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viernes, 26 de agosto de 2016

Carrera por Montaña Villalfeide-Polvoreda 2016

Reza un viejo proverbio tibetano que quién ha escuchado alguna vez la voz de las montañas, nunca  la podrá olvidar y en mi caso empieza a ser una verdad irrefutable. Cuatro meses después de disputar la Biosfera Trail y habiendo estado completamente parado por espacio de 90 días,  toca ponerse un dorsal y volver a competir. Las molestias de mi aquiles derecho no  han remitido completamente, pero comienzo a tener la sensación  de que  nunca van a desaparecer del todo por tratarse de achaques propios de la vejez, o dicho de otra manera, son las goteras ocasionadas por  haber practicado deporte más o menos en serio cuando era joven. Este año me hubiera gustado correr la Maratón Reino Astur en Nembra, pero como le comenté  al demonión de Nembra, su carrera y yo no nos llevamos bien y siempre hay alguna limitación física que se interpone entre nosotros. Sin correr apenas para no sobrecargar el tendón, pero con muchos kms de bici y horas de natación en el cuerpo, llego a Villalfeide  con las pilas cargadas y la ilusión a tope para afrontar una de las 3 carreras que son sagradas en mi calendario anual. 

Aparco en la zona habilitada de Villafeide  con apenas 20-25 minutos de margen sobre el horario de salida, recojo el dorsal y vuelvo al coche a cambiarme a toda mecha. La previsión meteorológica anuncia   temperaturas muy elevadas que alcanzaran los 34-35º en las horas centrales del día y a mi el calor siempre me ha afectado mucho más que a otros corredores. El tiempo apremia y me olvido de beber antes de la salida, ya que por miedo a  chamuscarme en el monte y acabar más negro que Iñaki Williams, pierdo el tiempo enbalsamandome con cantidades industriales de protector solar cual momia egipcia, hasta el punto de que mi piel brilla más que la del abanderado de Tonga en la ceremonia de apertura de los Juegos de Río.

Camino de la salida me cruzo con el Toro  Cano y Dieguín Alonso y Alfonso me pregunta:
-¿Bisonte, no llevas agua?
-No, no me hace falta.
¡Que cojones! si kilian Jornet va a subir el Everest en otoño, sin oxigeno y en modalidad escalada ligera, ¿no voy a ser yo capaz de acabar esta carrera con lo básico? así que vuelvo al origen de este deporte, al minimalismo en el atletismo de montaña: ni mochila, ni cinturón de hidratación, ni geles, ni pastillas de magnesio, ni siquiera MP3 para los momento complicados, solamente lo elemental:  zapatillas de montaña, pantalón de deporte, camiseta de tirantes y con la única ayuda externa de un enantium y una capsula de L-carnitina por si las cosas se tuercen. En realidad, detrás de semejante "temeridad" subyace el hecho de conocer bien la carrera y saber que en las 3 ediciones previas la correcta distribución de los avituallamientos y la calidad de los mismos no me ha hecho necesario el porteo de agua, ni ningún otro suplemento externo. Por desgracia y como podré experimentar más tarde, a veces un exceso de confianza basado en experiencias previas, nos puede jugar una mala pasada.
Minuto de silencio al comienzo de la prueba
Llego a la salida con el tiempo justo para saludar a algunos compañeros y amigos a los que hacia 4 meses que no veía y ocupar mi habitual lugar a cola de pelotón. Tras un emocionante y respetuoso minuto de silencio en memoria del malogrado  Logi Bello donde no piaban ni los pájaros (deberían aprender otras disciplinas deportivas lo que significa la palabra RESPETO), arranca la prueba. Por delante tenemos 27,7 kilómetros y 3.476 metros de desnivel acumulado que se van a hacer muy duros a juzgar por el calor previsto.

Pronto se forma el pelotón de tractoristas habitual: Paquito Bañeza, Jesus Linares, Carlos Alvarez, Toño Pozo y el que escribe. Un kilómetro sencillo, giramos a la izquierda por la Reguera Oscura y comenzamos una sencilla ascensión por la cara norte del Cueto Salón. Al poco de comenzar a subir  me cruzo con Toño Santamaría que se tiene que detener por un esguince y un poco más delante con una corredora de la selección de Castilla y León que también se está retirando. Aunque la subida es sencilla, parece que hoy  la prueba ha comenzado pronto a cobrarse su particular peaje en forma de abandonos. Subo en la grata compañía de mi compañero en el Cumbres de León Toño Pozo y para mi sorpresa consigo realizar casi toda la ascensión corriendo, cuando lo normal es verme subir andando. Corono a 1.350 metros de altura (km 4 aprox) con un tiempo de 33':51", desciendo con precaución la escombrera y enfilo el camino de bajada en compañía de Saul Jiménez. Un cómodo descenso por un sinuoso sendero que atraviesa un  bosquecillo de robles y hayas y sin darnos cuenta llegamos abajo, cruzamos por el Pontón Cimero  y cogemos el camino paralelo a la carretera que nos lleva de  vuelta a  Villalfeide. Por delante un tramo de 2 kms por terreno llano y en buen estado antes de atravesar el pueblo por primera vez. En este tramo adelanto a unos 15-20 corredores sin ningún esfuerzo. No miro el reloj porque no  me preocupa el ritmo, solo se que las sensaciones son muy buenas y que  hoy tengo la impresión  de estar más fuerte que el vinagre. 
Entrando al galope en el pueblo de Villafeide (km 7,5)
Llegando al pueblo me encuentra a Sara y a  Cundi Vega ejerciendo labores de fotógrafos. Fruto de la inercia y el postureo de salir corriendo en las fotos, acelero el ritmo y entro en Villafeide a galope tendido, hasta alcanzar el pilón de agua ubicado en la calle principal, donde me detengo y me empapo completamente cabeza y tren superior para refrigerar el sistema. Apenas 150 metros más adelante cruzo la pancarta de meta y alcanzo el primer avituallamiento de la prueba (km 8).
Llegando al primer avituallamiento del Km 8 con mucha fuerza y buenas sensaciones
Paso por meta en 55´:07" (casi 9 minutos menos que el año pasado). Salgo del pueblo manteniendo un buen ritmo de carrera por la zona conocida como  el  Calvillo  y enlazo con  la segunda ascensión del día por la Vía Bardalla. Unos 30 metros por delante llevo a Ana Isabel Tascon, otra compañera del Cumbres de Léon a la que finalmente consigo alcanzar  y en su compañía y la de Carolino Teixeira, realizo toda la ascensión hasta coronar a unos 1300 metros de altitud (km 11) con un tiempo de 1h:24':36",   momento que aprovecho para acelerar el ritmo  y me voy en solitario para afrontar mi tramo favorito de toda la prueba. Por delante un kilómetro y medio por un estrecho sendero de falso llano descendente que recorre un precioso bosque de carbayos. Salimos del bosque, giramos a la derecha  y enlazamos con un rápido descenso que nos llevará de nuevo a la  parte alta de Villafeide y que este año me tomo con mucha más calma que en ediciones previas.

Llego abajo y me detengo en el segundo avituallamiento de la jornada. Levo 1h:43':08"  de esfuerzo y unos 14 kms recorridos. Me bebo un par de botellines de agua y arranco de nuevo por la pista ascendente que nos llevará hasta los pies del Picu Polvoreda.
Saliendo del segundo avituallamiento (km 14)
Saltando con la agilidad de un corzo pese a tener  la corpulencia y el peso de un  bisonte de montaña.
Realizando un esfuerzo titánico por tratar de frenar  95 kgs de carne de Bisonte antes de que se acabe la pista de aterrizaje.
Finalmente alcanzo el avituallamiento de La Peñica (km 16)  en 1:59:00" (14 minutos menos que el año pasado). Hasta aquí he llegado con buen tiempo y muy buenas sensaciones, pero ahora empieza la carrera de montaña de verdad. Lo cierto es que veo muy factible bajar de las 4 horas en meta. Parada larga en boxes mientras aprovecho para comer y beber abundantemente. Estoy bebiendo 2 botellines de agua por avituallamiento, pero el calor aprieta, estoy sudando muchísimo  y es preceptivo hidratarse por exceso y no por defecto. Cinco minutos de parada y arranco la dura ascensión al  Picu Polvoreda. Por delante casi mil metros verticales hasta tocar cumbre en apenas 3 kms de ascensión y además hay que llegar a la cima con piernas para afrontar con garantías la complicada bajada.

