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domingo, 12 de julio de 2015

La Batallona de Somiedo 2015

La Batallona de Somiedo es una carrera diferente. Tengo serias dudas  que con 1000 metros de desnivel acumulado negativo pueda ser considerada una carrera por  montaña en sentido estricto, pero lo cierto es que me divierte mucho y el resto carece de la mínima relevancia. Para mi es una fiesta de confraternización entre las 2 mitades de un mismo pueblo, los astures cismontanos o leoneses que habitan al sur del cordal  y los  astures transmontanos o asturianos que habitan al norte . La carrera es solo la disculpa para disfrutar de estas imponentes montañas que a modo de columna vertebral nos unen y de estos preciosos paisajes con los que los viejos  dioses de nuestros ancestros nos han obsequiado.

A nivel personal llego en mi mejor momento de forma de los últimos 20 años. Cuatro semanas han pasado desde que disputé  los Aquilinaos en su modalidad larga. La sensación de euforia que se apoderó de mi tras cruzar la meta en mi primera ultra (60 km) y encima acabando con muy buenas sensaciones, se había tornado en decepción tras haber soportado molestias en la rodilla izquierda que me tuvieron completamente parado por espacio de 15 días. Afortunadamente las molestias remitieron e inexplicablemente, como  si los 15 días de reposo hubiesen servido para regenerar mi organismo y estuviese envuelto en una especie de proceso de "supercompensación", había vuelto con una fortaleza física inusitada y con la moral por las nubes. 

Llevo desde enero con ganas de poner a prueba este oxidado organismo y creo que hoy es el día para tratar de probar si todavía me queda un mínimo atisbo del atleta que fui cuatro lustros atrás. A estas alturas de mi vida ya no tengo nada que demostrarle a nadie, pero si me gustaría  demostrarme a mi mismo que este prehistórico bisonte todavía puede actuar como telonero de ese fantástico elenco de galgos (Diego Alonso, Javi Pascal, Manu Caballero, Pablo Merino, Jose Enrique Villacorta, Sergio Natal, Victor Garcia y Omar Álvarez) con los que tengo la suerte de compartir equipo en el Club de Montaña Cumbres de León.

Salida de la Batallona en el Alto de la Farrapona
En el Alto de La Farrapona se encuentra la salida. A la izquierda relinchan los asturcones y a la derecha rugen los leones.  Ocupo mi lugar en las primeras lineas del cajón reservado para las huestes leonesas y me noto sorprendentemente tranquilo. Suenan los himnos de Asturies y LLión, momento tradicional y en mi caso especialmente emotivo por tener como diría Alejandro Sanz el corazón partío. Mi alma y el 100% de  mi sangre es azul como la bandera de la tierra que me dio la vida, pero a día de hoy mi corazón y mi gente es la que lleva el León impreso en el costado izquierdo de estas camisetas rosas, más propias del día del orgullo gay que de los colores de la bandera que deberían representar, con las que la organización ha tenido a bien equipar a las huestes del Reino de León.

Salida de la prueba
Finaliza la cuenta atrás y salimos como toros en un encierro de San Fermín. El primer kilómetros es bestial. A pesar de bajar reteniendo zancada tengo la sensación de bajar muy rápido, sin embargo veo como constantemente me sobrepasan corredores por ambos costados y debo ir concentrado para no tropezar con ninguno de los que se me cruzan buscando un espacio donde poder correr todavía más deprisa.  Al paso por el primer km veo con estupor que mi reloj marca 3':15" (frente a los 7':00" que tardé el año pasado). ¡Por la sotana de lino de San Francisco de Asís, patrón de las bestias pardas! ¡Sooo, Bisonte sooo!!! que esto es muy largo y vas muy deprisa.

Lago de la Cueva
Bordeamos el Lago de la Cueva y comenzamos la ascensión a Cerveriz. Inevitablemente hecho pie a tierra y subo andando. A mi lado llevo a  Henar González, quién a la postre resultará digna vencedora absoluta de la carrera y con quién tuve la suerte de compartir carrera hasta el Lago del Valle. Paso por el km 2 en 10':20" (frente a los 17':02" del año pasado) y me encuentro con Nary Ly, último gran fichaje del equipo leones. Intercambiamos unas palabras y seguimos marcha. Corono el puerto corriendo  y ante mi aparece una preciosa vista de la Majada de Cerveriz. 

Subida a la Mayada de Cerveriz
Vista de la Mayada de Cerveriz y la Vega de Camayor desde el alto de Cerveriz
Trato de seguir como buenamente puedo la estela de Henar, que corre con la agilidad de una gacela y al mismo tiempo trato de mantener un ritmo asequible para mi nivel.  Llego al primer avituallamiento (km 5), donde apenas me detengo por espacio de unos  30 segundos.

Lago Cerveriz
Un último esfuerzo y abandonamos la Vega de Camayor. Llevamos 5,6 km aprox y mi Gramin marca 31':31" (a 5':39" km/h).

Último tramo de la Vega de Camayor antes de enfilar la bajada al Lago del Valle
Comenzamos el descenso al Lago del Valle por las Divisas. Es el único tramo supuestamente técnico de todo el recorrido, aunque siendo objetivos la dificultad no es elevada. La mayor parte del recorrido es por un estrecho sendero de tierra y rocas donde se circula en rigurosa fila de a uno. Nada más comenzar el descenso consigo adelantar a 4 corredores en una acertada elección de trazada y este hecho incrementa mi confianza, elemento indispensable para afrontar con garantías una bajada de estas características. Continuo bajando y consigo sobrepasar a algún otro corredor hasta que un par de malas pisadas me recuerdan lo fácil que es estropear una  carrera de montaña por un exceso de confianza y decido moderar el ritmo y dejar de hacer el cafre.

Finalmente alcanzamos el Lago del Valle y tras bordear un lateral del mismo llegamos al segundo avituallamiento del día. Estoy en el km 9 aprox y llevo un tiempo de 53'28". Decido tomarme un respiro y hago una parada de unos 2-3 minutos. Bebo un par de botellines de agua, aprieto los cordones de ambas zapatillas, estiro cuadriceps y arranco de nuevo ya en solitario.

Vista del Lago del Valle y de la pista que nos adentra en el Valle del Lago
Por delante tengo unos 13 kms de terreno muy favorable y voy con  la sensación de tener las energías casi intactas, momento en el que decido poner mis 93,5 kg al servicio de la física. Alargo zancada y dejo que la teoría de la gravedad de Newton se encargue del resto. Por el km 10 paso en 59':50" y por mi cabeza pasa  una idea completamente descabellada apenas una hora antes ¿Y si consigo bajar de las 2 horas?. Quedan 12 km y para ello debería correr a 5 mim/km, una velocidad de crucero impensable en fechas recientes,  pero  si las piernas me respetan a nivel muscular, ciertamente alcanzable en la jornada de hoy. Vuelvo a la vieja escuela, apenas consulto el reloj y me limito a correr por sensaciones, tratando de avanzar lo más rápido posible, pero disfrutando al máximo del entorno y de cada momento de la prueba.

