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domingo, 15 de diciembre de 2019

Carrera por Montaña Matallana de Torio 2019

Doce meses después me encuentro exactamente en el mismo lugar donde dispute mi último trail. 365 días donde yo no he echado de menos las carreras por montaña y ellas tampoco me han echado de menos a mi. Y aquí estamos de nuevo en Robles de la Valcueva  con un dorsal en el pecho, y es que está prueba que no es la más larga, ni la más bonita, ni mucho menos  la más mediática, es sin embargo muy especial para mi. Justo antes de arrancar  me doy cuenta de que ni siquiera me he acordado de cargar la batería del viejo garmin, por lo que hoy correré "ciego", sin referencias de ritmo, distancia o altitud. Volvemos al origen de todo, a la vieja escuela de mi lejana juventud, a correr olvidándome del tiempo y guiándome únicamente por sensaciones. 

La persistente lluvia que ha arreciado toda la noche nos da un respiro en la salida, no obstante pese a la tregua metereológica pronto constato que nos vamos a aburrir de pisar barro, tanto que si tuviese que apostar a caballo ganador en un duelo entre entre Kilian Jornet y Shrek, me quedaría con este último por correr en casa. Primera subida al alto del Calero y primer calentón. En la era de los motores híbridos y los vehículos eléctricos,  sigo siendo una pesada maquina de vapor que necesita consumir grandes cantidades de carbón para mover semejante tonelaje. Coronamos, llaneamos por un sendero entre escobas y nos adentramos en la pradería del valle de Valdesalinas, al final del cual se encuentra la peña donde otrora se levantó una antigua  ermita. Bajando de la misma nos desviamos ligeramente del trazado original  siguiendo la estela de un corredor que nos precede, bordeamos la colina  para evitar un tramo peligroso de apenas 20-30 metros donde la organización ha puesto una cuerda, mientras  desde arriba una corredora nos recrimina nuestra actitud. No buscamos atajar, ni ganar tiempo, sencillamente después de muchos meses alejado de la montaña no tengo ni la confianza, ni la preparación física, ni las ganas de afrontar un descenso técnico que me podría suponer una lesión que en este momento no me puedo permitir. La paradoja es que al llegar abajo nos encontramos con que esta comenzando el descenso un pequeño corredor madrileño de 9 años que viene realizando el recorrido en solitario y con el que ya hemos coincidido en un tramo previo, así que Cañi de avanzadilla y yo a su rueda, decidimos ascender parte de la resbaladiza y complicada pendiente para ayudarle a bajar  minimizando el riesgo de accidente. Llegados a este punto quizás sea el momento de realizar una pequeña reflexión. Partiendo de la premisa de que a  la persona que nos recrimino por salirnos del trazado le ampara la normativa, creo que a nivel general estamos compitiendo muy por encima de nuestras posibilidades, y en ocasiones olvidamos  la esencia última de este deporte. Al final  acabamos priorizando el anecdótico hecho de  defender una posición 123, 237 o 324 en una humilde carrera de pueblo, y olvidamos  ayudar al corredor que llevamos a nuestro lado, esencia ultima de un deporte donde la cooperación es cuando menos tan importante como la propia competición.

 Parada rápida en el primer avituallamiento y comenzamos el ascenso al Coto Salón por un estrecho y constante sendero que serpentea por un bosque de robles centenarios. Es una senda espectacular que sigue el cauce de un pequeño riachuelo de montaña, una subida con pendiente constante que no te da ni un solo respiro y que no te permite ver la cumbre hasta que literalmente te encuentras en ella. Voy ganado altura con esfuerzo, sintiendo cada respiración, cada latido de un corazón que trabaja a destajo para mover la maquinaria, y escuchando el chapoteo de cada pisada sobre el barro y el lecho de hojas de roble en descomposición.  


Finalmente a unos 1500 metros de altitud, abandonamos la protección del bosque caducifolio y  nos damos de bruces con la Casamata, un antiguo bunker de la Guerra Civil donde humildes mineros, ganaderos, obreros y maestros lucharon  con los pocos medios de los cuales disponían tratando de defender luna de las últimas posiciones republicanas en el maltrecho frente norte. En una época tan  convulsa como la actual donde las posiciones políticas se polarizan de nuevo, conviene no olvidar jamás lo sucedido apenas ocho décadas atrás para no tener que volver a repetir errores del pasado. 


En la cima las vistas son grandiosas. A nuestra espalda una preciosa vista del valle y en frente nuestra, cubierta por una espesa capa de nieve y escondida entre brumas se alza esa  imponente pirámide pétrea que es el Picu Polvoreda (2.007 metros). 



Bajamos de cumbre con mucha calma, saboreando cada zancada, mientras disfrutamos del privilegiado entorno, recuperando la confianza y la seguridad que paradójicamente esta misma bajada me había arrebatado un par de años atrás. Nos cruzamos con alguno de los corredores que todavía siguen en carrera recorriendo los últimos kilómetros del ultra,  esa titánica prueba  que el bueno de Miguel se ha sacado de la chistera para celebrar esta quinta edición. Pasamos por los pueblos de del fondo del valle, superamos el segundo avituallamiento e iniciamos la última subida del día. 



Corono los altos de la  Cruz y Campos, descenso final y entro  en meta junto con mi buen amigo Joaquín Cañizares, eterno compañero de aventuras durante estos últimos nueve años, completando
los 13.5  kilómetros de la prueba en 2h:53':01", ocupando las posiciones 70 y 71 sobre 131 corredores en la salida.
Tengo la inmensa fortuna de haber podido disputar de  las cinco ediciones de esta entrañable prueba, y a estas alturas ya no encuentro calificativos para definir la Carrera por Montaña de Matallana de Torio. La he visto nacer, crecer, expandirse y hacerse mayor, mejorando año tras año y sin perder ni un ápice de la humildad y la originalidad con la que todo comenzó. Mil gracias a Miguel, Camino y Joaquín por esta maravillosa obra de artesania que nos regalan edición tras edición.