Nada más  necesito 200-300 metros para ver que algo no va bien. Me noto sin fuerza en las piernas y excesivamente cansado. Es como si la parada en el avituallamiento hubiese conseguido el efecto contrario al deseado. Continuo ascendiente y al poco rato me cruzo con mis  tres amigos del Fondo Europeo para la Conservación del Bisonte Salvaje:   Dieguín Alonso, Alfonso Cano, que me espera con un bidón de bebida isotónica preparada, y un poco más adelante con Roberto Dieguez, que asciende conmigo un pequeño tramo para hacerme unas fotos y darme ánimos.
Tramo inicial de ascenso al Picu Polvoreda
Sigo ascendiendo en solitario y apenas unos 200 metros más adelante y sin previo aviso me da un fuerte calambre en el gemelo izquierdo. Intento estirar pero soy materialmente incapaz. El calambre ha sido de tal magnitud, que me recuerda cuando se te sube un gemelo por la noche en la cama y te deja inmóvil y completamente inútil. Solo puedo tumbarme en el camino con la pata estirada y esperar a que un buen samaritano me eche una mano. Son momentos de zozobra, tengo casi 12 kms por delante y mi condición física es bastante precaria. La negra sombra del abandono, opción que nunca contemplo en una carrera, planea sobre mi con las alas completamente desplegadas. Y es que por lo visto me ha venido a visitar el hombre del mazo, pero el muy cabrón se ha traído a toda su banda de colegas malhechores: el hombre del saco, el muñeco diabólico, el violador del chandal y hasta el lobo de Caperucita, porque menudo mazazo  me ha dado y sin previo aviso.  Por suerte para mi, el primer corredor que me alcanza se detiene conmigo y me ayuda a estirar el gemelo que está agarrotado y duro como un piedra volcánica. El chico, que por lo que me dicen se llama Pedro González, y al que me hubiera gustado ver en meta para darle las gracias,  se ofrece a quedarse conmigo y ayudarme en la ascensión, pero le digo que es mejor que continúe su carrera porque aquí poco más se puede hacer ya. Solo me queda saber si el calambre ha sido consecuencia de un sobreesfuerzo físico o ha sido causado  por principios de deshidratación. Si es por lo primero estoy fuera de carrera, si es por lo segundo todavía hay remedio. Aprovecho que me alcanzan Camino Guerra y Juanjo Prieto y arranco de nuevo  en su compañía. Camino me ofrece sales minerales, Juanjo bebida isotónica y aprovecho para dar cuenta del botellín de agua que portaba por precaución desde  el último avituallamiento. Poco a poco voy notando una considerable mejoría. No estoy para correr, pero caminando soy capaz de avanzar sin mayores contratiempos. Continuo la ascensión en compañia de Camino hasta alcanzar el avituallamiento de altura donde me encuentro a una de mis voluntarias favoritas de la prueba: Amanda La subida se me está haciendo más larga que los discursos de Fidel Castro y tengo la sensación de ser más pesado que un avión de mármol, pero hay que continuar, así que lentamente voy  ascendiendo el tramo final  hasta conseguir tocar cumbre a 2.007 metros de altitud con un tiempo de 3h:15':13" segundos. Son  casi 17 minutos más que el año pasado y es con mucho la ascensión más lenta en mis 4 participaciones en la prueba, pero al menos seguimos en la brecha.


Me detengo en el vértice geodésico para estirar gemelos y comienzo la bajada con muchísima precaución. Camino se queda atrás y de nuevo me quedo solo en la prueba. Voy con escasa confianza y con mucho miedo a que los problemas musculares se incrementen en esta exigente y técnica bajada. Me adelantan dos corredores que bajan como aviones y a su vez  consigo alcanzar  a dos corredores  que aquejados por  fuertes calambres van más lentos que el Windows 95 en una GameBoy. Bajo un sol de justicia, con elevadas temperaturas sigo avanzando con menos ritmo que un disco de los Panchos. Este tramo de la prueba se me hace eterno, supero el control  de tiempos del km 22 en 3h:48':48" y finalmente alcanzo el último avituallamiento de la prueba en el km 23 en 3h:57:29". El tramo más complicado ya es historia. Por delante apenas un kilómetro adicional de bajada que no es complicado, más  la ascensión y descenso de el último "puerto" de la jornada y que teniendo piernas es muy sencillo. Parada lenta en boxes. Una vez más procuro hidratarme bien y gasto las 2 pastillas de sales que Camino me había dado en cumbre. Me alcanza Juanjo que viene por detrás, sale del avituallamiento unos segundos delante y poco a poco veo como se aleja hasta que lo pierdo completamente de vista. Sigo notándome cansado y no voy nada cómodo pese a ser un tramo donde se puede correr rápido, sin embargo, aunque  bajo aun ritmo muy lento y en modalidad cacos (caminar/correr), la prueba se sigue cobrando sus víctimas y  consigo alcanzar a un corredor que baja andando. Al intentar adelantarle, me salgo del estrecho sendero y me retuerzo el pie izquierdo. El chico que lo ve inmediatamente me pregunta si me encuentro bien y lo cierto es que en el fragor de la batalla no le doy la menor importancia. Giro el tobillo y veo que en caliente responde bien ,  así que continuo corriendo. Llego abajo en 4h:05´:57" (km 24), giramos a la izquierda y comienza la última subida por pista ancha y en buen estado. Por delante unos 3,75 kms hasta meta. Unos 50 metros por delante consigo distinguir la camiseta verde de Juanjo y lo tomo como referencia. Poco a poco las sales ingeridas en el último avituallamiento parecen hacer efecto y empiezo a subir más cómodo, hasta que a media subida Juanjo,  que me ha visto en una curva de herradura, me espera y subimos juntos. Me ofrece agua  pero a estas alturas el cuerpo ya no me pide la ingesta de más líquidos. Coronamos en 4h.19':22" (km 25) y afrontamos los 2,75 km de la bajada final. Para mi sorperesa y paradójicamente,  a nivel muscular parece que llego mejor  que en ediciones previas, supongo que tampoco me he desgastado con el ritmo tan bajo que he llevado en estos últimos 10 kms, pero aún así voy incomodo y cansado. Como la bajada es muy sencilla, en los tramos donde puedo alargar zancada avanzo a buen ritmo y donde hay falsos llanos me detengo y tengo que caminar. Le digo a Juanjo que si quiere que tire,  pero decide esperarme y seguir mi ritmo a pesar de que podría bajar mucho más rápido que yo y le voy frenando.

En el kilómetro final de bajada
Encaramos el último km y como el tiburón que huele la sangre en mitad de océano, empiezo a ir más rápido,  hasta el punto de que hasta somos capaces de sobrepasar algunos corredores. Entramos en el pueblo y afrontamos los últimos 400 metros de la prueba por las calles de Villalfeide. Esta vez no entraré en meta esprintando como es habitual, sino en compañía de mi fiel escudero Juanjo, quién
 me ha ayudado mucho durante el tramo final del la prueba.
Entrando en Villafeide con Juanjo Prieto ( a unos 400-500 m de meta)
Finalmente acabo en el puesto 80 sobre 105 corredores en meta (139 en la salida y 163 inscritos) con un tiempo de 4h:33:07,  a casi 2 horas del ganador que fue Pablín Villa con un tiempo de  2h:34:39 y quien en esta zona de León corre igual de cómodo que yo por el pasillo de mi casa,

En meta es tiempo de recuperar sensaciones. Mientras recupero, espero impaciente la llegada de mis amigos tractoristas y bebo como si no hubiera un mañana. Tengo tiempo de departir con mi compañero Javi Pascu que hoy vuelve a competir, con el eterno juvenil Salva Calvo,  hoy tercero de la general a sus  cincuenta y tantos años, con Gorka Torres que  no ha podido acabar y en especial para ponerle cara por fin e intercambiar impresiones con Miguel Rodriguez , alma mater de la vecina  Carrera de Montaña Matallana de Torío y al que con total seguridad, salvo causa de fuerza mayor o salvo que me encuentre retenido en las dependencias de la penitenciaría de Mansilla de las Mulas,  le rendiré visita en el mes de diciembre.
Con Salva Calvo Y Miguel Rodriguez en meta
Al final llega el momento en que esta disciplina supera la parte meramente deportiva para convertirse en algo más,  una amena comida en la grata de compañía de mucha gente de este deporte: Javi Pascu, Toño Pozo, David Redondo, Alfonso Cano, el siempre genuino y simpático como pocos Gobitu Bode y con el señor  Raul Castán, a quién tuve el gusto de conocer y quién me llamo poderosamente la atención por ser un tio extremadamente  sencillo a pesar de tener un palmares envidiable que incluye  5 campeonatos de España y uno de Europa, y que se aleja de los cánones que se ven en otras disciplinas deportivas donde los buenos son más dados al divismo.