Vista del Valle del Lago
Llegando al Pueblo de Valle del Lago  alcanzo a Sergio Natal lo cual me sorprende una barbaridad. Es un corredor con un nivel muy superior al mio, por lo que lo primero que pienso es que viene lesionado. Le pregunto si esta bien y me comenta que solo viene desmotivado porque algún gracioso ha movido una baliza del recorrido y se ha perdido, echando al traste con toda su carrera. Le adelanto y sigo hasta que llegando al avituallamiento me encuentro de nuevo con Henar que sigue volando  en compañía de 2 liebres de lujo Mauro Tezza Y Hector Gómez. En el momento de alcanzarlos escucho a un niño que cuenta a nuestro paso 42, 43, 44 y 45...  ¿estará el niño cantando nuestras posiciones en carrera? No puedo creerme que llegando al km 15 vaya en semejante posición. Sea o no cierto, lo cierto es que me da un subidón de moral de los que hacen época. Por mi cabeza pasa la descabellada idea de acabar en el TOP 50. Paso el avituallamiento de Valle de Lago (km 15) y apenas me detengo por espacio de 20-30 segundos, tiempo  justo para beber un par de tragos de agua y tirarme le resto por la cabeza

Llegando al pueblo de Valle del Lago
Con las fuerzas intactas y la moral por las nubes me encomiendo de nuevo  a nuestra señora de los bisontes desamparados y me lanzo al galope. ¡Que los cuadriceps aguanten! que ya me había olvidado de lo bonito que es correr cuando las piernas responden y estoy disfrutando como un enano. Poco a poco voy deborando kms y adelantando no sin dificultad algún contrincante, y todo a pesar de que a estas alturas la fuerzas son parejas y el nivel de mis rivales es muy alto. A unos 2 km de meta pisamos carretera por primera vez entoda la prueba y siento como si me atrapasen en un campo magnético. Tengo la sensación de pesar 135 kgs y de haberme quedado pegado al suelo. Las piernas protestan y voy incómodo pero el caso es que debe ser más un efecto psicológico que puramente físico porque sigo avanzando a muy buen ritmo. Abandonamos la carretera y entramos en un estrecho sendero y escucho pasos por detrás. Es algún corredor que baja más rápido que yo, me adelanta y compruebo que es Sergio Natal. Intentó seguir su ritmo pero este tio es muy , muy bueno y mis piernas son incapaces de ir más deprisa, aún así procuro mantener la referencia visual hasta que aproximadamente un km de meta aparece un pequeño repecho donde tengo imperiosamente que parar y subir andando. Me adelanta un nuevo corredor leonés y aunque tampoco le puedo seguir, al menos si me quedo con su referencia visual. Un último tramo de carretera, una rápida bajada por un estrecho sendero y entrando en Pola de Somiedo veo al gran capitán Salva Calvo.  Apenas me quedan unos 500 metros a meta y aunque el gemelo izquierdo me  amenaza con acalambrarse por primera vez en toda la prueba, ya nada me puede detener. Un último esfuerzo, cruzo el puente, enfilo la larga recta de meta, cuando para mi sorpresa noto el aliento de  un corredor que viene como un avión y trata de adelantarme por mi derecha. Aprieto los dientes y esprinto con todas mis fuerzas como si me persiguiese la mismísima muerte, consiguiendo superarle por apenas unas centésimas de segundo. Cuando trás tras cruzar la pancarta de meta miro para atrás,  veo que es el leones Alberto Garcia quién me ha puesto el motor a 3500 revoluciones por minuto.  Creo que es la primera vez en las 4 ediciones disputadas de la prueba en que necesitan usar la foto finish para dilucidar un puesto.

En la llegada el primer intercambio de impresiones con Alfonso Cano, Diego Alonso y Sergio Natal y a esperar el desenlace de la prueba. Veo como van llegando  mis compañeros del Maratón Benavides Javi y Mario, también  Jose de Pepe, Armando y el resto de la tropa.

Con Marío Rego y Javi Jañez del Club Maratón Benavides
En meta con Jose de Pepe
Finalmente el reino de León se consigue alzar con la victoria e iguala la contienda 2 a 2 en La Batallona. A nivel personal alcancé el puesto 36 de la general (sobre 501 corredores en meta) con un tiempo de 1h:52':52". 40 minutos menos que el año pasado y a solo 17':16" del ganador que fue el asturiano Mohamed Bakkali con 1h:35':36"


Hora de extraer conclusiones:

1.- En cualquier deporte de resistencia hay 3 características básicas que son necesarias para progresar: la calidad física, la capacidad de entrenamiento y la constancia y por último la fortaleza mental. La calidad es innata y no la poséo. La capacidad de entrenamiento se trabaja pero nunca la he tenido. Ni siquiera en mis tiempos de juventud, cuando me subía a un árbol del Parque de Ferrera mientras mis compañeros entrenaban y solo me bajaba 3 o 4 semanas antes de las competiciones importantes. Afortunadamente me queda la tercera variable y esa fortaleza mental es precisamente lo siempre me ha permitido competir. Si la cabeza dice que se puede, se puede y hoy es un claro ejemplo de lo expuesto.

2.- Enlazando con el punto anterior:  un tractor no deja de ser un tractor aunque le cambies la caja de cambios y las 4 ruedas. Lo de hoy solo es un espejismo y lo cierto es que todavía no he empatado con nadie en esto de correr. Cualquier atisbo de euforía no es aceptable y la realidad es que  la próxima carrera volveré a mi posición habitual a cola de pelotón.

2.- Aunque me quede por aguantar mecha en mi casa de avilés  y me lluevan los palos por haber competido contra Asturias, algo inaceptable desde la perspectiva de una familia integramente asturiana, siento un profundo respeto por la bandera del León y para mi es un orgullo defender sus colores, así que creo que en 2016 volveré a competir defendiendo sus colores....aunque mi representante escucha ofertas ¡¡¡¡¡eh!!!!!

Próxima parada del Bisonte World Tour 2015: Carrera de Montaña Villalfeide-Polvoreda

domingo, 14 de junio de 2015

Travesía de los Montes Aquilianos 2015


Hace 4 años tuve la suerte de conocer  la Travesia de los Montes  Aquilianos en su modalidad corta y desde aquel instante siempre tuve la intuición  de que mi debut en pruebas de ultramaratón tendría lugar precisamente en esta prueba, sin embargo hasta este momento siempre había encontrado alguna disculpa para evitar enfrentarme a este particular reto. Este año por fin, y tras rehusar en ocasiones previas con la inscripción ya pagada, se me acabaron las justificaciones y me tocó enfrentarse a mis temores y mis fantasmas interiores. Y es que plantarse en la salida de una carrera de montaña de  60 km, con un entrenamiento a todas luces escaso, irregular y mal planificado y partiendo de la premisa de que  solo en una ocasión a lo largo de tu vida has  superado la barrera de los 32 km (precisamente Aquilianos 46 km) y cuando nunca has superado las 6 horas en carrera,  mete mucho miedo por la cabeza al más valiente de los humanos, salvo que el susodicho humano sea lo suficientemente insensato y temerario  como para carecer del más elemental sentido común.