Una reflexión final. El pequeño madrileño de 9 años con el que compartimos algún tramo de carrera, consiguió finalizar la prueba y lo hizo compitiendo en solitario y sin dorsal. La épica de niño solo es comparable a la temeridad de sus padres. Creo que no tiene ningún sentido permitir a un niño de esa edad afrontar sin supervisión un reto de esta magnitud, más que nada por el peligro que entrañaban algunos tramos de la prueba, pero sólo es una opinión personal.

Y con esta prueba comienza y termina el Bisonte del Carbayedo World Tour 2019. Si los viejos  dioses que moran en estas cumbres así lo quieren, no volveremos a ver en 2020.





viernes, 25 de enero de 2019

Carrera por montaña Matallana de Torío 2018


Son las 7 de la mañana, salgo de casa pertrechado con dos bolsas de deporte, una mochila, bastones de travesía y ropa de abrigo. Voy tan cargado que no se sabe a ciencia cierta si voy a disputar una carrera por montaña, o si  trabajo de sherpa y voy a montar el campamento avanzado en la ruta de ascenso al Annapurna. Camino del garaje me cruzo con un grupo de jóvenes que con algarabía disfrutan de la noche leonesa, y mi primer impulso es darme la vuelta y continuar de fiesta con ellos. ¡Bisonte, no ves que eres más viejo que las pinturas rupestres de Altamira, entre tanta chavalería  desentonas  más  que Tarzán de ponente en una convención internacional de telefonía móvil! ¡Tira pa'l monte que libras!.  Apenas 30 kms separan mi casa de Robles de la Valcueva, epicentro de esta prueba por la que siento un cariño especial desde que por casualidad la descubrí 4 años atrás, y donde  el ambiente es sencillamente  espectacular. Tengo tiempo para reencontrarme con  amigos y conocidos a los que no veía desde hacía mucho tiempo, ver arrancar la prueba reina y asistir al encendido de las ollas que nos suministrarán el cocido ferroviario al final de la jornada. Seis meses después me veo de nuevo en una línea de salida. Debería estar especialmente nervioso, más aún teniendo en cuenta que en los últimos 180 días solo he salido a correr en 8 ocasiones, pero estoy sorprendemente tranquilo, lo que viene a demostrar  que la ausencia de sentido común es un mecanismo ancestral de inhibición del miedo creado para afrontar retos para los que a priori no estas capacitado.

Salgo en última posición por las calles del pueblo. Voy en compañía de Óscar Gómez, otro afamado tractorista procedente de tierras madrileñas. Entre los 2 sumamos unos 206 kgs de puro musculo, vamos que somos el arquetipo estándar de corredor de montaña y estamos en Matallana compitiendo  igual que podríamos estar en el país del sol naciente disputando el campeonato japonés de sumo con los luchadores locales.
Ascensión del Calero (Foto: Óscar Garcia)
 Apenas 500 metros llanos y  comenzamos la primera ascensión de la jornada. En la ascensión  al Alto del Calero, y a pesar de subir andando, voy  adelantando  a estudiantes  del Instituto de La Robla que disputan la prueba  como actividad escolar. Una gran iniciativa para acercar a los chavales a la montaña e introducirlos en el mundo del trail. Coronamos esta primera ascensión  y enlazamos con un sendero llano entre escobas que nos conduce hasta el valle de Valdesalinas.
Bajada técnica que nos lleva a la pradería del Valle de Valdesalinas (Foto: José Rodríguez)
 Una bajada corta y técnica, que afortunadamente este año no presenta la dificultad de la última edición  por encontrarse el terreno en muy buen estado, y  donde bajo tratando de localizar  la piedra contra la que me golpee el año pasado. Llegamos al valle y afrontamos un tramo ligeramente ascendente por una amplia pradería que nos lleva hasta la Peña la Campana, lugar  donde en el pasado estuvo ubicada una ermita. Coronamos la peña, un destrepe con cuerda y alcanzamos el primer avituallamiento de la jornada  en el km 4 (47':22")
Tramo final de pradería por el Valle de Valdesalinas (foto: Juan Carlos)
Giramos a la izquierda y por un estrecho sendero comenzamos la ascensión a Coto Salón por el interior de un tupido bosque de carbayos. Por delante  una ascensión dura y constante donde debemos salvar un desnivel de unos 500 metros positivos en apenas 2,5 kms de distancia.  En el tramo final de ascensión abandonamos  la protección del bosque de robles y alcanzamos la casamata -o nido de ametralladoras de la Guerra Civil- que nos recuerda lo que sucedió en esta tierra hace apenas 80 años, acontecimientos  que por desgracia parecemos empeñados en repetir.  Es momento de detenerse a disfrutar de la preciosa vista del Picu Polvoreda (2.007 metros),  hermosa pirámide de roca caliza  que emerge sobre un mar de nubes.
Vista del Picu Polvoreda desde la cumbre del Coto Salón (Foto: Óscar Garcia)
Estoy aproximadamente en el km 6 y mi reloj marca 1h:23':24". Comienzo el descenso del Coto Salón por un camino de piedras sencillo y que discurre entre escobas. Como el terreno se encuentra en buen estado me animo a correr por primera vez en toda la prueba y con celeridad voy perdiendo altura. Llegamos de nuevo al valle, cruzamos un túnel bajo la línea del tren y afrontamos un tramo llano por carretera que nos llevan al segundo avituallamiento (km 10,5).  Comenzamos la tercera y ultima ascensión del día camino del Alto de la Cruz. Me sorprende ver que sigo con buenas piernas a estas alturas. Llevo toda la prueba en solitario y para mantener la concentración decido contar aquellos corredores a los que consigo dar alcance, y se produce una de esas extrañas paradojas del mundo animal: “los  humanos cuentan ovejas para dormir por la noche y los bisontes contamos  humanos para no dormir por el día”.
Haciéndome pasar por corredor en el tramo inicial de ascensión al Alto de la Cruz (Foto: Andrés de la Torre)
Alcanzamos la cumbre del Alto de la Cruz  donde unos voluntarios nos obsequian con jamón recién cortado. Desconozco si se trata de jamón  serrano, pata negra o si es el jamón más perrero de Carrefour, lo cierto es que me me sabe a manjar de reyes. Rápido y corto descenso hasta enlazar con el último tramo de ascenso por sendero entre bosques hasta alcanzar el Alto del Campo, giramos a la derecha y cogemos un amplio cortafuegos ligeramente descendence. Este año voy con buenas piernas y por primera vez en cuatro ediciones puedo correr. Al paso por el cartel que señala 2 kms a meta nos desvían de nuevo  y entramos en otro estrecho sendero que serpentea por el bosque. Por primera vez en la toda la carrera se me agarrota el cuádriceps de la pierna derecha. Bajo el ritmo, camino durante unos 300 metros y de nuevo comienzo a correr. Por experiencia sé que aun doliendo va aguantar hasta meta, y no quiero que me adelanten los corredores de la prueba larga, así que ese último kilómetro de descenso por pradería y de llaneo por un camino asfaltado lo hago al galope hasta conseguir completar los 13,8 km de la prueba con un desnivel acumulado de 2000 metros (1000 positivos y 1000 negativos) en  un tiempo de  2h:37:07", llegando en el puesto 92 (sobre 129 corredores),  a 1h:18' minutos del ganador que fue Santi Mezquita.