Y por esa máxima de la Ley de Murphy que dice que si algo es susceptible de empeorar, empeorará, pues tal parece que me miró un tuerto y encima me guiño el ojo bueno. Al llegar a casa, lo primero que constato es que he bajado 2,1 kgs a lo largo del día (la practica totalidad son líquidos perdidos durante el esfuerzo, lo que explica el principio de dehidratación y la sensación de cansancio) y al descalzarme noto que el pie derecho comienza a inflamarse ostensiblemente. Como en caliente no me había dolido nada, me había olvidado por completo de la "metedura" de pata en el tramo final de descenso del Picu Polvoreda. Tras la pertinente visita al médico, confirmado esguince de tobillo y 2 semanas de descanso obligatorio. Son gajes del oficio, lo malo es que te pase el día antes de marcharte de vacaciones.
Preparando las Paraolimpiadas desde mi retiro vacacional en Portugal
Ya en frío es hora de extraer conclusiones como es habitual.

1.- He de reconocer que en caliente se me hizo muy dura la prueba. Probablemente me deshidrate ligeramente tras 2 horas de esfuerzo bajo el sol. Los 12 kms finales se me hicieron larguísimos y alcanzar esa meta más que la satisfacción habitual, se convirtió en una especie de liberación personal. Analizándolo en frío la lectura es diferente y  le doy mucho más valor, especialmente teniendo en cuenta las difíciles condiciones meteorológicas  en las que se ha desarrollado la prueba y que han ocasionado una tasa de abandono inusualmente elevadas del 24,5% (34 de 139 corredores en la salida) y que han conseguido que muchos corredores quedaran fuera de carrera por lesión o por cierre de control: Paquito Bañeza, Jesús Linares, Toño Santamaría, Toño Pozo,  Carlos Alvarez, Saturnino Rodriguez, Alberto Alber o Gorka Torres entre otros, coreedores curtidos en montaña y que acostumbran a llegar a meta, pero que hoy no han tenido su día y no han podido acabar.

2.- Esta carrera es un autentico lujo para León por mil razones: organización, voluntariado, recorrido o paisaje entre otras. Me dolió encontrar menos gente en la salida de la que hubiese esperado ver en una prueba de semejante nivel. Supongo que las fechas veraniegas y el cada vez mayor numero de pruebas en calendario,  condicionan sobre manera la presencia de muchos corredores habituales en estas lides. A titulo particular y tras cuatro años consecutivos asintiendo con una devoción propia de la Romería del Rocio, por primera vez desconozco si el año que viene podré acudir. En 2017 me toca una remodelación casi completa de mi calendario y tengo un par de carreras comprometidas desde años atrás en fechas muy próximas y a las que debo rendir visita: Maratón Reino Astur de Nembra y Trail Cueto del Oso.  Falta mucho tiempo y todo es posible, aunque el año que viene es complicado, intentaré cuadrar agenda hasta el final e intentaré si fuera posible en última instancia acudir al km vertical. El tiempo dirá, aunque le deseo lo mejor a una prueba sobresaliente a nivel organizativo y que no me  cansaré de recomendar.

3.- Hoy he aprendido que todos y cada una de las carreras por montaña son diferentes y que la experiencia acumulada nos puede jugar una mala pasada si nos conduce a afrontar las carreras con un exceso de confianza. A diferencia de otros años, hoy el calor ha sido más intenso y en esta ocasión no ha habido bebida isotónica en los avituallamientos. El agua por si sola no le aporta al cuerpo las sales perdidas por sudoración durante el esfuerzo y no me hubiera costado nada llevar un par de pastillas de magnesio conmigo. Espero que esta enseñanza me sirva para las futuras batallas que están por librar.

Ahora toca parar por espacio de  2 semanas para recuperar el esguince. No tengo ninguna carrera a la vista hasta la Carrera de Montaña de Matallana de Torío en diciembre,  así que no se donde actuaremos en el próximo trimestre, pero me gustaría probar alguna prueba nueva (Peñacorada, Los Calderones, Debra) y quizá alguna por Asturies.  Como diría Paco Lobatón ¿Quien sabe donde?

Nos vemos corriendo por montaña chavales
Perfil de la Carrera por Montaña Villafeide-Polvoreda 2016

miércoles, 20 de julio de 2016

Biosfera Trail 2016

Ciñera de Gordón se levanta vestida con sus mejores galas y se respira ambiente de carrera de las buenas. Camino de la salida me cruzo con algunos de los gallos de la prueba que van calentando a ritmos tan elevados que parece que alguien les ha aumentado las revoluciones y los ha puesto a correr a cámara rápida, tanto que no puedo evitar pensar que si   me pusiera a calentar con ellos  comenzaría la prueba con problemas de calambres por el desgaste muscular al que me someterían.

Me coloco a cola de pelotón y para mi sorpresa el bueno de Alfredo Alvarez ejercerá de corredor escoba. Cuenta atrás y arranca la prueba. El primer kilómetro por las calles del pueblo es para ir sin prisas disfrutando de los aplausos y los ánimos de la gente que se ha congregado para ver la carrera, además con total seguridad nos tocará detenernos  un par de minutos en el habitual embotellamiento que se forma a la salida del pueblo y que nada tiene que envidiar a la operación salida de las vacaciones de verano en Madrid capital. La selección natural me ha colocado una vez cerrando prueba en compañía de dos de mis tractoristas de confianza: Paquito y Tomás, grupillo al que en esta ocasión se suma Jon Ander Aramburu, corredor vitoriano con el que tendré el placer de compartir 3/4 partes de la prueba. Salimos de Ciñera,  un kilómetro llano y sencillo hasta llegar al pueblo de La Vid, atravesamos  un túnel  con el agua por encima de los tobillos y ya con los pies empapados enlazamos con la subida a Peña colorada.

El primer tramo de subida se hace duro. La subida tiene una pendiente constante y  no te da ningún respiro hasta coronar el primer cordal en el km 4 de la prueba (tiempo de paso 53:13").  Una pequeña bajada y afrontamos el tramo final de ascensión a cumbre. Es materialmente imposible perderse, primero porque solo tengo que seguir el rastro de los más de 350 corredores que me preceden y segundo porque desde la cumbre se escuchan los gritos de ánimo de alguien que parece  la  versión femenina de Moja y que resulta ser Isabel Galán, una  corredera  habitual de estas pruebas y  que hoy ejerce labores de Cheerleader. Corono en 1h:06':09", un respiro para guardar los bastones e intercambiar unas palabras con Carlos Pérez y comienzo el descenso en compañía de Miguel Bernardo. Aunque esta bajada es sencilla y muy rápida, en esta ocasión me lo tomo con más calma de lo habitual.

Tramo de descenso de la  Peña colorada donde me caí hace 2 años (semeya gentileza de Chano Morán)
Suelo ser  buen bajador y acostumbro a adelantar a muchos corredores en los descensos, sin embargo suelo llegar a meta arrastrándome como una culebra y  con los cuadriceps destrozados. Si algo aprendí en la última Carrera por Montaña Alto Sil es que bajando despacio soy capaz de llegar a meta mucho más integro, así que bajada  tranquila y sin contratiempos hasta que tras superar la escombrera  me encuentro  parados, justo antes de alcanzar la pista por donde se bajaba a Santa Lucia en ediciones previas, con  Armando Rodríguez y  con mi compañero en el Cumbres de León  Dieguín Alonso. Ambos han optado por retirarse aquejados de problemas físicos, Tras constatar que ambos  se encuentran bien y que no necesitan ayuda externa,  continuo la marcha camino del nuevo y complicado tramo de carrera que la organización ha dispuesto para esta edición y al que le tengo mucho  respecto.