Por fin llega  el día y la hora señalada en rojo en el calendario. Son las 6 de la mañana del día 6 del mes 6. Menos mal que no soy supersticioso que sino con saldría acojonado pensando que con tanto seis de por medio (666),  en vez de un club de montaña, está carrera la organiza una secta satánica... claro que a medida que te adentras en ese paraíso natural que es Bierzo, te das cuenta que lo único que te recuerda al maligno en todo el recorrido es la temperatura infernal que hemos tenido que sufrir a lo largo de la prueba y que a mi me ha hecho llegar a casa más chamuscado que San Lorenzo en la parrilla (y Lorenzo quemar, se quemó seguro, pero al menos pasó a la historia gracias a esa tradicional canción popular que dice: "San Lorenzo en la Parrilla les decía a los judíos, dadme la vuelta cabrones que tengo los huevos fríos").

En la salida con Cañi y Javi Cancelo
Esta vez y sin que sirva de precedente, llegamos a la salida con tiempo de suficiente  para saludar a múltiples amigos y conocidos y comprobar que llevamos todo en orden. En la inmensidad de la noche y sin la protocolaría cuenta atrás  de otras pruebas, echamos a volar en busca de nuestro Ítaca particular  con una extraña combinación de incertidumbre y emoción, con una ilusión desbordante y a al mismo tiempo con la prudencia necesaria para no volar demasiado alto y de es manera conseguir evitar que como le sucedió a Ícaro en la mitología griega,  el sol pueda derretir nuestras endebles  alas de cera.

Salimos corriendo a ritmo pausado, y cuando apenas llevamos unos 500 metros disputados, vemos un vehículo de la DGT  estratégicamente situado  a la derecha en un tramo de bajada. ¡Joder! que mal se  está poniendo esto del deporte que ya hacen controles de velocidad hasta en  las carreras por montaña y uno no puede evitar preguntarse ¿a que velocidad irán los primeros?. Cruzamos el puente sobre el río Boeza, atravesamos Otero y  comenzamos a ascender el Collado de Pajariel  mientras lentamente nos alejamos de Ponferrada. Apenas llevamos 2-3 km cuando a este grupo de luciérnagas naranjas se unen Tito y Chano del Coyança Trail con los que tendré el inmenso placer de compartir aventura hasta el avituallamiento de Ferradillo (km 45 aprox.).

Con el Señor Nemesiano "Chano" Moran del Coyança Trail

Avanzamos a ritmo cómodo y sostenido  primero por pistas de tierra y luego por un sendero que atraviesa bosques y remonta el cauce del río Oza, hasta alcanzar el primer avituallamiento del día (km 10,3). Salimos de Villanueva de Valdueza   con el modo "ahorro de energía" encendido y  tratando de avanzar gastando las mínimas  fuerzas posibles. Ver amanecer mientras corres es una sensación única, pero a estas alturas de la película, el astro rey ya reina sobre los  cielos del Bierzo.

Amanece camino de Montes de la Valdueza con los Aquilianos de fondo

Tras una breve ascensión coronamos el alto de Pandilla y  entramos en un tramo de pista que nos llevará al pueblo de Valdefrancos , desde aquí iremos remontando el rio Oza, unas veces por senderos entre bosques de ribera y algún castaño centenario, y otras (afortunadamente las menos) por carretera hasta llegar al pueblo de San Clemente de Valdueza.
Momento en que Veronica me quita las pegatinas al paso por San Clemente

Poco después de pasar el pueblo , nos desviamos del cauce del río y cogemos el antiguo camino que nos subirá hasta el pueblo de Montes de la Valdueza.  Sin darnos cuenta y sin nada reseñable que contar,  nos hemos plantado en el segundo avituallamiento del día (kilómetro 20,5). Ya llevamos más o menos una media maratón en las piernas y podemos dar por concluido el periodo de calentamiento. Tiempo para reponer fuerzas, comentar la jugada y despedir a Javi Cancelo que en su primera participación opta con buen criterio por hacer la prueba corta.

Avituallamiento de Montes de la Valdueza con Cañi y Javi Cancelo

Cruzamos un precioso arco de piedra saliendo del monasterio de San Pedro y llegamos a la bifurcación de la prueba. Los 4 jinetes del apocalipsis (Chano, Tito, Cañi y el insensato que está escribiendo ) nos vamos por el recorrido largo. Lo primero que noto es que el sendero me resulta conocido, no en vano es parte de la carrera de montaña Tebaida Berciana aunque se realiza en sentido contrario. Al poco de comenzar la ascensión al collado  debo detenerme por razones de fuerza mayor. Llevo con molestias intestinales desde el km 10 aprox y es momento de tomarme un respiro. No se si es producto de la tensión acumulada los días previos a la prueba, de haber dormido unas 4 horas la noche previa o sencillamente que a mi viejo amigo y compañero de fatigas el Crohn,  no le ha gustado la cena y se quiere hacer notar. Menos mal que en  montaña hay servicios públicos cada poco (detrás de cualquier roca, árbol o arbusto para ser precisos). En fin, son pequeños e intrascendentes gajes del oficio. Tras colocar la pertinente "trampa para osos"  vuelvo a la batalla. Subimos a ritmo vivo, liderados por Chano que nos lleva con la lengua fuera. Parece mentira que provenga de una comarca  completamente llana, porque viéndolo ascender,más que coyantino, tal parece colombiano.

Los 4 jinetes del apocalipsis coronando  el Collado   la  Malladina
Suplantando a Guzmán el Bueno: "si no te gusta León, por allí se va a la estación"

Cruzamos los verdes pastos de la cumbre del Collado la Malladina, bajada muy rápida y sencilla hasta el valle del Silencio, cruzamos el río y ascendemos hasta el precioso y pintoresco pueblo de Peñalba de Santiago. Estamos en el tercer avituallamiento del día (kilómetro 26,3). Aprovecho para refrescarme en la fuente y  beber como un camello del Gobi antes de comenzar expedición por el desierto homónimo. Una vez cumplidos los compromisos publicitarios con mi club de montaña Cumbres de Léon, y aprovechando que a estas alturas el calor es ya sofocante, me pongo camiseta de tirantes y recupero las rayas rojiblancas del Club Maratón Benavides  con las que tanto me identifico (y me identifican) y que en estos últimos 4 años  se han convertido en mi segunda piel. Hasta aquí lo sencillo, ahora comienza lo realmente duro. Ya llevamos 3h:45' de esfuerzo continuado y por delante tenemos unas 2 horas y  unos 1.050  metros positivos  hasta alcanzar la primera cumbre del día.