En meta puedo disfrutar de un chocolate con churros y me da tiempo a ducharme con agua caliente. Para mi que siempre  acostumbro a ser de los últimos de Filipinas en meta, y que llego cuando casi todo está ya agotado, esto es un autentico lujo, tanto que me apetece ponerme a entrenar como un loco para mejorar y llegar con los de adelante. Afortunadamente se me pasa pronto el calentón.

Como broche final de  la jornada degustamos una olla ferroviaria capaz de resucitar a un muerto. A estas alturas poco puedo contar ya que no haya dicho ya antes, además todo el que me conoce sabe que no puedo ser objetivo con esta carrera, así que solo me queda dar las gracias una vez más a Miguel, Joaquín y Camino por dejarnos disfrutar de su carrera. Ya solo queda empezar a descontar los días que faltan para la edición de 2019, que tendrá una prueba ultra especial que hará las delicias de los más aguerridos.  Si los dioses nos son propicios, volveremos a estar por estas tierras en menos de un año.

Muchas gracias a todos los corredores con los que he compartido  kilómetros, esfuerzos, aventuras, anécdotas y sufrimiento en esta temporada 2018 que toca a su fin. Nos vemos de nuevo corriendo por montaña el año próximo.

jueves, 16 de agosto de 2018

Reino Astur Nembra 2018

Muchos corredores sueñan con correr  Zegama-Aizkorri, Transvulcania o UTMB, yo que soy más raro que un perro verde siempre he querido correr en Nembra... y por fin llegó el día que tanto tiempo llevaba esperando. Siete años han pasado ya desde que me inscribí por primera vez en esta prueba, siete ediciones de una prueba que por culpa de mi lamentable estado físico de abuelo octogenario y mis habituales problemas musculares nunca había podido disputar, pero parece que llego el momento. Comparto expedición con mi compañero y amigo Alfonso Cano, que sale de trabajar y sin apenas descansar se enfunda un dorsal para competir, locuras que solo entendemos los que corremos por montaña. En nuestra linea argumental y ejerciendo de Pajares y Esteso en versión cazurra, nos perdemos durante el viaje, tenemos que aparcar 2 pueblos más arriba del lugar de salida, nos entretenemos cambiándonos y llegamos a la pancarta de  salida 30 segundos antes de que arranque la prueba, lo que nos coloca en compañía del corredor escoba, y a mi me da igual porque es mi puesto habitual, pero Cano tiene que correr como si le hubiesen prendido un cohete en el culo durante el primer kilómetro para tratar de recuperar posiciones.

Unos 800 metros llanos  por las calles de Nembra, salimos del pueblo y  comenzamos a ascender por un sendero que serpentea por un tupido bosque de árboles de hoja caduca. La primera sensación es que hay barro, mucho barro, y a mi el barro se me da muy mal porque soy grande, pesado, torpe, carente e la mínima destreza   y sobre este elemento estoy más perdido que un pingüino en un bosque de eucaliptos. Luchando sin descanso con el barro, sin lugar a dudas el  gran protagonista de la jornada, vamos ascendiendo casi sin descanso hasta que abandonamos la protección del bosque, un tramo por camino rural en buen estado, giramos a la izquierda y nos desvían por un ladera muy pindia cubierta de felechos.

Ascendiendo el Picu La Chomba
Levanto la vista y ante mi se dibuja una serpiente multicolor de corredores que avanzan lentamente sobre este precioso lienzo verde vegetal . Todo sería muy bonito si no fuera porque la subida es muy dura y notas como vas quemando energías en cada paso que das. Finalmente  alcanzamos la cumbre del Picu la Chomba a 938 metros de altitud  (km 4- 1h:01':40"), allí donde una Cruz de la Victoria me recuerda que estoy corriendo en casa, y hacia 3 años que no lo hacía.