Subimos un repecho y enfilamos el tramo de bajada final por un terreno muy empinado y ciertamente técnico. Una pena no tener pezuñas como los rebecos o los corzos para poder agarrarme al agreste terreno, así que para evitar contratiempos culo a tierra y a bajar como buenamente se puede.

Tramo final de descenso de Peña Colorada donde se puede apreciar la dificultad técnica
Afrontando el tramo nuevo de descenso de Peña Colorada en el vagón de cola
Otra instantánea que da fe de la dificultad de este  tramo final de descenso de la Peña Colorada
Llegando abajo un voluntario me reconoce y me pregunta:

- ¡Oye! ¿Tu eres Vientu Nordés no? Gracias por la crónica de la carrera. Leí tu crónica de la primera edición y me ayudo en mi debut al año siguiente, ahora se la recomiendo a los que quieren correr por primera vez y me preguntan por la prueba.

Por fin encuentro alguna utilidad a esto de escribir un  blog. Correr no correré un pijo,  pero al menos parece que algo puedo aportar  a este mundillo de las carreras por montaña. Cubierta mi particular  dosis de vanidad continuo la marcha alcanzando el primer avituallamiento de la prueba en  1h:50':07"(km 9)  a orillas de un Río Bernesga  que hoy baja bastante embravecido, y me encuentro con exquisitos embutidos de Gordón (lomo, chorizo, jamón) ¡cagu´n mi mantu! si no me quedará tanta distancia  a meta, aquí me quedaba.

Afrontamos la subida al Cueto San Mateo, el punto más elevado de la prueba y la subida teóricamente más complicada de la carrera, aunque personalmente y por experiencia propia,  le reservo ese honor a la cuarta ascensión de la mañana: Los Casetones. El  primer tramo de ascensión hasta alcanzar el robledal no es muy complicado. A partir de aquí  te enfrentas a un kilómetro de falsos llanos por pista forestal  en buen estado que bordea la montaña y te lleva hasta el pie de la cumbre por la parte más alejada de Santa Lucia. El tramo inicial lo hacemos bajo una lluvia fina, eso que los asturianos llamamos  orbayu, que se va transformando en niebla a medida que subimos hasta el punto de que en el tramo del Robledal es imposible vislumbrar la cumbre por encontrarse esta completamente envuelta por una densa borrina (niebla en asturiano). Tras el tramo de pista, giramos a la izquierda y afrontamos el  exigente tramo final de ascensión al Cueto San Mateo. Este tramo final es pindio y ciertamente duro por lo que  decido poner música para ayudarme en el esfuerzo. Enciendo el MP3 y lo primero que aleatoriamente suena es el Crazy de Seal. Son cosas del azar pero me parece una canción que ilustra perfectamente "la locura" que invade algunas veces a los que corremos por montaña y que tanto les cuesta entender a los profanos en la materia. Ya con música acorto la zancada, tiro de bastones y continuo la ascensión en solitario. La temperatura ha bajado mucho  y decido ponerme el chubasquero para evitar coger frío. A unos 200 metros de la cima  comienza a nevar para darle si cabe un mayor toque de épica a la prueba.

Finalmente llego a cumbre en 2h:43´:56" (puesto 318 provisional) y me encuentro con los ánimos de Javier Pérez. Charlamos un ratillo, espero unos minutos a la llegada de Jon y amablemente nos toma una fotos. Aprovecho para avituallarme, guardo los bastones y tras una parada que no supera los 5 minutos, comienzo el complicado descenso.
En la cima del Cueto San Mateo con Jon Ander
Es uno de los tramos más técnicos  de la prueba y su dificultad se incrementa como consecuencia de las adversas condiciones meteorológicas de la jornada.
Sector técnico de bajada en el Cueto San Mateo
 Con prudencia y mucho respeto voy descendiendo, sin embargo y para mi sorpresa,   consigo superar corredores que bajan muy despacio y con poca agilidad y eso incrementa exponencialmente mi confianza, factor este básico para poder bajar con seguridad en montaña.

Llegamos abajo, ascendemos un  fuerte repecho y nos enfrentamos a  uno de mis tramos favoritos: la galeria minera.
Fuerte repecho  considerado "puerto no  puntuable" por la organización y que te lleva  a  la entrada de la galeria mineria
Es el primer año tras el cierre de la Hullera Vasco Leonesa (y de la practica totalidad del sector minero asturleonés) y al cruzar la galería en la más absoluta oscuridad siento como  una enorme rabia se apodera de mi al pensar que algunos  políticos hijos de la gran puta, de esos que tienen cuentas en Panamá y otros paraísos fiscales, son los que han acabado con el futuro de nuestra gente y de una gran parte de nuestro territorio. Esos que critican las subvenciones a la mina pero no dicen nada de los cientos de millones de euros dilapidados en subvenciones a fondo perdido para las empresas de automoción (Renault, Ford, Volkswagen...) y las compañías multinacionales eléctricas y de construcción (Iberdrola, ACS,..). Desafortunadamente para nosotros esta tierra se convertirá en apenas un par de décadas en una inmensa reserva cinegética para que los ricos y poderosos del corrupto y decrepito estado español puedan venir a cazar lobos, rebecos, corzos, osos y quién sabe si hasta linces, porque ya no quedarán seres humanos en este orgulloso territorio norteño. Y no digo más porque a partir de aquí cualquier cosa que diga podría ser considerada delito por gentileza de la infame ley mordaza y porque entramos en un campo que se escapa de lo  meramente deportivo, que es el objeto único y último de este blog.
Jon Ander Aramburu saliendo de la galería minera entre la lluvia
Descenso rápido, saltamos de nuevo un riachuelo, un último repecho  y alcanzamos  al avituallamiento de Santa Lucia de Gordón en 3h:34':51".  
Llegando a Santa Lucia de Gordón (a 200-300 metros del avituallamiento)

Saltando el río con un impecable estilo propio de mi paisano Yago Lamela
Comienzo la tercera ascensión de la jornada. El Pico Cuchillar es de largo la más corta y  sencilla de todas las subidas, pero este año la organización ha eliminado el tramo de pista y la ascensión incrementa su dificultad al ser más vertical que en ediciones previas. Corono en 3h:55':29" y comienza el descenso y con el mi particular calvario de todas las ediciones. El barro y yo no nos llevamos especialmente bien, o dicho de otra manera mi inutilidad y torpeza sobre dicha superficie es directamente proporcional a mi altura y a la distancia respecto al suelo al que se encuentra mi centro de gravedad. Voy el primero en compañía de Victor Rabanal y Carlos Roca y comienza mi particular festival de caídas y culadas que convierten este tramo en  un deja-vú de la Transcandamia 2016. Paso más tiempo cayéndome y levantándome que avanzando de pie. Al paso por la décima caída decido apartarme desesperado y dejo pasar a Tito que viene justo detrás mía para que marque el paso, no obstante al adelantarme, se resbala y me da un bastonazo involuntario en la cabeza. ¡Gracias Tito! ¡A ver si me sirve pa espabilar que parezco minusválido!. Finalmente los 3 mosqueteros conseguimos llegar abajo, no sin antes aprovechar para darme otro par de culadas adicionales y tras cruzar el puentecillo de madera  sobre el ríachuelo, afrontamos el último kilómetro hasta llegar al avituallamiento donde se encuentra el primer control de paso de la prueba.
Jesús Morán del Coyança Trail cruzando el puentecillo de madera
 El cierre de control se presenta como inesperado compañero de aventura. Todavía estamos a un kilómetro del punto de control y vamos muy, muy justos de tiempo.
Los 3 mosqueteros, mimetizados con el entorno,  a menos de 1 km del control de paso
Este año todo se complica y el nuevo trazado de la prueba hace que sea imposible coger ritmo por no tener tramos cómodos donde poder correr. Finalmente alcanzamos el punto de corte en 4h:26:17" ¡uffff!¡por los pelos! nos han sobrado a duras penas 3 minutos y 43 segundos sobre el tiempo de corte. Unas fotos con compañeros, unos minutos para comer y beber y sin demora arrancamos el ascenso al cuarto pico de la jornada.

