal y Carlos Roca y comienza mi particular festival de caídas y culadas que convierten este tramo en  un deja-vú de la Transcandamia 2016. Paso más tiempo cayéndome y levantándome que avanzando de pie. Al paso por la décima caída decido apartarme desesperado y dejo pasar a Tito que viene justo detrás mía para que marque el paso, no obstante al adelantarme, se resbala y me da un bastonazo involuntario en la cabeza. ¡Gracias Tito! ¡A ver si me sirve pa espabilar que parezco minusválido!. Finalmente los 3 mosqueteros conseguimos llegar abajo, no sin antes aprovechar para darme otro par de culadas adicionales y tras cruzar el puentecillo de madera  sobre el ríachuelo, afrontamos el último kilómetro hasta llegar al avituallamiento donde se encuentra el primer control de paso de la prueba.
Jesús Morán del Coyança Trail cruzando el puentecillo de madera
 El cierre de control se presenta como inesperado compañero de aventura. Todavía estamos a un kilómetro del punto de control y vamos muy, muy justos de tiempo.
Los 3 mosqueteros, mimetizados con el entorno,  a menos de 1 km del control de paso
Este año todo se complica y el nuevo trazado de la prueba hace que sea imposible coger ritmo por no tener tramos cómodos donde poder correr. Finalmente alcanzamos el punto de corte en 4h:26:17" ¡uffff!¡por los pelos! nos han sobrado a duras penas 3 minutos y 43 segundos sobre el tiempo de corte. Unas fotos con compañeros, unos minutos para comer y beber y sin demora arrancamos el ascenso al cuarto pico de la jornada.

Para mi el Pico Cuchillar  siempre ha sido la subida más dura de la carrera. Es un subida constante y muy pendiente. En el tramo inicial el  suelo resbala por el barro y las hojas acumuladas  y el tramo final es literalmente de escalada. Subo a ritmo vivo y poco a poco me distancio de mis compañeros de expedición Tito y Carlos que deciden ir un poco más despacio. Encaro el tramo final de ascensión y los voluntarios, para los que no tengo palabras de agradecimiento para definir como se han portado a lo largo de toda la prueba, me suben a pulso en el sentido estricto de la palabra ... y ¡ojo! peso unos 98,5 kgs.

Alcanzo la cumbre en 4h:55':29". Estoy a unos 2,5 kms del último punto de control con un tramo de bajada muy  técnico y que no permite correr por delante, así que decido no esperar a Tito y Carlos y me lanzo para abajo con  miedo a no cumplir con el tiempo de corte. Comienza la bajada y subo el ritmo en este primer tramo más sencillo donde alcanzo a una corredora con quién compartiré toda la bajada hasta alcanzar el avituallamiento. Algún tramo se encuentra en un estado bastante complicado, especialmente el sendero de bajada hasta el Faedo y debemos extremar la precaución, Finalmente piso  el Faedo, junto con la galeria minera, mi tramo favorito de la carrera y disfruto corriendo por el interior de este mágico  bosque centenario. Un último esfuerzo y alcanzo el último avituallamiento en 5h:29':33". *Ojo* apenas me han sobrado 27 segundos para el cierre de control. Creo que es la vez que más he ajustado un paso de control en mi vida, aunque al llegar a meta  me enteraré que debido a las adversas condiciones meteorológicas,  la organización decidió con buen criterio ampliar holgadamente dicho tiempo de corte para que muchos corredores no se quedaran fuera. Me hecho reflex, tomo un enanntium para los calambres, bebo abundantemente, estiro y arranco sin detenerme en exceso, pues la lluvia arrecia, y dado que  ya me encuentro completamente empapado, no quiero quedarme frío.

Y comienzo la quinta y última ascensión del día. No es nada complicada sobre el plano,  pero a estas alturas, con 5 horas y medio de esfuerzo acumulado en el cuerpo, uno ya viene muy castigado y  los 3 años anteriores me he quedado sin piernas en esta subida,  pasándolas canutas para alcanzar la meta. Al empezar a ascender lo primero que pienso es  ¿y este año que pasará figura? La lógica juega en mi contra, pero como dice el refrán "hasta el rabo todo es BISONTE". Empiezo la ascensión en solitario, procurando mantener un ritmo cómodo y a media subida me amagan los calambres, no obstante en esta ocasión no pasan de simples  amagos. A medida que asciendo me  voy encontrando mejor, supongo que el hecho de haber disputado la Powerade BTT apenas 7 días antes me ha dado un plus de tono muscular del que carecía en  ediciones previas.
Descansillo antes de afrontar el tramo final de ascenso al Pico El Sardonal (Preciosa semeya gantileza de ISSIphoto)
 Corono La Sardonal en 5h:54':15" y delante mía se presenta el precioso cresteo de la sierra. Pienso en detenerme y esperar a Jon Ander que viene unos 50 metros por detrás y con quien he hecho casi toda la prueba, pero me encuentro fuerte y con  ganas de correr y  si hacía falta alguna motivación adicional para acabar de animarme,  un sol radiante cubre el cielo por primera vez en toda prueba y el calor hace acto de presencia.