Vista de la cumbre del Picu la Chomba

Cano pasando por la cumbre del Picu La Chomba
Desde este punto las vistas son sencillamente sublimes. En el fondo del valle descansan los pueblos de la parroquia de Nembra, al lado opuesto del valle una verde cresta que  simula ser la espalda de un dragón dormido, y al fondo una sucesión interminable de montañas que nos recuerdan lo afortunados que somos de vivir en este apartado rincón del mundo, pero debemos continuar avanzando. Un  tramo de cresteo que sin ser muy técnico obliga a mantener la concentración para no sufrir un percance por lo resbaladizo del terreno nos lleva hasta el primer avituallamiento.

Juanín Fernández Llames y su equipo en el tramo de cresteo camino del primer avituallamiento

 Parada rápida y continuamos ascendiendo por un tramo más sencillo. Poco a poco vamos ganamos altura hasta alcanzar el segundo avituallamiento, y enfilamos el tramo de subida final, momento en el que consigo dar alcance a Juan Fernández Llames, un corredor invidente que me deja ciertamente impresionado. Yo que tengo todos los sentidos disponibles, que dispongo de todo el material necesario para competir en la disciplina, y que acumulo un montón de carreras de montaña a mis espaldas, llevo kilómetros pasándolas  canutas  para poder avanzar sin caerme una y otra vez...y a mi lado tengo un corredor con una limitación sensorial reseñable que avanza con tesón y dándonos a todos una lección de coraje y  superación. A partir de este momento no tengo valor para buscar más disculpas. 

Continuo en solitario el tramo final de ascensión entre escobas y piornos, recordando algunos pasajes de canciones  con las que he crecido, canciones  como "Los Fugaos" de Nuberu, o "L'ayerán que perdió la guerra" de Llan de Cubel, sones populares que tienen estas montañas por decorado, y que nos hablan de una época pasada donde hombres y mujeres valientes, lucharon por defender unas ideas, unos derechos y una libertad de la que hoy gozamos y que no siempre sabemos apreciar en su justa medida.
Llegando a la cima del Picu Pedro Garcia
Finalmente alcanzo la cima del Picu Pedro Garcia a 1.542 metros de altitud (km 10'5 - 2h:30':29") Estoy en la techo de la prueba, y mientras en mi MP3 suena el "Lucha de Gigantes" de Antonio Vega,  me detengo unos instantes  para disfrutar de las imponentes vistas que nos regala esta cumbre. En ese momento otro participante pasa a mi lado y me comenta que si me ha visto algún miembro de la organización estoy automáticamente descalificado porque está prohibido por normativa utilizar auriculares durante la carrera, y además lo recalcaron minutos antes de salir. Reconozco que he metido la pezuña hasta el fondo, primero por no haber leído el reglamento, y segundo por haber llegado tan justo a la salida como par no escuchar las recomendaciones de la organización. Como quiera que sea que el desconocimiento de la ley no te exime de su cumplimiento, asumo mi responsabilidad, guardo el dispositivo electrónico en la mochila y plenamente consciente de que si alguien lo menciona seré justamente descalificado por primera vez en mi vida, me lanzo ladera abajo tratando de disfrutar de la prueba que es a  lo que hemos venido.

Tramo final de ascensión al Picu Pedro Grcia
El tramo inicial de bajada es muy sencillo, discurre por monte bajo sin excesiva pendiente y con terreno en buen estado, enlazamos con una pista forestal, pasamos el tercer avituallamiento de la prueba en el Quéndanu (km 13,5), cruzamos una pradería pindia donde se puede correr muy rápido y de nuevo nos internamos en el bosque por una estrecho sendero donde te entierras en barro por encima de los tobillos, y como ya he mencionado previamente a mi el barro me mata porque soy un completo inútil sobre esta superficie. Tengo la sensación de haber abandona los bosques de Nembra para internarme en las selvas de Borneo, pero afortunadamente par mi  aquí no hay depredadores porque sino a la velocidad ridícula a la que me desplazo  sería una presa fácil. Cada paso es un drama porque patino más que Javier Fernández en la final olímpica de patinaje sobre hielo, con la salvedad de  que mi estilo es mucho menos depurado que el suyo. 

Descendiendo desde el Picu Pedro Garcia
Con más miedo que vergüenza voy descendiendo a una espectacular velocidad  que oscila entre los 15 y los 20 min/kms, viendo como me superan corredores sin que les pueda seguir su ritmo, hasta que finalmente llegamos de nuevo al valle, cruzamos al lado contrario corriendo unos 600 metros por carretera y comenzamos una sencilla ascensión por la lado opuesto.
Otro participante peleando por mantenerse en pie durante la bajada
Vengo muscularmnete bien y con ganas de correr así que aquí acelero y avanzo a muy buen ritmo "desdoblandome" de algunos corredores que me habían adelantado durante mi lamentable descenso. Aproximadamente ya solo 3 kms por terreno sencillo me separan de meta,  y tras un último repecho enlazamos la bajada final por un prau pindiu. Un montón de sentimientos se concentran en esos escasos 100 metros que me separan de esa linea de meta. Muchos años esperando cruzar esa pancarta, y es que llegados a este punto no importa ni el el tiempo empleado, ni el puesto conseguido, lo único que te llena de satisfacción es haber conseguido completar por fin una carrera que llevabas muchos años esperando... y entro en meta corriendo  para poder abrazarme con mi tocayu el Demonión de Nembra, el alma mater de este precioso proyecto que es Reinoastur Nembra.

El Bisonte del Carbayedo cruzando la linea de meta.
Finalmente conseguí completar los 22,4 kms de la prueba, con 3018 metros de desnivel acumulado (1509 metros positivos y 1509 metros negativos), en el puesto 101 (sobre 124 corredores en meta) con un tiempo de 4h:25':26", a 1h:56':12" de Oscar Buján Rodriguez que fue el vencedor de la prueba, y a 90 minutos de mi compañero de expedición  Alfonso Cano, al que sólo una desgraciada caída en el tramo final le privó de meterse en el TOP10 de la prueba.