Cogemos el sendero que nos adentra en el valle de Friera y tras unos 600-800 metros de falso llano, nos damos de bruces con el muro de Invernalia en versión berciana. Comienzo a ascender por zona arbolada  y a  pesar de ir a la sombra, voy sudando tanto que tengo la sensación de estar derritiéndome. Cual bandolero de Guadarrama, asalto por sorpresa a un pobre corredor al que veo untandose  protector solar,  para que me permita echarme un poco  porque con camiseta de tirantes y este sol abrasador me temo que voy a acabar la carrera más chamuscado que el churrasco de un asador argentino. La subida es constante y no te da ningún respiro. Aprovecho para gastar el comodín de la tecnología  contando con que la música me hará más llevadera la dura ascensión, pero el MP3 se declara unilatermente independiente y decide que no quiere trabajar. Tendremos que subir a la vieja usanza, apretando muy fuerte un cojón contra el otro y tratando de distraer la mente disfrutar del entorno. La subida nos da un respiro al paso por la cota de los 1700 metros aprox. La pendiente disminuye al coronar una loma y por primera vez en la ascensión  encontramos un terreno favorable, momento que aprovechamos para tomarnos un merecido descanso y para  hacernos unas fotos.

Los 4 fantásticos a media subida de la silla de la Yegua
A nuestro lado pasa el gran Santi Dueña, al que en circunstancias normales solo soy capaz de seguir a través de Facebook porque en carrera ni lo veo, pero que hoy ejerce  de sherpa para un amigo. Me da unos acertados consejos y proseguimos la marcha.

Con el gran Santi Dueña
Quedan unos 350-400  metros positivos a cumbre pero lo peor ya lo hemos pasado. 

Recogiendo  los aperos de labranza antes de reiniciar la marcha 

Tramo final de ascensión a la Silla de la Yegua

Finalmente consigo superar los 3,9 km que separan Peñalba de la cumbre y  tras  1h:53' minutos de ascensión piso la cima de   la Silla de la Yegua (2.143 metros) por primera vez en mi vida. Estamos en el km 30,2 , ya  llevo 5h:40' de carrera y aparentemente me encuentro en buen estado físico y mental. Por enésima vez en la prueba, repito el ritual, coomo pastelillos con el ansia de un bulímico, deboro plátanos con la avidez  un gorila de montaña, bebo y bebo como un cosaco ruso y me mojo la cabeza y el cuello con abundante agua para tratar de rebajar la temperatura corporal. Me encuentro con Miguel Bernardo, otro de esos tipos que merecen mucho la pena y que uno conoce gracias a este mundo de las carreras por montaña.

- ¿Que tal vas Miguel?
- Bien, bien
- Nada amigo, ya lo tenemos hecho

Esta breve conversación resume las sensaciones que 2 reputados miembros de la comunidad tractorista sienten durante la practica del tractorismo al más  alto nivel. Puede que seamos más lentos que un arcaico ordenador Spectrum de cinta y puede que nos queden todavía 30 km a meta, pero los tractores somos fiables y seguros como ningún otro vehículo de uso domestico y ya nada nos detendrá hasta cruzar tan ansiada meta.

Con Miguel Bernardo en la cima de la Silla de la Yegua (2.143 m)

Y tras unos 10-15 minutos de pausa arranco el cresteo. Se trata de un tramo carente de dificultad técnica, sin desniveles reseñables  e íntegramente correndero, pero el principio contable de prudencia me hace avanzar con el freno de mano y las marchas reductoras puestas para tratar de ahorrar todo el combustible posible. Además tras 30 km y casi 6 horas de carrera, este vetusto galeón abandona aguas conocidas para adentrarse en mares inexplorados.

Primer tramo del Cresteo de Aquilianos en la  bajada de la Silla de la Yegua

En apenas 14 minutos corono la cumbre de Berdianas (2.116 metros) . El cresteo es espectacular y los paisajes te quitan el sentido. A la derecha quedan las tierras del Bierzo y a la izquierda  las tierras de mi querida Cabrera, territorio poblado por gente recia, noble y acogedora,  donde maldices a los dioses al llegar por abandonarte en tan apartada comarca y los vuelves a maldecir al marchar por tener que abandonar una tierra que te marca de por vida. Allí viví 4 años de mi vida cuando el destino me trajo a tierras del País Leonés y allí se quedo una parte de mi corazón para siempre. Absorto en mis recuerdos, pierdo la referencia y me despisto de la senda. Bajo campo a través y afortunadamente y dada la perfecta visibilidad del día, en apenas 300-400 metros vuelvo a encontrar el camino marcado. Si esto mismo me sucede un día de niebla, igual aparezco en las primeras casas  de Saceda, Noceda o Castrillo de Cabrera.

24 minutos de reloj más tarde estoy en la cima del Pico Tuerto (2.051 metros), punto kilométrico 33,3 de la prueba. Momento que aprovecho para beber de nuevo y inmortalizar el momento con mi fiel amigo y escudero Joaquín Cañizares.

Cima del Picu Tuerto (2.051 metros)

Salimos camino de la última cumbre de la jornada, que pese a ser la más pequeña de las cuatro, se muestra imponente en la distancia. A media bajada Cañi se descuelga para darle un enantium a Chano que viene arrastrando problemas musculares desde el km 13. Miro para atrás y lo veo parado a lo lejos. Le espero llegando al valle y cuando me alcanza  veo que lleva el muslo, el codo y la rodilla por un lateral ensangrentados. Se ha dado una costalada bastante considerable, pero aparentemente es solo chapa y pintura y este tío es duro como una roca. No se si es por  la mala leche que lleva pero me pasa como un avión y soy incapaz de seguirle el ritmo. Poco después también me superan Chano y Tito y tampoco les puedo seguir. En este tramo paso el momento más delicado de toda la prueba. Aunque he procurado beber y comer abundantemente en todos los avituallamientos, estoy sudando mucho y tengo la sensación de ir apajarado. Son casi 8 horas y media corriendo con altas temperaturas y el esfuerzo igual me está pasando factura. Procuro no cegarme con mis 3 compañeros, dejo que se vayan un poco por delante y decido seguir a mi ritmo. Si corono La Guiana, todo lo que queda es terreno descendente y la exigencia disminuye.  Finalmente corono y me junto con mis 3 compañeros de expedición. Estamos a 1849 metros de altitud, llevamos 8h:37' en las patas y todavía estamos en el punto kilométrico 37,8. Quedan unos 22 km a meta y yo necesito imperiosamente recuperar sensaciones. Cañi, Chano y Tito se van de nuevo por delante y yo me quedo otros 5-10 minutos más en el avituallamiento para darle un respiro ami organismo. Aprovecho para cambiar calcetines, para beber como un vikingo tras asaltar una población costera y finalmente retomo la marcha.