¡Como me gusta este cresteo y eso que se me da fatal!. Con piernas correr por montaña es una maravilla. Paulatinamente desciendo hasta alcanzar la Cruz de Hierro, un último tramo de bajada por terreno con mucha  piedra suelta y alcanzo de nuevo las primeras casas del pueblo de  La  Vid (o las últimas de Ciñera) en 6h:17':50". Por delante apenas  un kilómetro me separa de la pancarta de  meta y ya tendré  mi cuarta medalla de finisher en la Biosfera alrededor de mi cuello.

Mientras corro por este tramo llano, la mente se distrae pensando en lo que los asturianos llamamos babayaes.  Pienso en la oportunidad que perdí en la primera edición  de la Bisofera para  subirme al podium. Ese año corrieron solamente seis mujeres, si me hubiera inscrito como fémina creo que me habría subido al cajón. ¡Anda Bisonte!¿Como vas a pasar tu por mujer  con con casi 2 metros de estatura  y cien kilos de peso? ¡No te jode! Pues anda que las atletas  de la República democrática Alemana (antigua RDA)  eran femeninas, si parecían auténticos camioneros bielorrusos... es más,  si en una rueda de reconocimiento me pones recién afeitado junto a  Sandra Myers, seguro que más del 50% de los encuestados te dicen que de los dos, el hombre es la señorita Myers.

Continuo corriendo y divagando y el siguiente pensamiento que pasa por mi mente es para constatar que es un milagro   no haberme hecho serio nada después de haberme caído más de 15 veces en la misma carrera. Está claro que por alguna razón que desconozco, los viejos  dioses a los que adoraban mis ancestros astures y que tienen por morada las cumbres de estas montañas, me tienen cariño, sino resulta imposible explicar porque solo llevo unos cuantos rasguños y abrasiones en el cuerpo. Llego a Ciñera, entro en el pueblo y me encuentro al tigre Roberto Dieguez y al Toro Alfonso Cano  que hace mucho rato que han llegado y ya están cambiados y duchados. Producto de sus ánimos y la euforia del momento, entro acelerado en las escaleras de acceso al tramo final, resbalo bajando y casi me pego un zurriagazo de órdago. Ya  sería cómico que me fuera a lesionar en zona urbana y a 150 metros de meta después de superar 26 kilómetros, 5 cumbres y 4600 metros de desnivel acumulado por senderos y zonas agrestes.

 Un último esfuerzo, un sprint marca de la casa, doy la última curva oyendo los gritos de ánimo de la gente, entre los que distingo al gran Gobitu Bode y cruzo la meta corriendo como si me persiguiese la muerte en un tiempo de 6h:24':45"

Entrando al galope en la recta de meta con las escaleras al fondo (semeya gentileza de Bosena)
Finalmente alcanzo el puesto 297 de la general  (sobre 359 corredores en meta) , a  3 horas y 17 minutos  del ganador que fue un intratable Pablin Villa con un extratosférico tiempo de 3h:07':33 ". Creo que si decidiese dar 2 vueltas al recorrido me acabaría doblando.

Posando en meta con Jon Ander Aramburu con la medalla de finisher al cuello
Y llega la hora de extraer las habituales conclusiones:

1.- Quiero tener unas palabras de agradecimiento para la organización y todos los voluntarios de la prueba. Biosfera Trail siempre ha ocupado el segundo puesto dentro  de mis pruebas favoritas, nunca por demérito propio, si no más bien por merito de la prueba que hasta hoy ocupaba el primer puesto y que desde siempre en mi caso ha sido la Carrera de montaña Alto Sil. Este año por primera vez, tras el cambio de trazado para hacer la prueba si cabe todavía más montañera, con el increíble trato dispensado por los más de cien voluntarios ante unas condiciones meteorológicas complicadas, he de reconocer sin cortapisas que para mi BIOSFERA ha ascendido y ha alcanzado ese primer cajón de preferencias. Le doy un 9,9 sobre 10 y pienso que soy un tío extremadamente afortunado por haber visto nacer esta prueba desde su primera edición y por haber podido disfrutar del crecimiento de la misma durante  estas 4 ediciones. Creo que por recorrido, dureza, entorno y organización no tiene absolutamente nada que envidiar a ninguna otra prueba y le auguro un futuro cada vez más brillante, aunque eso implique que cada vez será más complicado conseguir plaza para participar y alguna edición me acabe quedando fuera.

2.- Finalmente, y en ello estoy en el momento de escribir esta crónica, creo que ha llegado el momento de tomarme un respiro y parar durante algún tiempo. Los problemas en mi tendón de aquiles no acaban de remitir y hay algunas cosas que me están dejando de gustar de este mundillo de las carreras por montaña. Tener que planificar la temporada con medio año de adelanto porque hay que inscribirse a muchas carreras  con 3, 4 o 5 meses de antelación y en condiciones de presión extrema nos acaba convirtiendo a todos de alguna manera en profesionales de eso que llaman trail y hace que todo pierda parte del encanto. Creo que es momento de alejarme por unos meses de todo, reflexionar y volver recuperado y con más ganas. Espero llegar a tiempo para participar en  la  tercera carrera "sagrada" de mi calendario: La carrera de montaña Villafeide-Polvoreda.

Nos vemos en la montaña compañeros.
Perfil de la Biosfera Trail 2016