Para mi el Pico Cuchillar  siempre ha sido la subida más dura de la carrera. Es un subida constante y muy pendiente. En el tramo inicial el  suelo resbala por el barro y las hojas acumuladas  y el tramo final es literalmente de escalada. Subo a ritmo vivo y poco a poco me distancio de mis compañeros de expedición Tito y Carlos que deciden ir un poco más despacio. Encaro el tramo final de ascensión y los voluntarios, para los que no tengo palabras de agradecimiento para definir como se han portado a lo largo de toda la prueba, me suben a pulso en el sentido estricto de la palabra ... y ¡ojo! peso unos 98,5 kgs.

Alcanzo la cumbre en 4h:55':29". Estoy a unos 2,5 kms del último punto de control con un tramo de bajada muy  técnico y que no permite correr por delante, así que decido no esperar a Tito y Carlos y me lanzo para abajo con  miedo a no cumplir con el tiempo de corte. Comienza la bajada y subo el ritmo en este primer tramo más sencillo donde alcanzo a una corredora con quién compartiré toda la bajada hasta alcanzar el avituallamiento. Algún tramo se encuentra en un estado bastante complicado, especialmente el sendero de bajada hasta el Faedo y debemos extremar la precaución, Finalmente piso  el Faedo, junto con la galeria minera, mi tramo favorito de la carrera y disfruto corriendo por el interior de este mágico  bosque centenario. Un último esfuerzo y alcanzo el último avituallamiento en 5h:29':33". *Ojo* apenas me han sobrado 27 segundos para el cierre de control. Creo que es la vez que más he ajustado un paso de control en mi vida, aunque al llegar a meta  me enteraré que debido a las adversas condiciones meteorológicas,  la organización decidió con buen criterio ampliar holgadamente dicho tiempo de corte para que muchos corredores no se quedaran fuera. Me hecho reflex, tomo un enanntium para los calambres, bebo abundantemente, estiro y arranco sin detenerme en exceso, pues la lluvia arrecia, y dado que  ya me encuentro completamente empapado, no quiero quedarme frío.

Y comienzo la quinta y última ascensión del día. No es nada complicada sobre el plano,  pero a estas alturas, con 5 horas y medio de esfuerzo acumulado en el cuerpo, uno ya viene muy castigado y  los 3 años anteriores me he quedado sin piernas en esta subida,  pasándolas canutas para alcanzar la meta. Al empezar a ascender lo primero que pienso es  ¿y este año que pasará figura? La lógica juega en mi contra, pero como dice el refrán "hasta el rabo todo es BISONTE". Empiezo la ascensión en solitario, procurando mantener un ritmo cómodo y a media subida me amagan los calambres, no obstante en esta ocasión no pasan de simples  amagos. A medida que asciendo me  voy encontrando mejor, supongo que el hecho de haber disputado la Powerade BTT apenas 7 días antes me ha dado un plus de tono muscular del que carecía en  ediciones previas.
Descansillo antes de afrontar el tramo final de ascenso al Pico El Sardonal (Preciosa semeya gantileza de ISSIphoto)
 Corono La Sardonal en 5h:54':15" y delante mía se presenta el precioso cresteo de la sierra. Pienso en detenerme y esperar a Jon Ander que viene unos 50 metros por detrás y con quien he hecho casi toda la prueba, pero me encuentro fuerte y con  ganas de correr y  si hacía falta alguna motivación adicional para acabar de animarme,  un sol radiante cubre el cielo por primera vez en toda prueba y el calor hace acto de presencia.

¡Como me gusta este cresteo y eso que se me da fatal!. Con piernas correr por montaña es una maravilla. Paulatinamente desciendo hasta alcanzar la Cruz de Hierro, un último tramo de bajada por terreno con mucha  piedra suelta y alcanzo de nuevo las primeras casas del pueblo de  La  Vid (o las últimas de Ciñera) en 6h:17':50". Por delante apenas  un kilómetro me separa de la pancarta de  meta y ya tendré  mi cuarta medalla de finisher en la Biosfera alrededor de mi cuello.

Mientras corro por este tramo llano, la mente se distrae pensando en lo que los asturianos llamamos babayaes.  Pienso en la oportunidad que perdí en la primera edición  de la Bisofera para  subirme al podium. Ese año corrieron solamente seis mujeres, si me hubiera inscrito como fémina creo que me habría subido al cajón. ¡Anda Bisonte!¿Como vas a pasar tu por mujer  con con casi 2 metros de estatura  y cien kilos de peso? ¡No te jode! Pues anda que las atletas  de la República democrática Alemana (antigua RDA)  eran femeninas, si parecían auténticos camioneros bielorrusos... es más,  si en una rueda de reconocimiento me pones recién afeitado junto a  Sandra Myers, seguro que más del 50% de los encuestados te dicen que de los dos, el hombre es la señorita Myers.

Continuo corriendo y divagando y el siguiente pensamiento que pasa por mi mente es para constatar que es un milagro   no haberme hecho serio nada después de haberme caído más de 15 veces en la misma carrera. Está claro que por alguna razón que desconozco, los viejos  dioses a los que adoraban mis ancestros astures y que tienen por morada las cumbres de estas montañas, me tienen cariño, sino resulta imposible explicar porque solo llevo unos cuantos rasguños y abrasiones en el cuerpo. Llego a Ciñera, entro en el pueblo y me encuentro al tigre Roberto Dieguez y al Toro Alfonso Cano  que hace mucho rato que han llegado y ya están cambiados y duchados. Producto de sus ánimos y la euforia del momento, entro acelerado en las escaleras de acceso al tramo final, resbalo bajando y casi me pego un zurriagazo de órdago. Ya  sería cómico que me fuera a lesionar en zona urbana y a 150 metros de meta después de superar 26 kilómetros, 5 cumbres y 4600 metros de desnivel acumulado por senderos y zonas agrestes.

 Un último esfuerzo, un sprint marca de la casa, doy la última curva oyendo los gritos de ánimo de la gente, entre los que distingo al gran Gobitu Bode y cruzo la meta corriendo como si me persiguiese la muerte en un tiempo de 6h:24':45"

Entrando al galope en la recta de meta con las escaleras al fondo (semeya gentileza de Bosena)
Finalmente alcanzo el puesto 297 de la general  (sobre 359 corredores en meta) , a  3 horas y 17 minutos  del ganador que fue un intratable Pablin Villa con un extratosférico tiempo de 3h:07':33 ". Creo que si decidiese dar 2 vueltas al recorrido me acabaría doblando.

Posando en meta con Jon Ander Aramburu con la medalla de finisher al cuello
Y llega la hora de extraer las habituales conclusiones:

1.- Quiero tener unas palabras de agradecimiento para la organización y todos los voluntarios de la prueba. Biosfera Trail siempre ha ocupado el segundo puesto dentro  de mis pruebas favoritas, nunca por demérito propio, si no más bien por merito de la prueba que hasta hoy ocupaba el primer puesto y que desde siempre en mi caso ha sido la Carrera de montaña Alto Sil. Este año por primera vez, tras el cambio de trazado para hacer la prueba si cabe todavía más montañera, con el increíble trato dispensado por los más de cien voluntarios ante unas condiciones meteorológicas complicadas, he de reconocer sin cortapisas que para mi BIOSFERA ha ascendido y ha alcanzado ese primer cajón de preferencias. Le doy un 9,9 sobre 10 y pienso que soy un tío extremadamente afortunado por haber visto nacer esta prueba desde su primera edición y por haber podido disfrutar del crecimiento de la misma durante  estas 4 ediciones. Creo que por recorrido, dureza, entorno y organización no tiene absolutamente nada que envidiar a ninguna otra prueba y le auguro un futuro cada vez más brillante, aunque eso implique que cada vez será más complicado conseguir plaza para participar y alguna edición me acabe quedando fuera.