La Guiana vista desde el Pico Tuerto
El tramo inicial de bajada discurre por un empinado cortafuegos. Arranco con velocidad producto de la inercia ¡soooooo!¡quieto Bisonte!. Si me quedo sin piernas se acabo la carrera y los cuadriceps son mi talón de Aquiles (nunca mejor dicho lo de talón de Aquiles teniendo en cuenta que precisamente estamos en los Montes Aquilianos). Enciendo el ordenador de a bordo y la cabeza retoma el control de la situación. Tras 600-800 metros con pendiente pronunciada, abandonamos el cortafuegos y nos adentramos en un pinar. Ahora si me pongo a correr y y lo cierto es que voy a muy buen ritmo, sorprendentemente bueno me atrevería a decir. Finalmente salimos a una pista ancha y con buen firme. Sigo corriendo apoyando el peso sobre los bastones e impulsándome como si fueran pértigas hasta que doy alcance a Tito y Chano que bajan andando y aunque el cuerpo me pide seguir corriendo, el sentido común me dicta que lo más prudente es parar y continuar andando con ellos.

Unos 4 km más adelante abandonamos la pista y nos adentramos en un sendero estrecho que nos conduce hasta el puesto de control de Ferradillo. Estamos en el punto kilométrico 44'2 y te encuentras con este oasis indescriptible. Y es que el trato recibido en todos los avituallamientos es sobresaliente, no se puede esperar otra cosa teniendo en cuenta el carácter de la gente que habita estas tierras. El berciano es de trato afable y amabilidad superlativa, pero es que los voluntarios de Ferradillo son sencillamente la élite del voluntariado. Consiguen que te sientas como si estuvieses de vacaciones en un balneario de aguas medicinales. Por segunda vez en la prueba siento la llamada de la naturaleza. El cabronazo del Crohn también está corriendo su primer ultra de montaña y procura recordármelo. Corro ladera arriba en busca de unos baños públicos, coloco otra trampa para osos y me vuelvo al avituallamiento. Compruebo el estado de mis pies y encuentro que las molestias de mi talón derecho proceden de una ampolla que se está formando, sin dilación la protejo con compeed y me dispongo a sentarme en la grata compañia de algunos de mis compañeros de fatiga a disfrutar de un bocata de chorizo con queso y una cerveza que no cambiaría por ningún otro manjar sobre la faz de la tierra.
De merienda y sobremesa  con Tito y otro colega  en el avituallamiento de Ferradillo


Todavía me quedaban 2 cosas por hacer antes de abandonar tan ilustre posada. La primera es ser bautizado siguiendo el ritual de la prueba. Es el tradicional  y honorífico peaje que debemos pagar los novatos por cruzar este puesto de control en nuestra primera participación. El agua helada de la fuente y lo emotivo del acto te recarga las pilas hasta límites insospechados. Lo segundo que hago es abrir la mochila y comprobar mis reservas. Veo que me queda un enantiun, una pastilla de L-carnitina y 2 pastillas de magnesio. ¡Ordago a la grande!¡lo apuesto todo al 22 negro en la ruleta!. En previsión de sufrir problemas musculares fruto de la deshidratación y el esfuerzo acumulado, me lo gasto todo del tirón.

El primer bautizo de un bisonte en la historia de Aquilianos

Finalmente arranco renacido de mis cenizas cual Ave Fenix. Faltan unos 5 minutos para las cuatro de la tarde o lo que es lo mismo llevo 9h:55' en las piernas. Por delante 16 km a meta y por detrás una maratón de montaña ya completada.

Comienzo corriendo con cautela y cuando apenas llevo unos 200-300 metros me encuentro con Miguel Bernardo que había salido apenas medio minuto antes. La cabeza que de tantos embrollos me ha sacado quiere ir acompañada y Miguel es una inmejorable compañía pero en ese momento se produce un golpe de estado y las piernas que tantos disgustos me han dado en el pasado deciden tomar el mando. Así que en este inesperado proceso revolucionario me alejo poco a poco de Miguel y comienza mi aventura en solitario camino de la meta. El primer tramo de bajada es un estrecho sendero que atraviesa un bosque de carbayos. La pendiente no es grande y bajo a muy buen ritmo hasta salir de nuevo a una pista ancha y pendiente donde aflora el recuerdo de mi primera participación y decido bajar andando. No en vano esta bajada la hice a fuego hace 4 años y llegue a Rimor literalmente sin piernas. Como la experiencia es un grado y el diablo sabe más por viejo que por diablo, la cabeza retoma el poder por un instante. A unos 11 km de meta diviso en lontananza la Torre del Rosal y con ella tengo referencia real de la meta. Apenas a 1 km del avituallamiento me adelanta Arsenio Terrón y aprovecho la inercia para cogerle rueda camino de Rimor. Estamos en el último avituallamiento del día (km 51,2 de la prueba). Me bebo del trago 3 botes de Aquarius, relleno mis reservas de agua, me empapo completamente echándome agua por la cabeza, estiro un poco y arranco en la grata compañía de Arsenio. El reloj marca 10h.40' y por delante quedan solamente 8,8 km de terreno llano. Aunque el único objetivo era acabar la prueba, ahora que lo veo tan cerca quiero bajar de 12 horas y lo tengo a tiro. 

Salimos trotando por carretera y me sorprendo al ver que los 3,5 primeros kms los hacemos a ritmos de 5':25" min/km (ritmos que a duras penas alcanzo en mis entrenamientos habituales de entre 10-15 km), pero hoy el Bisonte galopa desbocado. Al paso por el pueblo de Toral de Merayo tengo que detenerme a beber porque la sensación de sed es considerable y eso que acabo de beber 1 litro hace apenas 20 minutos. Lo más probable es que tenga alguna fuga en mi sistema hidráulico interno, porque es imposible tener sed teniendo en cuenta que debo de haber bebido más de 12 litros en esta carrera. Camino unos 300 metros, me despido de Arsenio y echo a correr de nuevo. De nuevo la sensación de fortaleza me abruma, galopo como si me viniesen persiguiendo cazadores Crerokees a caballo, tan concentrado voy  que a punto estoy de saltarme el desvío que lleva al camino que remonta el Sil y casi sigo  recto camino del collado de Pajariel (se ve que iba con ganas de darleuna segunda vuelta al recorrido). Dos participantes de la prueba corta me avisan a tiempo y vuelvo al redil. En este tramo adelanto a un montón de gente con una facilidad pasmosa, inexplicablemente  es como si llevase una o dos marchas más que el resto y ¿Que hago yo conduciendo un Mercedes cuando suelo competir subido en un Caterham? Ni en mis mejores sueños me podía imaginar un final así. Para acabar de rematar el día , a falta de 2 kilómetros a meta y para mi sorpresa  consigo alcanzar a mi compañero de aventuras Cañi, al que no pensaba volver a ver hasta finalizada la prueba. Juntos empezamos a correr en 2011, juntos corrimos esta prueba hace 4 años y juntos cruzaremos esta meta que tanto hemos peleado. Corremos y andamos hasta alcanzar los pies del castillo templario, subimos andando y entramos en el casco histórico de la noble villa de Ponferrada. ¡Lo hemos conseguido compañero!¡Ahora si lo tenemos! apenas 400-500 metros a meta. Escuchamos los primeros aplausos de la gente y una sensación de euforia se apodera de uno. Entramos en la plaza donde se ubica la iglesia de la Virgen de la Encina y vemos en su fachada  la Cruz de Peñalba, regalo del rey Ramiro II al abad de Peñalba en el año 939 D.C tras la victoria cristiana en la batalla de Simancas. Nosotros también hemos vencido hoy nuestra particular batalla y lo mejor aún está por llegar. Nos encontramos con los compañeros del León Corre que se levantan a animarnos a nuestro paso. La euforia se transforma en emoción desmedida. Reconozco que si no hubiese ido medio deshidratado a estas alturas, hasta habría llorado de la emoción, pero creo que si intentase llorar en vez de lagrimas, creo que de mis ojos solo brotarían piedrecitas de cuarzo  producto de la sobredosis de sales minerales que he ingerido en el día de hoy.