Mereció la pena la espera para poder disputar esta carrera. Solo me queda darle las gracias a la organización por dejarnos disfrutar de una prueba tan fantástica como esta. Espero que no tengan que pasar otras diez ediciones para que pueda volver a correr por los montes de Nembra, que aún  sigo teniendo clavada la espina de no haber podido disputar nunca la prueba larga.

 Y ahora me tomaré una larga  temporada descanso para recuperar completamente de los problemas de gemelo, sin objetivos a la vista hasta el mes de diciembre.

Nos vemos corriendo por montaña

martes, 3 de julio de 2018

Transfronteriza 2018

Un entretenido viaje en autobús nos lleva hasta el pintoresco pueblo donde tendrá lugar  la salida de la prueba.  Estas tierras fueron en su día parte del Reino de León, y en algún momento de la historia, como consecuencia de los intereses personales de los nobles que regían los destinos de las humildes gentes que habitaban estas olvidadas tierras, el pueblo, quedo dividido entre dos países, pasando a denominarse Rio de Onor la parte portuguesa y Rihonor la parte española, sin embargo sus escasos habitantes siempre han coexistido en perfecta armonía, para ellos siempre se ha tratado de un único pueblo, que en  Rihonorés (dialecto propio que se encuentra casi extinto y que deriva  del asturleonés) siempre ha sido conocido como Ruidenore, siendo la parte española conocida como Povo de Cima (Pueblo de Arriba) y la portuguesa como Povo d'Abaixo (Pueblo de Abajo).

Momentos previos a la salida con mi compañero de aventuras Joaquín Cañizares (Foto: Trailcyl)
En la linea de salida la temperatura es fresca y como ya vamos cambiados para correr, mientras acaban de montar el arco de salida, muchos corredores buscamos refugio en el interior del bar cercano. Unas fotos de rigor, y tras las pertinentes palabras por parte de las autoridades, se da la salida y arranca nuestra particular batalla deportiva por hacerse con el trono deportivo de esta gran balsa de piedra que es la Península Ibérica,  en un ambiente festivo.
Salimos en dirección norte corriendo por la empedrada calle que discurre por el Povo d'Abaixo,   a los 400 metros un cartel nos indica que acabamos de cruzar la raya, y apenas cien metros más adelante cruzamos el río homónimo que da nombre al pueblo.
Puente sobre el que se cruza el Rio Honor (foto: Lonifasiko)
Salimos del Povo de Cima por un camino llano de tierra. al paso por el kilómetro dos el camino gira a la izquierda y comenzamos la primera ascensión del día. El tramo inicial es sencillo pero  incrementa su dificultad a medida que ascendemos por  un amplio y empinada cortafuego diseñado con escuadra y cartabón y que nos hace ganar altura hasta coronar un fuerte repecho, momento que aprovecho para tomarme un  respiro apoyado en un vértice geodésico portugués -mucho más cuidado que los españoles-  y disfrutar las fantásticas vistas que nos regala la cima de  la muy noble y leal Vila de Bragança. Un pequeño tobogán, un último tramo muy pendiente de subida y por el mismo cortafuegos alcanzamos la primera cumbre del día (km 5- 46':22").

Apenas 500 metros más adelante, ya en territorio descendente, encontramos parada y fonda en el primer avituallamiento de la jornada. Un rápido tramo de bajada y ya  en terreno llano  a correr por pistas entre pinares mientras seguimos avanzando por la raya, esa delgada y  artificial linea sobre un mapa que los intereses de reyes y nobles han creado  durante siglos, agrupando administrativamente todos los  pueblos indígenas  que habitan Iberia desde tiempos  inmemoriales en  dos estados, dos países hermanos que durante demasiado tiempo han vivido de espaldas.

Mientras todos los participantes corren lo más rápido que pueden, yo falto de confianza desde mi último fiasco en Biosfera Trail, sigo inmerso mi particular  marcha senderista, descolgado del resto de corredores, hundido en la penúltima plaza de la clasificación y  avanzando más despacio que un muñeco de playmobil. Cuando ya llevamos disputados aproximadamente el 25% de la prueba llega la hora de tomar una decisión importante, puedo  seguir reptando por la Sierra de la Culebra  como una serpiente de gran tamaño los 25 kms restantes hasta meta, o puedo ponerme  las pilas, arriesgar y correr  a riesgo de que las piernas no aguanten. Si corres a nivel individual puedes hacer lo que quieras, pero cuando corres una prueba por  equipos, y más cuando representas los colores de un país, aún tratándose de una competición amateur, debes dejarte el alma por respeto al resto de compañeros de equipo y por respeto a todas las personas que sienten la bandera que estas representando, así que la elección es sencilla. Una rápida cuenta mental me dice que si en la salida había 66 inscritos, y si quiero sumar y no restar para mi selección, debo quedar de la mitad para delante, lo que implica que debo superar al menos a 33 rivales, y en este momento únicamente llevo 2 por detrás y los que me preceden empiezan a estar muy lejos.  Sin tiempo que perder  arranco, poco a poco recupero distancia y empiezo a adelantar a los primeros corredores. Muchos de ellos leoneses como yo. Una rápida y empinada bajada por cortafuegos y en el fondo del valle encontramos el segundo avituallamiento de la jornada (km 11- 1h:20':56"). 
Uno de los 6 pasos por el  del Río Manzanas (Foto: Tortugas Trail)
Abandonamos definitivamente la raya para adentrarnos en territorio español mientras disputamos el tramo más bonito de toda la prueba. Por un sendero que serpentea entre bosque de ribera vamos remontando el curso alto del Río Manzanas, un precioso riachuelo de montaña cuyas aguas cristalinas  cruzamos hasta en 6 ocasiones. Entre helechos y praderías, protegidos por arboledas avanzamos hasta cruzar por el interior del río bajo un viejo puente de piedra, giramos a la derecha y por sendero comenzamos la segunda ascensión de la jornada. En este instante llevo  a 14 corredores por detrás y por delante  no veo a ningún corredor en lo que me alcanza la vista, pero aún  queda mucha carrera.