2.- Finalmente, y en ello estoy en el momento de escribir esta crónica, creo que ha llegado el momento de tomarme un respiro y parar durante algún tiempo. Los problemas en mi tendón de aquiles no acaban de remitir y hay algunas cosas que me están dejando de gustar de este mundillo de las carreras por montaña. Tener que planificar la temporada con medio año de adelanto porque hay que inscribirse a muchas carreras  con 3, 4 o 5 meses de antelación y en condiciones de presión extrema nos acaba convirtiendo a todos de alguna manera en profesionales de eso que llaman trail y hace que todo pierda parte del encanto. Creo que es momento de alejarme por unos meses de todo, reflexionar y volver recuperado y con más ganas. Espero llegar a tiempo para participar en  la  tercera carrera "sagrada" de mi calendario: La carrera de montaña Villafeide-Polvoreda.

Nos vemos en la montaña compañeros.
Perfil de la Biosfera Trail 2016

domingo, 26 de junio de 2016

Renaciendo de las cenizas... una vez más

Aprovechando la inercia del BREXIT, mi cuerpo ha convocado en la mañana de hoy un referéndum para decidir si abandona el estado de completa hibernación en el que lleva sumido 3 meses. En dicho referéndum, el siempre polémico tendón de aquiles y sus amigos del tren inferior, gemelos y cuadriceps, han votado seguir parados, y el corazón y la cabeza arrancar. En circunstancias normales debería continuar en situación de parada biológica, pero se da la paradoja de que mi cuerpo no es una puñetera democracia al estilo británico, si no una oligocracia al estilo español y lo que diga la mayoría nos la suda literalmente, el ministro del interior se ha sacado de la manga el favorable  voto por correo del apéndice, que no se que narices pinta en está historia porque emigró de mi cuerpo hace más de 15 años tras una cirugía recesiva y aprobamos abandonar el letargo, así que he comenzado a correr de nuevo.
Finalmente han caído 11 km en 1h:45' al impresionante ritmo de 6,2 kms/hora, un ritmo que me convierte en un híbrido entre cortacesped y motocultor y que a su vez convierte en fórmulas 1 a los que practican tractorismo. A este ritmo cualquier corredor escoba es para mi poco menos que un maratoniano etiope de primer nivel.
No es para tirar cohetes pero al menos ya hemos arrancado y con 99,7 kgs de peso tengo cenizas suficientes para renacer no cual simple Ave Fénix, sino que puede despertar a toda una bandada de "Aves Fénixes".
Lo sencillo es arrancar, ahora toca ver si el tendón de aquiles me da un respiro, si consigo bajar peso y si recupero la musculatura abdominal que desgraciadamente se ha compactado en un solo grupo muscular al que podríamos denominar "barriga cervecera" y ha desaparecido bajo una densa capa de grasa. A tenor de lo planteado todavía queda mucho por hacer pero al menos estamos en marcha y todo gran camino comienza con un pequeño paso.
Aquí estamos creando una nueva disciplina deportiva por evolución del tractorismo a la que denominaremos  MOTOCULTURISMOIntentaremos llegar a tiempo para poder la tercera carrera sagrada de mi calendario: Carrera por Montaña Villalfeide-Polvoreda...  but time will tell!

Nos vemos corriendo por montaña

P.D: Tengo pendiente la crónica de la Biosfera Trail, pero en estos 3 meses necesitaba oxigenarme y alejarme completamente del mundo de las carreras por montaña, lo que implicaba olvidarme del blog. En las próximas dos semanas espero poder escribir la crónica

Este es mi aspecto actual

sábado, 7 de mayo de 2016

Powerade BTT Race León 2016

Si normalmente me pongo nervioso la noche previa a disputar  una carrera de montaña, lo de hoy ya no son nervios, son síntomas de Parkinson incipiente. Para mi una bicicleta es poco menos que una nave espacial y hoy toca debutar en una prueba ciclista de BTT, así que a las 6:45 de la mañana salto de la cama como un resorte.  Esta aventura comenzó hace exactamente un año cuando mis amigos atletas de toda la vida, quienes hace mucho tiempo que se fueron por el reverso tenebroso del ciclismo, vinieron a disputar la primer edición de la Powerade Race León, me comprometí  a que en 365 días días tomaría la salida con ellos y como vengo de una tierra donde  la palabra de un hombre vale más que ningún documento escrito, hoy toca cumplir con lo prometido. Ante la magnitud del reto, 80 kms con subidas y bajadas por pistas forestales y senderos de monte,  una persona normal habría entrenado para estar en forma el día de la prueba, no obstante yo que soy un caso digno de estudio me plantaré en la salida habiendo montado en bicicleta solamente 2 días durante el año 2016, con únicamente 92 kilómetros de entrenamiento acumulado en las piernas y para más señas en llano y por carretera,

Entre que no tengo ropa adecuada para la practica de ciclismo, que nunca he estado más de dos horas seguidas montando en bici y que la predicción del tiempo augura una mañana con condiciones meteorológicas muy adversas, tardo más tiempo en vestirme que cuando salía en nochevieja con 18 años. Mi idea es salir de casa una hora antes, bajar por el carril bici del Torio y ascender por el carril bici del Bernesga para llegar a la salida a tiempo, sin embargo cuando saco la bici del trastero apenas faltan  35 minutos para la salida, por lo que no me queda más remedio que cruzar León de punta a punta atravesando el centro de la ciudad. Un placer recorrer las principales arterias de la ciudad sin cruzarme con vehículos. Llego a la salida con 20 minutos de margen y por una vez habiendo calentado antes de empezar. Tengo tiempo de intercambiar unas palabras con  Lolo Diez y en seguida  trato de encontrar mi lugar en un entorno que me es completamente ajeno. Estoy rodeado de  más de mil participantes, la inmensa mayoría perfectamente equipados con maillots ciclistas, con material especifico de BTT y con bicicletas de última generación que superan en muchos casos ampliamente los 2000 euros de coste y  yo me encuentro entre todos ellos cual Quijote, equipado en versión "mercadillo del rastro" y más perdido que Kunta Kinte en una fiesta de pijamas del Ku kux Klan.
Salida de la Powerade BTT Race León
Para entender lo que digo es necesario describir mi equipación porque estoy para que me dediquen una portada en la revista ciclismo a fondo. En la cabeza casco, en las manos unos guantes de tela de atletismo y encima unos guantes para andar en bici de Lidl con los dedos al aire. En el tren superior llevo 2 camisetas térmicas de manga larga, por encima una chaqueta térmica  y un chubasquero marca blanca de Forum. En el tren inferior  llevo unas mallas Kalenji de atletismo y encima una badana perrera de Decatlón, de esas que en rebajas compras por menos de 10 euros y que ponen "adecuadas para salidas esporádicas en bici de hasta una hora de trayecto" y para rematar en los pies dos pares de calcetines, con bolsas de plástico de Alimerka intercaladas  entre calcetín y calcetín y zapatillas de fútbol sala. ¿Por qué lo de los pies? porqué el segundo día que salí en bici, con lluvia durante 2 horas, bajas temperaturas y viento de cara, se me mojaron los pies y llegué a casa con los dedos encogidos, congelados y entumecidos como si acabará de descender de la cumbre de una montaña de 8000 metros, así que no estoy dispuesto a pasar de nuevo por lo mismo y menos cuando la previsión es que estaré unas 6 horas sobre la bici con aviso de temporal. Si lo anteriormente ya de por si es muy pintoresco, queda rematar con la montura que llevo para la ocasión y que sin lugar a dudas complementa lo  anteriormente descrito y me convierte en una suerte de  ciclista vintage. La inmensa mayoría de competidores llevan bicicletas de gama media o alta de fibra de carbono y aluminio, con cambios, sistemas de frenado y sistemas de amortiguación  de última generación y yo estoy allí con mi vieja bicicleta de hierro que ya tiene dos lustros de vida, bicicleta tan dura y fiable como su dueño y que a juzgar por su elevado peso, tiene pinta de haber sido forjada a martillazos por algún herrero de Manchuria con hierro de Mongolia y utilizando el fuego de algún dragón para forjar su resistente cuadro. Con todo lo anteriormente expuesto no es de extrañar que me sienta más desorientado y fuera de contexto  que el Fary actuando de telonero en un concierto en Iron Maiden. A 5 minutos para la salida y por casualidad localizo a un tractorista de los míos como es Javi Reguera y me pongo detrás suyo para tratar de  tener alguna mínima referencia en carrera.