 Un último esfuerzo y entramos juntos en meta en la posición 123 y 124 (sobre 189 corredores en meta) con un tiempo de 11h:41':36", a casi 5 horas y media de esa fuerza de la naturaleza galega  que es el gran Fernando Arca Casal y que ha conseguido ganar con un estratosférico tiempo de 6h:13':59".

Recta de meta con mi gran amigo y escudero Cañi

Cruzando la pancarta de meta

 ¡Ta fechu! que decimos por Asturies, los 60 km de distancia y los 6454 metros de desnivel acumulado (3227 positivos y 3227 negativos) ya forman parte de nuestra historia deportiva. Nos queda tiempo para tomar una cerveza en la plaza de la Encina bajo un intenso aguacero, mientras esperamos la llegada de nuestros compañeros de aventura en el día de hoy Chano y Tito que llegan en compañía de Miguel Bernardo.

Solo me queda dar las gracias a todos y cada de uno de los corredores con los que he tenido la suerte de compartir kms y experiencia en esta carrera y a todos y cada de uno de los voluntarios que a lo largo del camino nos han hecho la vida mucho más fácil, con una mención especial para los fenómenos de Ferradillo que son los "putos amos" del voluntariado.

Si los dioses celtas así lo quieren, aún me quedan muchas ediciones de Aquilianos por disputar, pero ahora lo que toca es descansar y centrarme en preparar la siguiente batalla.

Próxima parada del Bisonte del Carbayedo World Tour 2015: La Batallona de Somiedu.

sábado, 25 de abril de 2015

Biosfera Trail 2015

Son las 9 de la mañana en Ciñera. Por megafonía anuncian la inminente salida de la prueba y todos los corredores están colocados bajo la pancarta de salida. ¿Todos? ¡no!, por la recta de meta se ve venir galopando a ritmo vivo al último de Filipinas con camiseta de rayas. Al pasar por el lateral del arco de salida escucho una voz que me dice ¿así es como me piensas ganar? me giro y veo que es Pablo Villa, el otro gran favorito para ganar la prueba y que sabedor de que soy su máximo rival  trata de desconcentrarme. Pienso, no entres al trapo y mantén la concentración Bisonte, Pablo está intentando desestabilizarte mentalmente. Sigo mi curso, entro en el cercado de control de chips y me pongo a cola de pelotón junto al corredor escoba.

Han pasado 5 semana desde el Alto Sil, un mundo para entrenar si eres una persona consecuente y apenas un suspiro si eres el corredor más inconsistente de la historia del deporte. En efecto, las 3 primeras semanas no entrené ni un solo día y me acordé de Santa Barbara (nunca mejor dicho cuando estamos en territorio minero) cuando apenas quedaban 10 días para la prueba  y la bascula de casa tonteaba de nuevo con la mágica cifra de los 100 kg, que como muy bien saben los expertos en trail, es el peso idóneo para correr por montaña y evitar que una ráfaga de viento pueda elevarte por los aires cuando coronas una cumbre a 2000 metros de altitud.


Comienza la cuenta atrás y por fin arranca la tan esperada  Biosfera trail, posiblemente la prueba más dura de todo mi calendario. Por delante tengo 5 cumbres y  4400 metros de desnivel acumulado en apenas 26 km de distancia. He notado cierto nerviosismo en las palabras de Pablo Villa. Hemos mantenido un sano pique durante toda la semana, él sabe que yo soy el único rival con nivel suficiente para disputarle la prueba y creo que me tiene cierto respeto. Donde yo veo un tío con sobrepeso grado I (en función de altura, peso e indice de masa corporal) y que solo aspira a acabar en las 6 horas que marca el reglamento para el fuera de control, Pablo ve 100 kg de puro musculo y eso aconjoga un montón. Es cierto que llego muy escaso de forma, pero eso él no lo sabe, así que decido esconder mis cartas.

 Salgo de los últimos como es habitual, tras dar una vuelta por el pueblo, recorrer un tramo llano que nos lleva a La Vid, cruzamos el túnel por debajo de la carretera de Asturias y nos damos de frente con la subida a Peña Colorada que este año es muy vertical.
Tramo inicial de subida a Peña Colorada
Tramo intermedio de subida  a Peña Colorada
Subo a ritmo lento y reservando todas las fuerzas posibles. A media subida y llegando a un bosque de robles, escucho el sonido de un cencerro y una voz que grita ¿donde viene el bisonte?. Es el bueno de Tomás Baños que está realizando labores de fotógrafo. Correr  no correré un carajo, pero ánimos no me faltan nunca y eso es una de las cosas que sinceramente más me llenan en este deporte.
Panorámica de la subida a Peña Colorada
Llegando al cresteo previo a la cima de Peña Colorada
Continuo la subida, un pequeño cresteo tras coronar la primera subida y por fin alcanzo la cima  de Peña Colorada. en 1h:00':30".  Voy según lo previsto, creo no haber gastado muchas fuerzas pero noto sensación de  frío. Me pongo el chubasquero como los ciclistas al coronar un puerto alpino y me lanzo para abajo con cautela. Esta bajada es muy cómoda y muy rápida, pero debo cuidar piernas  que la experiencia me dice que siempre me quedo sin cuadriceps en algún lugar indeterminado entre las 4 y las 5 horas de carrera.