Atravesamos el pequeño  pueblo de Santa Cruz de los Cuerragos donde se encuentra el tercer avituallamiento (km 14'5-1h:52':53") y continuamos ascendiendo hasta que al llegar al km 15 coronamos un pequeño repecho y pasamos por al lado de un viejo castro celta, se trata de los restos de un antiguo asentamiento zoela. Los zoelas eran la tribu más meridional de los antiguos astures, un pueblo prerromano que lleva más de dos mil años   habitando una franja de tierra que va desde el Mar Cantábrico hasta el Río Duero, en tierras de las actuales Asturias, León, Zamora y Tras Os Montes, así que  por estas tierras sigo corriendo en casa, tanto en el lado portugués como en el español. Alcanzo a Paquito y a Arcadio, el bañezano y el benaventino son dos viejos conocidos  con los que he compartido muchas carreras, lo que me aporta ánimos renovados

Segunda ascensión de la jornada en Santa Cruz de los Cuerragos (foto: Tortugas Trail)

Un tramo llano de descenso por  cortafuegos donde  literalmente vuelo devorando kilómetros a ritmos de 4:00-3/50 min/km, una velocidad inusual para mi, que no obstante me permite recuperar posiciones con facilidad e iniciamos el tramo final de ascensión. Una rápida parada en el cuarto avituallamiento de la jornada (km 19- 2h:29':00"),  casi 3 kilómetros adicionales de ascensión y al paso por el km 21,5 tocamos el techo de la prueba a 1195 metros de altitud. 

A partir de aquí 7 kilómetros de rápido y continuo descenso. A la salida del quinto avituallamiento  transitamos  500 metros campo a través por el interior de un pinar,  momento en el que supero al corredor número 33, se trata de un compañero portugués que va corriendo en compaña de su perro.  Quedan unos 7-8 km a meta pero contra todo pronostico he conseguido mi objetivo de dejar de ser una rémora y sumar para mi equipo. Con la moral por las nubes vuelvo a encadenar otros 3 kms a ritmo próximos a 4 min/km, y aunque no veo a nadie por delante continuo inmerso en mi particular contrarreloj individual. La pesada y lenta  boa constrictor de los primeros kilómetros parece haber mutado por arte de magia en una suerte de Cuelebre -serpiente alada de la mitología asturiana similar a un dragón-. ¡Que bonito es correr por montaña cuando se tienen piernas! Hoy estoy disfrutando un montón. 

En el kms 30 llegamos al fondo del valle y comenzamos la última ascensión de la jornada. Una breve parada en el último avituallamiento del día y a subir. De fuerzas voy sorprendentemente bien, pero empiezan los primeros amagos de calambre en gemelos/soleos. ¡Vamos Bisonte, cada segundo que ganes es un segundo de margen para los compañeros que vienen por detrás!. Corono en el km 31 al paso por una vivienda engalanada con multitud de banderas españolas y afronto el kilómetro final ya en por las afueras de Figueruelas de Arriba. Un tramo de sendero entre huertas y vides a las afueras del pueblo y 200 metros finales de subida hasta alcanzar esa meta a la que llego literalmente fundido, con la satisfacción de haberlo dado todo (y la sensación de que si hubiese corrido de forma  diferente mis piernas hoy quizá hubiesen tenido 15-20 minutos menos).

Finalmente conseguí completar los 32 kms de la prueba con 2800 metros de desnivel acumulado (1500 positivos y 1300 negativos) con un tiempo de 3h:45':41" , a 1h:.01':21" del ganador que fue Jose Juan Clemente del Río y alcanzando una digna posición 26 (sobre 60 corredores ne meta).
Entrando en meta (foto: Trailcyl)
Para cerrar la jornada una revitalizante ducha de agua caliente en el camping de la población y un sabroso arroz a la zamorana por gentileza de la organización, que estaba tan bueno que a punto estuvimos de raptar al cocinero y llevárnoslo con nosotros de vuelta para León. Al final los corredores españoles se llevaron por segundo año consecutivo la victoria en esta fiesta de hermanamiento entre españoles  y portugueses donde el deporte solo es una disculpa. Solo cabe felicitarles por su victoria y retarles para el año próximo. 

No quiero finalizar mi crónica sin dedicarle unas palabras de agradecimiento a la organización.  Es un formato diferente de carrera, con el aliciente de competir por equipos defendiendo los colores de tu país lo que siempre genera un ambiente especial, poniendo en valor  un entorno privilegiado e injustamente olvidado de Zamora y Tras Os Montes, con un recorrido rápido y divertido, y con un esmerado trato al corredor que cuida hasta el último detalle (duchas de agua caliente, buena comida postcarrera ,  bolsa del corredor repleta de productos locales, etc) y sobre todo ese trato acogedor  recibido que hace que el corredor se sienta como en casa desde el primer hasta el último momento, ese toque mágico que solo se consigue en aquellos proyectos que se hacen con cariño por parte de personas, como nuestro admirado Lobo de Aliste, que se dejan la piel de manera desinteresada y dedican muchas horas y esfuerzos a sacacar adelante carreras tan bonitas como este y que ponen pueblos en los mapas. Muchas gracias por todo, espero poder volver en el futuro y traer conmigo muchos más corredores leoneses para que puedan disfrutar de esta fantástica experiencia

Próxima parad del Bisonte World Tour 2018: La Batallona de Somiedu

Perfil de la Transfronteriza 2018

viernes, 25 de mayo de 2018

Biosfera Trail 2018

Un año más vuelvo a Ciñera para enfrentarme a  una de las pruebas más bonitas y más duras del calendario de montaña leonés, una carrera que desde su nacimiento siempre se ha caracterizado por poner en valor esta entrañable comarca minera leonesa, por dar un exquisito trato al corredor, y por innovar año tras año creando nuevas modalidades y distancias adaptadas a las diferentes tipologías  de corredores de montaña. Personalmente, y aunque he renunciado por precaución a participar en la maratón, creo llegar en muy buenas condiciones físicas para hacer una buena carrera.