Atravesando las pancarta de salida de la prueba
Dan la salida y arrancamos esta aventura  los aproximadamente 1500 participantes. Aunque en principio me coloqué atrás del todo, han ido llegando ciclistas a última hora y calculo que detrás mía todavía saldrán entre 150 y 200 ciclistas adicionales.  Los primeros 5 o 6 kilómetros son completamente  llanos y por carretera así que son muy sencillos incluso para mi. Como mi destreza sobre la bici es mínima y desconozco los fundamentos básicos del ciclismo, en vez de ir a rueda voy un par de metros por detrás de Javi para poder reaccionar si hay algún frenazo brusco.

Sin contratiempos llegamos a Carbajal de la Legua, cruzamos el pueblo y tras un primer repecho asfaltado entramos en caminos de tierra para enfilar el primer ascenso fuerte de la jornada. A las primeras de cambio me bajo de la bici y decido subir andando empujando la montura. Como montando en bici soy más malo que el virus del ébola, creo que  a pie me voy a desgastar menos muscularmente, que tendré menos posibilidades de pinchar y que  apenas perderé tiempo respecto a subir montado. Asciendo lo que calculo que será algo más de un  kilómetro y medio  de subida  perdiendo posiciones y cuando faltan apenas unos 100 metros para coronar esta primera subida, me detengo a un lado y me dispongo a encender el MP3. Me quedan unas 5 horas de batalla en solitario y creo que toda ayuda será poca. A estas alturas y dadas las circunstancias, debo de ir el último, o al menos no diviso ningún corredor por detrás. Cuando me dispongo a montar de nuevo en bici, veo acercarse a u corredor afilado y  con aspecto de ciclista de los de verdad. Para mi sorpresa resulta ser uno de mis amigos de Avilés que  debería estar luchando por una posición entre los  150-200 primeros de la general, pero que ha roto cadena 2 veces en apenas 8 kms de prueba y se ha quedado  descolgado. Intercambiamos unas palabras e iniciamos la marcha. Parece que mi compñaero ha cambiado el chip y tendrá  una placida mañana de tractorismo a mi lado. Acabada la subida entramos en una zona llana con senda en buen estado, lo que no impide que a las primeras de cambio y en un tramo carente de la más mínima dificultad técnica, al intentar cambiar de rodada en una zona de la senda, me patine la rueda trasera y me caiga de la bici. Como mi velocidad debe de rondar los 12/13 kms hora y el suelo es de tierra y hierba no me hago ni un rasguño. Que me iba a caer en esta carrera era algo que ya  sabían hasta los indios Yanomani de la Selva Amazónica, asi que pasa por ser normal, no obstante el problema es que al caerme tan pronto, mi confianza disminuye sustancialmente. A partir de  aquí entramos en una zona con subidas y bajadas no muy largas pero constantes y cada vez que aparece una cuesta, independientemente de que sea ascendente o descendente, me desmonto de la burra y subo andando con la bici  al hombro o a rastras.

Tramo sencillo de pista (kilómetro 15 aproximadamente)
 Y así van trascurriendo los kms, el resto de corredores corriendo una prueba de BTT y yo un duatlón de montaña, mientras  mi compañero de expedición Oliver, es incapaz de superar las 120 pulsaciones por minuto dada la escasa exigencia del ritmo y si no se da a la bebida para superar el tedio es solamente porque la prueba no pasa por ningún nucleo urbano con bar donde poder emborracharse. Llega la bajada fuerte que nos devuelve de nuevo al valle por pista de tierra y piedras. Intento bajar montado por vergüenza torera  pero a pesar de ir a  una velocidad inferior a la que se podría alcanzar conduciendo un cortaceped, no pasan ni 150 metros  de descenso cuando me empieza derrapar la rueda trasera, así que clavo los frenos, me paro en seco y subo la bici al hombro para continuar con mi particular duatlón.  Y en esas estoy bajando corriendo cuando me cruzo con un fotógrafo que se encuentra agazapado entre escobas y  que me mira entre sorprendido e incrédulo.
Le digo
- Han pasado ya más de 1300 ciclistas ¿A que no has visto a nadie corriendo con la bici a cuestas?
- No
corriendo  con la bici a cuestas
Una segunda instantánea para mayor gloria del duatleta
Llegamos abajo y entramos en el pueblo de Cuadros y para mi sorpresa aparece una  carretera asfaltada y con  terreno llano, o lo que viene a ser la única superficie sobre la que me siento cómodo. Aquí no hay que tener pericia con la montura, basta con tener motor. Pienso que es muy triste apuntarte a una carreta de BTT y ponerte contento cuando pisas asfalto...pero es lo que hay. La realidad es que Oli y yo nos ponemos las pilas, empezamos a darle candela a los pedales y adelantamos a una barbaridad de corredores, esto es especialmente notable cuando subiendo camino de Valsemana la carretera pica para arriba pero con pendiente no muy pronunciada. Poseídos por los espíritus de Fabian Cancellara y Peter Sagan en versión rustica, superamos con una facilidad pasmosa a un número muy elevado de corredores, hasta que a la salida del pueblo de Valsemana se acaba la carretera y en un pequeño repecho me vuelvo a bajar de la bici mientras  Oli  continua la ascensión a buen ritmo. Apenas unos 100 metros  más adelante me lo encuentro agachado  a un lado del camino tratando de arreglar su maltrecha bicicleta.  Acaba de romper la cadena por tercera vez, no puede tronchar la cadena y ya no  puede quitar más eslabones de la cadena.
-¿Que hacemos? me dice
- Muy sencillo, deben de quedar unos 3,5 o 4 kms hasta el avituallamiento y me parece haber leído que tienen servicio mecánico, así que apretamos muy fuerte un cojón contra el otro y p'alante que aquí no se retira ni Dios.

Mi compañero lleva calas de ciclismo en los pies,  lo que no facilita mucho la labor de caminar empujando la bici, así que  le dejo mi bici y yo cojo la suya, total el duatlón es mi especialidad, y sin tiempo que perder nos ponemos en marcha. Para acabar de darle un poco más de épica al asunto, comienza a nevar y la sensación térmica desciende bruscamente. Ahí estamos nosotros partiendo la pana, mi compañero montando una bici  unas 4 tallas más grande y donde no puede bajar el sillín por lo que debe ir todo el rato de pies al no  llegar a los pedales y yo corriendo como un loco y empujando una bici naranja fluorescente 4 tallas más pequeña. La imagen es tan surrealista que  cualquiera que nos vea  podría pensar que somos el Torete y el Vaquilla, o lo que es lo mismo, dos kinkis que les acaban de robar las bicis a un par de pardillos que se han detenido a mear durante una prueba ciclista.  Lo más sorprendete de todo es que conseguimos mantener un ritmo de carrera constante de entre 9 y 10 kms/hora y apenas nos adelantan competidores. Y finalmente a lo lejos y al final de una larga recta entre pinos,  vemos la pancarta que señala el avituallamiento y como quién ve un oasis en medio del desierto, apretamos los dientes y subimos el ritmo en busca de nuestra salvación ciclista
Entrada al avituallamiento intermedio (km 28,5 de la prueba según mi GPS)
Estamos en el kms 28,5 según mi GPS Garmín y llevamos 2h:27':17" de prueba, lo que da un increible ritmo de apenas 12 km/hora, al alcance de muy pocos deportistas cualificados. En nuestra descarga solo cabe alegar que a estas alturas debo de llevar corridos unos 7'5 u 8 kms.

Oli  asistiendo a la reparación de su bici en boxes.
El Torete y el Vaquilla posando para el anuario de la  Guardia Civil
Mientras a Oli le ponen la cadena nueva aprovechamos para hacernos unas fotos que inmortalicen la "proeza". Oli me comenta que  tiene que llegar pronto a su coche porque uno de sus compañeros con los que vino  tiene que estar de noche en Pamplona y todavía tiene que pasar por Avilés a recoger su propio vehículo, así que  va a acelerar el ritmo para llegar lo antes posible a meta y en principio yo seguiré a mi ritmo tractorista habitual.