Llego al primer avituallamiento (km 8) en 1h:25':47". Parada lenta en boxes y comenzamos la ascensión al Cueto de San Mateo, el coloso de la jornada. El primer tramo más que un corredor de montaña, parezco una modelo desfilando por  la pasarela Cibeles, ahora tengo calor y me quito el chubasquero, ahora sopla el aire, tengo frio y me lo vuelvo a poner, ahora me lo vuelvo a quitar ¡una ruina de ser humano!. Subo un buen tramo charlando con Fernando López y en su grata  compañía la subida se hace mucho más llevadera. Enfilando el tramo más pindio del Cueto San Mateo me encuentro con 2 compañeros del cumbres de Léon, Javi Pascual y Toño Pozo que están de fotografos y que dicen que a Pablo Villa ya no le cojo ni montado en moto.¡Otro día será!, una vez que se ha ido la victoria debo centrarme de nuevo en acabar en 6 horas (hora límite para el fuera de control).
Corredores llegando a la cima del Cueto San Mateo
A ritmo constante consigo coronar el techo de la prueba en 2h:25':21". En la cima me siento en una peña y mientras aprovecho para beber un poco y apretarme bien los cordones de las zapatillas, me quedo embobado por espacio de unos 5 minutos mirando la preciosa vista que se vislumbra hacia el norte. La Cordillera Cantábrica se eleva ante mi dejando una sucesión de picos con neveros en sus cumbres y verdes valles. Llega la hora de bajar del Cueto. La bajada es técnica y el suelo resbala en algunos tramos. Hoy voy sin confianza y bajo con la torpeza propia de  una abuela octogenaria. No me preocupa lo más mínimo. Tengo poco que ganar y mucho que perder si no voy con la debida precaución.
Tramo técnico de bajada del Cueto San Mateo
Llego a la balsa de la Hullera, subo un repecho muy pendiente y ante mi se abre la galería minera, junto con el Faedo, el punto más emblemático de toda la prueba.
Galería minera (imagen de archivo de la primera edición)
Atravieso la galeria en completa oscuridad, enfilo el último tramo de bajada y llego al segundo avituallamiento del día (km 16). Nuevamente parada lenta en boxes y enfilo la tercera cumbre. Esta cumbre es con mucho la más sencilla de las cinco de la jornada. Sin mucha dificultad la corono en 3h:26:09", Llegando arriba escucho a un voluntario comentar que el 4 y el 5 de la general ya han llegado a meta ¡increible como corren estos galgos! Creo que  llevan todos motor Mercedes y yo voy montado en el McClaren de Alonso. Bajada por un tramo entre escobas y ahora si consigo bajar muy cómodo y adelantando corredores. No fuerzo lo más minimo, pero he recuperado la confianza y al ir sin miedo consigo mantener un ritmo de bajada superior al de otros corredores que no bajan tan seguros. Alcanzo a Paquito, con quien compartiré muchos kilómetros de aquí a meta. Llego abajo y al atravesar un puente artesanal de madera, me encuentro de nuevo al incombustible Tomás Baños. Un par de fotos para la posteridad, y tras comprobar la fiabilidad de la estructura de madera (si aguanta el paso de un bisonte de 100 kg, como no va a aguantar el paso de 300 esbeltos corzos), enfilo el camino que me lleva a la cuarta cumbre.
El" ingeniero" posando antes de realizar la prueba de carga de la estructura
Atravesando el puente de madera
Paquito siempre "genio y figura" cruzando a 4 patas
Entro en el Faedo y alcanzo el tercer avituallamiento en 3h:49:23. Es increíble la cantidad de tiempo que pierdo en cada parada en boxes. Tengo la sensación que el resto de corredores hacen paradas propias de Formula 1 y en menos de 10 segundos les cambian las 4 ruedas y a mi por el contrario me cambian los neumáticos en Feuvert, que dejas el coche, te vas a comparar a Carrefour, a la hora y media vuelves y todavía te están apretando las tuercas de las ruedas. En fin, es cierto que cambiarle las gomas a un coche no es lo mismo que cambiarle las ruedas a un tractor y además mi deposito de combustible, además de ser mucho más grande que el de un corredor normal, necesita gasóleo agrícola bonificado, lo que dificulta las labores de mantenimiento, pero creo que debo practicar este particular en el futuro.

Arranco la subida a la cuarta cumbre. Ya por los dominios del Faedo, asciendes por una marcada pendiente entre hayas centenarias de porte aristocrático, y sientes todo el peso de los campos magnéticos que te atrapan y te agarran al suelo. Las piernas ya  pesan un montón. decido utilizar el comodín del MP3. Acompaso la respiración, pongo música para ocultar el incremento de la frecuencia cardíaca, agacho la cabeza y tiro para arriba. Por el camino me cruzo con 3 corredores que están abandonando la prueba. Las fuerzas empiezan a escasear y los percances, bien sean por caídas o bien por problemas musculares empiezan a hacer mella en los participantes. Atravieso la escombrera, otro tramo de ascenso por bosque y encaro el tramo final de subida.
Tramo de escalada para coronar el el Pico Picha
Este año para coronar, hay que trepar como un gato y es que esta prueba  es sin duda la más montañera de todas las que disputo a lo largo de la temporada. Corono el Pico Picha en 4h:19:10 y sin tiempo que perder me tiro para abajo. Alcanzo a Paco por enésima vez, ya que el siempre me deja atrás  subiendo y yo le dejo a él atrás  de nuevo bajando (si combináramos nuestras habilidades, podríamos hacer un corredor bastante aceptable). Enfilo el tramo final técnico de bajada  y entro en el Faedo. En ese momento cometo el mayor error de toda la prueba. Me dejo llevar por la euforia, por lo maravilloso del entorno, o por la insensatez propia de quien no conoce sus debilidades, pero lo cierto es que cometo un imperdonable fallo de principiante. He superado ampliamente las 4 horas de carrera, vengo de superar un tramo técnico y complicado y llego con los músculos de las piernas agarrotados y chirriando más que la visagras de la puerta de un desván. Al entrar en un tramo ligeramente descendente, rápido y muy cómodo, me lanzo a correr como un poseso a ritmos próximos a 4':30" min/km con el fin de intentar arañarle 3-5 minutos al crono, sin valorar que dicha temeridad me puede costar la carrera.