 A las 8 de la mañana dan la salida de la  maratón y a las 9 salimos los de la prueba de 26 kms. Una vuelta al pueblo inicial, un tramo llano por el sendero que une los pueblos de Ciñera y La Vid donde es posible correr muy rápido,  y tras pasar por un túnel bajo la nacional que une León y Asturias (km 2,5 - 12´:30”), comenzamos la ascensión a Peña Colorada. Es la primera montaña que asciendo en toda la temporada y se me agarra a las piernas  como una losa. Paso de correr muy cómodo y bastante rápido en el tramo inicial, a sentirme pesado y rígido como el ancla de un petrolero, y eso que he bajado unos 8 kgs de peso desde la temporada pasada, no obstante pienso que es sólo parte del proceso de adaptación a la montaña y que poco a poco iré sintiéndome mejor.  Subimos sin descanso hasta alcanzar la cresta del monte, una pequeña bajada de apenas unos 150 metros, y afrontamos entre peñas el tramo final hasta coronar Peña Colorada (km 4,75 - 48’50”).

Comenzamos un descenso muy rápido, primero por prados, luego por senda y finalmente por un tramo más técnico. Los tramos corribles bajo relativamente bien, sin embargo en los tramos que presentan una  mínima dificultad técnica voy con mucho miedo. En diciembre me caí en un descenso disputando  la Carrera de Matallana de Torío y parece que el miedo a caer de nuevo ha anidado con fuerza en mi mente, lo que hace que baje con una torpeza y lentitud infinita, y como consecuencia poco a poco me van adelantando corredores que me pasan como tiros, mientras yo desciendo a velocidad de marmota.  Llegamos abajo, un tramo llano de unos 600 metros por pista y alcanzamos el primer avituallamiento de la jornada (km 8,4 – 1h:20’:43”).  El tiempo de paso es muy bueno, pero las sensaciones no acaban de ser positivas. Bajar con tanta inseguridad me genera mucha tensión y el desgaste muscular es mayor de lo normal, por lo que me siento muy agarrotado de piernas, y lo peor es que la bajada de este primer pico es la más sencilla de toda la jornada.

Enciendo mi MP3, pienso que iré cogiendo más soltura y confianza en las bajadas a medida que avance la prueba, y con ánimos renovados afronto la ascensión al Cueto San Mateo. Un primer tramo ascendente por sendero entre bosques, un tramo llano de un kilómetro por pistas, antes  de enfrentarme al tramo final más pendiente y complicado que entre peñas nos lleva hasta cumbre. Sin contratiempo alcanzo la cumbre del Cueto San Mateo que se presenta semioculta entre la niebla y las nubes bajas. Me encuentro en el techo de la carrera (km 12,7 – 2h:10´:18”), y antes de iniciar el descenso decido tomarme un descanso de unos 3 de minutos guardando los bastones, ingiriendo una pastilla de magnesio para evitar los calambres, y contemplando las preciosas vistas que siempre nos regala esta cumbre, incluso en días grises en los que existe visibilidad reducida.
Tramo intermedio de bajada del Cuetu San Mateo - Fuente: Leonoticias
La bajada del Cueto siempre es complicada, tiene algunos tramos muy técnicos de destrepe, con y sin cuerdas fijas de apoyo, e incluso en días como hoy donde el sendero está en buen estado por no encontrarse la piedra húmeda, debe tomarse con mucha precaución para minimizar el riesgo de caída. Un tramo inicial entre peñas, un breve tramo intermedio menos pendiente y más  corrible, el tramo final de bajada más técnico y Llegamos abajo, un corto y exigente repecho, el paso a través de la emblemática galería minera y alcanzamos el segundo avituallamiento (km 15,9 – 2h:48´:50”).


Subida al Picu Cuchillar

Comenzamos la tercera ascensión de la jornada, la más corta y sencilla de toda la prueba, sin embargo al poco de comenzar a subir comienzo a sufrir fuertes calambres en los cuádriceps y eso que todavía voy por el km 16. Suelo sufrir problemas de calambres habitualmente, pero esta vez han aparecido demasiado pronto en el tiempo y demasiado lejos de meta, lo que representa un contratiempo muy serio. Comienzo a maldecir en arameo, hebreo, latín e incluso en élfico, pero no queda otra que seguir avanzando. Como quiera que sea que la subida es sencilla, con bajar el ritmo y acortar la zancada voy librando hasta llegar arriba. 


Coronamos el Cuchillar (km 17,2 – 3h:07´:04”), cruzamos la escombrera, y por un estrecho sendero entre escobas iniciamos el rápido descenso. Aquí me debo detener en varias ocasiones y ponerme a estirar. Empiezo a tener menos futuro que la amistad entre Valentino Rossi y Marc Márquez, afortunadamente la bajada está en buen estado y no resbala tanto como en ediciones previas, lo que me facilita el trabajo.
Llegamos abajo, enlazamos con un nuevo tramo llano por pista donde voy tan ofuscado que a  punto estoy de saltarme el tercer avituallamiento de la jornada (km 18,6 – 3h:21´:24”). Nos  adentramos en el Faedo y afrontamos la dura ascensión por el interior del bosque de hayas centenarias que dan nombre a este emblemático bosque. Cada poco debo detenerme  a estirar, aun así voy ganando altura, supero la escombrera que se encuentra a media ascensión,  un  último tramo  de ascensión entre peñas antes de afrontar los últimos metros hasta cumbre que se deben hacer literalmente escalando.


