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domingo, 31 de enero de 2016

Transcandamia 2016

Apenas faltan 25 minutos para el comienzo de la prueba y todavía estoy en el centro de la ciudad de León. Tras 4 años de fusiones, fisiones e infusiones varias, mi empresa ha decidido cambiar el sistema informático casualmente hoy, por el hecho de pertenecer a una oficina piloto y por gentileza de la infame reforma laboral  tengo que madrugar y pasarme por el trabajo en domingo  para comprobar que todo funciona correctamente. Asciendo el Portillo emulando al Carlos Sainz campeón del mundo de rallies y cuando finalmente llego a Las Lomas, la Guardia Civil ya tiene cortada la carretera  que lleva a a la salida por lo que debo aparcar más o menos a la altura del lugar  donde Cristo perdió las sandalias. Como ya vengo vestido y con el dorsal puesto del trabajo, salto del coche y me dirijo a la salida con apenas 15 minutos de margen. Todavía tengo tiempo para saludar e intercambiar unas palabras con Adrián Rubio, Talo Guerra, Alfredo Álvarez y Luis Angel Esquibel de camino a la pancarta de salida. Arrastro serios problemas en el tendón de aquiles desde finales de diciembre y la lógica  sería no correr hoy, pero como carezco del más elemental sentido común y soy más bruto  y primitivo que el bisonte que ejerce como mi animal totémico, pues tengo pensado correr. Antes de salir me enfrento a un dilema existencial: salir el último y tratar de hacer toda la prueba andando o tratar de correr al principio para ganar tiempo y acabar como buenamente se pueda, y eso siempre y cuando el aquiles no me diga hasta aquí llegamos y me deje tirado a media prueba. Finalmente  opto por lo segundo porque andando es materialmente imposible cumplir con el control de paso del segundo avituallamiento (1h:45' en el km 14).

Dan la salida y salgo a mitad de pelotón y a un ritmo muy cómodo. Nada más necesito 100 metros para constatar que el dolor de mi aquiles me va acompañar toda la prueba como era previsible. Voy charlando primero con Toño Santamaria, más tarde con Jesus Fidalgo y finalmente con Victor Rabanal  hasta que entramos en la Transcandamia propiamente dicha.
Con Jesús Fidalgo en el km 2. Mi cara lo dice todo, cada zancada ya constituye una pequeña  tortura.
Una bajada rápida, una subida pendiente y alcanzamos la pista del aeródromo. En otras circunstancias pasaría por aquí volando, pero hoy no llevo recorridos ni 4 kilómetros y ya voy reptando en modo culebra por lo que me superan con facilidad corredores. En la bajada del aeródromo asisto como mero espectador a  las primeras caídas artísticas de la jornada, pero de momento voy librando. Y a partir de aquí entramos en una inmensa y divertida combinación de pista de patinaje en barro y circuito americano que parece sacado del programa de televisión "Humor Amarillo". La dificultad para mantenerse en pie es notable, las caídas son la tónica general  y en muchos tramos  es un sálvese quien pueda colectivo donde cada corredor hace lo humano y lo inhumano para avanzar en ocasiones incluso de forma  inverosímil. Y en estas me encuentro cuando alcanzo al señor Chano Morán, genio y figura del Coyança trail, que jura en arameo ante tal situación y amenaza con retirarse frustrado y  cabreado a partes iguales ante la imposibilidad de correr.
Preparado para zambullirme en el barro al paso por el km 8
Le digo que me coja rueda y que siga las trazadas que le voy marcando. Esto se lo digo yo, que por peso, altura y falta de pericia en el barro, en vez de bisonte parezco el perro de Scotexx, Otra cosa no seremos, pero los asturianos por osados y fanfarrones somos una raza sin parangón sobre la faz de la tierra. Afrontamos una bajada complicada y la impracticable ascensión a la Senda de los Leñadores, momento a partir del cual Chano recupera la confianza y dado que su estado físico es muy superior al mio, se escapa por delante y me vuelvo a quedar solo. Subimos por una pista y enfilamos un descenso peligroso donde  doy con mis huesos en el suelo por primera vez en toda la prueba. A partir de aquí, me caeré un numero indeterminado de veces y en en todas las posiciones humanamente posibles, de costado, de espaldas, de frente con los brazos estirados y sobre todo de culo. La triste realidad es que si me hubiese puesto muelles en el trasero, habría parecido un canguro. Y es que a pesar de empeñarme en buscar zonas paralelas al recorrido y menos pisadas, lo que me obliga a correr muchos tramos por terreno de zarzas, la perdida de reflejos, el cansancio o la impericia, me hacían caerme con relativa frecuencia, eso obviando el problema de que acabaré la carrera con las piernas llenas de arañazos hasta el punto de parecer que en lugar de estar corriendo, vengo de enfrentarme  con un  gran oso grizzly de la Columbia Británica.
Ejmeplo de bajada en la Trasncandamia 2016
 Al paso por el km 10 aproximadamente me encuentro con el bueno de Jose Angel de La Bañeza, que viene relajado puesto que está iniciando la preparación para afrontar los 101 kms peregrinos y charlando con él se me hacen más sencillo el siguiente km. Un par se subidas y bajadas adicionales y me encuentro de frente con la Cuesta de los Perros, que viendo lo visto, hasta parece una ascensión sencilla en el día de hoy. Corono y por primera vez en toda la prueba miro el reloj (2h:02') y todavía estoy a aproximadamente 1000 metros del segundo avituallamiento. Ya hemos superado el tramo complicado de la prueba y ahora llega el tramo idóneo para correr. A diferencia de las 4 ediciones previas donde llegué sin piernas porque me las dejé por el camino, esta vez no las tengo porque ya salí sin ellas desde la salida.  Bajada sencilla hasta el avituallamiento y sin mucha dilación a por los 7 kms finales de prueba. En este tramo se me notan más las carencias, no obstante empiezo a ser consciente de que las molestias del aquiles aun siendo más fuertes en cada pisada, ya no me impedirán llegar a meta. Supongo que el trabajo de embalsamar mi pierna derecha en radiosalil, acompañado de la ingesta masiva de inflamatorios ha dado sus frutos. Rezo para no tener que pasar un control antidopping porque entre esto y el inhalador del asma, me da la sensación de que me sancionarían sin competir  de  por vida.