Entrando en el cuarto y último avituallamiento
 Llegando al avituallamiento se me sube el cuadriceps/abductor de la pierna izquierda y entro  con el muslo izquierdo que parece la pierna de Cristiano Ronaldo. A parte del dolor que eso supone, me preocupa más la incipiente incapacidad que me ocasiona. Estoy en el km 23 y mi reloj marca 4h:49:35. Mientras repongo fuerzas y trato de estirar lo que humanamente puedo, llega de nuevo el bueno de Paquito. A mi lado hay 2 corredores que están abandonando en ese momento (uno ya estaba cuando llegué y el otro entra en los 5 minutos que estoy parado en boxes). Puede verse la decepción en sus caras, pero posiblemente han tomado la decisión correcta. Ambos arrastran problemas musculares severos, supongo que muy similares a los míos, aunque en su caso desconozco en que grupo muscular concreto. Una de las voluntarias se interesa por mi estado. No tengo palabras para describir el sobresaliente nivel organizativo de esta prueba y el compromiso de absolutamente todos los voluntarios. Me dice ¡vaya como tienes la pierna! ¿que haces?¿te retiras? La respuesta es clara, a 3 km de meta y con  70 minutos de margen, no me saca de la carrera ni la mismísima legión. Harían falta un mandato judicial y 2 patrullas de guardias civiles para reducirme. No es muy racional, ni es lógico, pero está manera insensata  de afrontar los problemas siempre me ha mantenido a flote en los momentos de dificultad y ya tengo una amplia experiencia en lidiar con estas lides. Me ofrecen un enantium y me juego el último comodín que me queda en la baraja. No sé si tomar un antinflamatório será lo más indicado en este trance, pero no tengo mucho más donde elegir. Para ser sincero, degollaría un jabalí con mis propias manos  y me bebería a morro un litro de su sangre si alguien me garantizase que me iba a permitir llegar a meta.

Arranco en compañía de Paco, pero cuando apenas llevamos 150-200 metros avanzados le digo que siga para delante. Las piernas ya han hecho su trabajo, si la cabeza me lleva hasta la cumbre de este 5 pico, el corazón me llevará seguro hasta la meta en la bajada,  así que tras un breve respiro, agacho la cabeza, acompaso la respiración, aprieto muy fuerte un cojón contra el otro (perdón por lo soez de la expresión, si alguna mujer me está leyendo) y arranco cuesta arriba. Esta guerra hay que librarla en soledad, debo subir con pasos muy cortos, evitando giros, saltos, esquivando piedras y avanzando siempre por lo fácil. Cualquier mala pisada o gesto innecesario me puede dejar fuera de combate. pero esta cumbre es muy puñetera, parece que estas llegando y ¡zas! otro quiebro y ves que queda otro tramo. Sigo con mi penoso deambular de lo que yo denomino paso costalero, porque cualquiera que me vea desplazarme puede pensar que  llevo sobre mis hombros un paso de Semana Santa y en efecto así es, arrastro al Cristo de los cien  dolores musculares, perteneciente a la cofradía de Nuestra Señora de los bisontes desamparados. Como buen asturiano, mientras avanzo voy bajando del cielo a tosos los santos que conozco a base de juramentos en Arameo y otras lenguas muertas. Finalmente y tras un titánico esfuerzo corono el Sarguinal en 5 h:17':15" y  ya solo queda el cresteo y la bajada, pero sin cuadriceps este tramo se hace complejo.

Espectacular foto de Issi del tramo final  del Pico Sanguinal
Inicio el cresteo tirando de bastones para descargar las piernas en la medida de lo posible. No pueden quedar más de 2 km a meta, pero voy sin reflejos y aún avanzando con prudencia me caigo un par de veces. Cuando no tropiezo con una piedra, resbalo en una zona de hojas sueltas, hasta que me tengo que poner serio. ¡Me cago hasta en los huesos de tu cornamenta,  Bisonte!. Céntrate que está demasiado cerca de meta para tirar la carrera por el garete,  no pierdas la concentración y tira p'alante, que en plazas perores has toreado. La cabeza vuelve a tomar las riendas de la situación y vuelve a estar todo controlado. Veo el pueblo justo debajo y pienso lo fácil que sería tirarse rodando ladera abajo, pero no es una solución factible, Paso por la Cruz de Hierro en 5h:37':02 y ya presiento el final. No quedan ni 800 metros para meta. Unos 150 metros por delante baja Paquito, pero para mi es imposible cogerlo. Un último tramo de bajada y llego a las primeras casas del pueblo. Momento que aprovecho para tomarme el último respiro, beber mi último bidón de agua (creo que hoy he bebido más de 3 litros) y me quito el chubasquero para entrar en meta luciendo orgulloso las rayas rojiblancas del Pendón de Benavides. La cabeza ya ha cumplido su parte y ahora es el corazón el que me debe llevar a meta. Cojo el sendero que bordea el deposito del agua, a lo leos veo la meta y escucho la megafonia y hago todo lo posible por correr ¡vamos Rubén! sabes que hay una máxima que dice que  en las carreras se sale y se llega a meta corriendo, aunque solo sea por estética. Entro en el pueblo, apenas 200 metros a meta, cuando voy a bajar las escaleras, me encuentro a Paco , se había sentado allí para esperame y entrar juntos en meta. Muchas gracias Paquito, eres un tío cojonudo. Una última instantánea de Tomás y cruzamos la pancarta de meta. Objetivo cumplido.



En meta puesto 241 sobre 259 en meta (300 en la salida) con un tiempo de 5h:52':07", a casi 3 horas  del ganador de la prueba que fue el gran Pablin Villa con un tiempo de 3h:05:54"

Enorme satisfacción pese al titánico esfuerzo final. Valga como referencia que he necesitado 63 minutos para recorrer los 3 últimos kilómetros de la prueba, lo que nos da una estratosférica velocidad de 2,9 km/hora (solamente al alcance de unos pocos elegidos). Otra mano de poker que le gano al diablo en el tramo final de la prueba, pero sigo tensando cada vez más la cuerda y antes o después acabará por romperse.

Una última reflexión personal, una de las escasas ventajas de correr muy pocas carreras al año es que te vuelves extremadamente selectivo y acabas yendo únicamente a aquellos lugares donde te tratan como un rey. No puede ser casualidad que mis tres carreras "sagradas" del año (Alto Sil, Biosfera y Villalfeide) se desarrollen por comarcas mineras. En efecto la gente del carbón, con sus defectos y son virtudes, son gente muy especial. Son unidos, generosos y tremendamente acogedores, si consideran que una carrera es parte del pueblo, ellos se encargan de que los corredores se sientan como en su propia casa. Supongo que hay radica una gran parte del éxito, en una excelente organización, un precioso entorno natural y por encima de ello, un pueblo volcado y una marabunta de voluntarios que se vuelcan en ayudar sin medida. Hoy me voy con la sensación de haber corrido la carrera mejor señalizada y mejor organizada de todas las que he corrido en mi vida y mi obligación es dar las GRACIAS a todos y cada uno de los voluntarios y organizadores por haber sacado adelante una carrera sencillamente sobresaliente. Si la situación lo permite, volveré una y mil veces a correr en Ciñera.

Solo me queda felicitar a ese fenómeno de la naturaleza que es  Pablo Villa. Como le había prometido, le dejé 20 minutos de ventaja en la salida.... y me acabó sacando 3 horas en meta. Sinceramente, creo que me hubiese ganado igual aunque no le hubiera dado ventaja, pero eso es otra historia  y en la próxima no pienso ponérselo tan fácil.


Próxima parada del Bisonte World tour 2015: Travesia de los montes Aquilianos ( 60 Km)