Pancho y Javi de Verano Azul posando antes de retomar la marcha
Tras parar  aproximadamente 8-10 minutos en boxes, arrancamos con destino a la prueba corta de 50 kilómetros que por hoy ya está bien de experimentos. Oli va como un tiro con su cadena nueva y yo inexplicablemente decido tratar de cogerle rueda. La carrera transita por un tramo llano de  pista en buen estado que discurre por el medio de un pinar, por la que vamos como cohetes. La lluvia arrecia cada vez  con más fuerza, hay niebla y al salir de la protección de los arboles el viento sopla de cara y con una fuerza bestial, tanta que hay momentos en los que aunque pedalées con todas tus energias, tienes la sensación de no avanzar.  Las rachas se hacen cada vez más fuertes, mi chubasquero se hincha convirtiéndose en una especie de traje de hombre pájaro y debo agarrarme fuertemente al manillar para no salir volando convertido en la reencarnación de Alvaro Bultó. A pesar de todo seguimos adelantando corredores, de nuevo el motor manda sobre la pericia y en este particular parece que vamos sobrados. Todavía nos quedan un par de kilómetros luchando contra el viento y que personalmente se me hacen  eternos mientras  cruzamos el desolado páramo hasta que alcanzamos de nuevo  la protección del pinar de Camposagrado. Menos mal que entre mi bici y yo superamos con holgura los 110 kgs de peso conjunto y que no tengo un cestito delante del manillar con un extraterreste subido, porque por un momento pensé que iba a  salir literalmente volando emulando la mítica escena de la pelicula  ET. En el momento que los arboles nos dan cobijo, nuestros ritmos se disparan hasta alcanzar los aproximadamente  24 kms/hora. Llegamos al segundo avituallamiento en 2h:59':32" (km 36 aprox) y vemos los estragos causados por del frío. En el interior de una furgoneta  de la organización hay corredores refugiados con claros síntomas de hipotermia y los voluntario bajo la carpa improvisada negocian la forma de evacuarlos.


Parada muy rápida y a darle zapatilla en formato clasicomanos de Flandes. Seguimos adelantando competidores con cierta facilidad aunque empiezo a notar muy cargados los músculos del tren superior de  las piernas. Salimos del pinar, giramos a la izquierda y nos adentramos por una senda descendente que finaliza en un pronunciado cortafuegos  de piedra suelta que  en forma de V desciende y asciende un valle angosto. Yo que no tengo ni puñetera idea de ciclismo, como ya ha quedado claramente demostrado a lo largo de esta entrada, le pregunto a mi compañero:
-¿Esto es normal?¿no se habrá pasado un poco el organizador con el trazado?
- Pues no parece muy normal - me contesta Oli
Cuando vamos a enfilar la parte más pronunciada del cortafuegos, nos detenemos para evaluar la situación y echamos la vista atrás.  Mucho más arriba vemos varios grupos de corredores que nos han seguido  y que nos miran expectantes por ver que hacemos. Algunos comienzan a dar la vuelta asumiendo que se han equivocado de trazado.
- ¿Que hacemos Oli?¿Seguimos o damos la vuelta?
- Seguimos  que  somos de Avilés y malo será que no enlacemos con el circuito de la prueba larga más adelante.

Pues nada, como reza el viejo proverbio astur "ante la duda la más tetuda", seguimos adelante y que que Dios reparta suerte. Volvemos al duatlón, bajamos andando la parte pindia y subimos empujando la bici por el tramo de ascensión que está en el lado opuesto del valle. Llegando arriba se me sale la cadena. Creo que a estas alturas mi "burra" empieza a estar a esta el tuétano de esta aventura, si llego a estar solo serían unos 10 minutos de lucha contra la maquina, pero con la ayuda del compañero en poco más de medio minuto todo arreglado. Levantamos la cabeza y unos 100 metros más adelante vemos corredores pasando como aviones. Milagrosamente hemos enlazado con la prueba larga, pero ahora la pregunta es ¿a que altura estamos?. Giramos a la derecha y cogemos un estrecho camino descendente, que sin estar en mal estado, ni ser muy pendiente, si es más técnico que las pistas que transitábamos hasta ahora en la carrera corta. Bajo en completa tensión, trato de pegarme lo más posible al lado derecho  para no molestar a los corredores que pasan, pero lo cierto es que parece que yo voy subido en un cortacesped y ellos en un Formula 1, lo que incrementa mi ansiedad ante la posibilidad de causar un percance. Finalmente acaba la bajada y alcanzamos un   tramo llano, tratamos de que alguien nos diga cuantos kms llevan para saber donde nos encontramos, pero pasan tan rápido a nuestro lado que no tenemos éxito. Atravesamos el pueblo de Lorenzana y a la salida vemos un cartel que marca el  km 70, bueno al menos ya tenemos referencias y sabemos que en teoría estamos a unos 10 kms de meta, lo que significa que  haremos unos 56-57 kms.  Apenas medio kilómetro más adelante mis piernas dicen basta y tengo que detenerme con unos calambres bestiales en ambos cuadriceps. La combinación de diversos factores tales como los kms de carrera  a pie, la tensión de las bajadas, las casi 4 horas que llevo sobre la bici o el frío han acabado pasándome  factura. Me tomo un enantium, estiro lo que buenamente puedo agarrado a un árbol y algo más de cinco minutos más tarde arrancamos de nuevo la marcha a ritmo de paseo cicloturista. Bajo piñones para mover un desarrollo mucho más cómodo y espero a que el enantium haga su trabajo. Vamos tan despacio que parecemos 2 de los protagonistas de Verano Azul, somos como  Pancho y Javi dando un paseo en bici en busca del Barco de Chanquete. Y en esas estamos cuando nos adelanta un corredor de grandes dimensiones al que cariñosamente y como no podía ser de otra forma, denominamos Chanquete. Fijaros como sería de grueso para que yo os diga que era mucho más grande que yo. Dicho corredor se aleja de nosotros con facilidad, pero date tu que unos 4-5 kms más adelante y una vez parece que mis músculos vuelven a recuperar prestaciones, en un tramo recto volvemos a ver al mismo ciclista unos 300 metros por delante y nos sale la vena competitiva que teníamos aletargada.
-¿Y ahora que hacemos Pancho?¿Vamos a por Chanquete?
-Vamos

Quedarán unos 4-5 km a meta, progresivamente subimos el ritmo y con una referencia de fondo vamos recortando distancias hasta alcanzar y sobrepasar a Chanquete justo antes de entrar en Eras de Renueva. Nos queda apenas un kilómetro o kilómetro y medio a meta y ya es por carretera. Un ultimo arreón y conseguimos atravesar la pancarta de meta en 4h:15:53 alcanzando los puestos 318 y 319 sobre 374 corredores en meta de la prueba corta.
Entrando en meta

Hemos tenido problemas mecánicos, caídas, nos hemos perdido y nos hemos encontrado y finalmente hemos hecho nuestra particular Powerade en versión  de 57 kms (ni la prueba corta, ni la prueba larga), con viento, lluvia, nieve y sol hemos llegado a meta y personalmente he conseguido completar mi primera carrera ciclista y con muy buenas sensaciones. Lo más sorprendente es que pese a todas la vicisitudes vividas, hemos sido capaces de adelantar a 39 corredores desde el avituallamiento de Camposagrado (donde ocupábamos las posiciones 357 y 358) a meta.

Para rematar la mañana todavía tengo tiempo de empaparme hasta la médula espinar bajo una fuerte granizada mientras espero pacientemente  a la intemperie para poder lavar mi bici, ya que  si llego a casa con la bici llena de barro,  hoy duermo en el trastero con casi total seguridad.  Finalmente también aprovecho para saludar  a algunos de mis amigos de Avilés, y tras recorrer en bici los 4 o 5 kms que me separan de mi casa, doy por concluida la jornada

No ha estado mal para ser la primera vez.... el año que viene dios dirá si repetimos

Próxima parada del Bisonte World Tour 2016: Biosfera Trail

Perfil de la Powerade BTT Race León en su versión corta (con 596 metros de desnivel acumulado positivo)