Tramo final de "escalada" al Picu Los Casetones

Toco la cumbre de Los Casetones (km 20,2 – 3h:54´:36”), un breve cresteo, y en completa soledad inicio  un descenso que combina tramos técnicos con tramos de cómodos senderos por praderías donde es posible correr muy rápido. Yo continúo mi particular calvario personal, incapaz de correr, hasta el punto de que me tengo que detener de nuevo al cruzar un río, y aprovecho para meter a remojo mis maltrechos cuádriceps. A estas alturas ya no existen soluciones mágicas, pero las frías aguas de este arroyo supongo que ayudan a soldar temporalmente las múltiples microroturas a nivel fibrilar y mitigan por un corto espacio de tiempo mis molestias musculares.
Entramos de nuevo en el Faedo, y para mi sorpresa este año no atravesamos la senda de tarima que serpentea  por el  interior de este centenario bosque, sino que avanzamos por un estrecho sendero que discurre por la ladera opuesta del estrecho valle.
Alfredo Álvarez y Pablo Ródriguez entrando en el Faedo de Ciñera
Y toca afrontar la quinta y última ascensión de la jornada. Afortunadamente en esta ocasión llevo suficiente margen como para no tener que preocuparme por el cierre de control, pero voy tan tocado en lo físico, y tan quemado a nivel psicológico, que tengo la sensación de estar escalando un ochomil.  Primer tramo de subida por piedra suelta, un ligero descansillo a media subida donde está ubicado el último avituallamiento de la jornada y finalmente un último tramo de nuevo entre peñas que nos conduce a la cumbre de La Sardonal (km 23,3 - 4h:56´:48”).
Cresteo final por la cumbre de La Sardonal con los pueblos de Ciñera y La Vid al fondo del valle
Por delante queda un cresteo técnico y la bajada final camino de meta. Y aquí es donde la frustración alcanza niveles extremos, veo impotente como uno detrás de otro me van superando infinidad de corredores de la prueba corta, corredores de la prueba  larga (46 kms), una familia completa de orugas procesionarias,3 tortugas laud, una excursión de afectados por silicosis con la bombona de oxígeno a la espalda, La Santa Hermandad del Cristo de los 7 clavos posesionando con los pasos de Semana Santa al hombro, e incluso la Banda de Gaitas ciudad de Oviedo al completo tocando la danza del Oso mientras desfilan vestidos con el traje regional. Y es que  el cresteo se me hace más largo que  una carrera de caballitos de mar en el hipódromo de la Zarzuela , pero acaba y comienza el descenso final, y es todavía más duro porque aquí los cuádriceps sí que van ya al límite.

Mientras desciendo caminando observado impotente con me siguen adelantando corredores, hasta que me sobrepasa el mismísimo espíritu del malogrado Sthepen Hawkins en su silla de ruedas, y con su característica voz electrónica me dice: “He dedicado toda mi vida a estudiar los agujeros negros a nivel teórico, y resulta que tenía uno real delante de mis narices, Bisonte ¿Dónde has estado toda mi vida? eres un auténtico agujero negro, eres capaz de hacer desaparecer cantidades ingentes de energía y materia cuando corres por montaña. ¡Anda artista, agarrate a la silla que te llevo hasta meta!”.
A ver si acaba pronto esta odisea que nada tiene de épica y mucho de absurda. Llego a las primeras casas de Ciñera, aproximadamente unos 700-800 metros llanos me separan de meta. Sigo andando sin la menor intención de correr, sin embargo la agradable conversación con otro corredor que me alcanza me aporta ánimos renovados, y más por orgullo que por fuerzas, completo corriendo los últimos 400 metros para entrar en meta con la sensación de estar más devaluado como corredor que un título universitario de la Universidad pública Rey Juan Carlos.

Por primera vez en muchos años no miro el reloj en meta.  El tiempo límite no es un problema y doy por sentado que habré tardado unas 6 horas. Al día siguiente, ya en frío,  compruebo que en completar los 26 kilómetros con 4.400 metros de desnivel acumulado (2200 positivos y 2200 negativos) he tardado 5h:35’:45”  a 2h:27´:33” del ganador que fue Guillermo Sánchez Ledo, ocupando el puesto 56 sobre 100 corredores en meta.

¡Qué gran paradoja! Acabo de acabar mi quinta Biosfera Trail, una carrera que me encanta y donde siempre me han tratado muy, muy bien, acabo de conseguir probablemente el mejor tiempo de mis 5 participaciones, y me voy con una sensación de desilusión, decepción personal y fracaso deportivo tremenda.  Lo cierto es que la montaña siempre imparte justicia, aquí no hay arbitrajes polémicos, ni decisiones extrañas, sencillamente la montaña te pone en el lugar que te corresponde. Yo había llegado extremadamente confiado, ya tan crecido que pensaba que  iba a ser capaz de mear medio litro de colonia de marca por cada litro de agua que fuese capaz de ingerir en cada avituallamiento, y aun siendo capaz de llegar  a meta, hoy la Biosfera me ha derrotado. ¿Cuánto vale esta meta? NADA. El sufrimiento siempre debe ser un personaje secundario en cualquier prueba de resistencia, pero si se convierte en protagonista principal de la obra, el deporte popular pierde todo su sentido. Tiempo habrá de analizar lo sucedido, de modificar entrenamientos, y espero que de volver con renovadas fuerzas.

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