 Sin contratiempos ascendemos a Las Antenas, bajamos de nuevo por un sendero sencillo que no se encuentra en mal estado y  que he recorrido mil veces entrenando, sin embargo producto de mi manera extraña de correr/andar, arrastrando las piernas tratando de impulsar lo menos posible, tropiezo con una piedra que no asoma entre el barro y caigo en plancha y con los brazos completamente extendidos. Una caída más propia de salto de trampolín, que de atletismo y que ejecuto con una pericia y un estilo exquisito, hasta tal punto  que entro en el barro casi sin salpicar y producto de la inercia, del peso y de la pendiente descendente, todavía me deslizo aproximadamente metro y medio antes de poder detenerme. Los corredores que van detrás no saben si aplaudir por el espectáculo ofrecido o asustarse por la leche que se ha pegado el corredor de rayas que les precede. Sin darles opción, me levanto de un salto y arranco a correr como si no hubiese sucedido nada. Por la adrenalina o quizá por el instinto, la realidad es que en caliente no siento ningún dolor, no obstante apenas 100 metros mas adelante miro mis piernas para evaluar daños y veo que entre el barro que recubre completamente las mismas, emana un abundante chorro de sangre. Me detengo a caminar y al pasar los corredores que vienen detrás se interesan por mi estado. Como no puedo ver la profundidad de la herida y el barro actúa como cataplasma, y dado que solo quedan unos 3,5 kms a meta, decido seguir la marcha y dejar este tema en el congelador hasta meta.

Llegamos a la bajada del mirador y veo a 3 corredores que parecen funanbulistas en el alambre tratando de avanzar de pie sobre una chocolatada de carácter bíblico.
Bajada del mirador a 2 km de meta (Aquapark versión barro leonés)
Como no estoy para muchos  alardes a estas alturas de la película, me siento en medio del barrizal y me dejo caer como si estuviera en el tobogán de un aquapark y lo cierto es que bajo a una velocidad sorprendente. Llego abajo como buenamente puedo, me incorporo con medio kilo de barro en cada zapatilla y echo a caminar cuesta arriba avanzando con la torpeza de quién lleva  grilletes en los tobillos. Llego a los chalets, saludo a los fotógrafos del Coyança Trail y comienzo la bajada del último cortafuegos con ganas de acabar cuanto antes. El tramo más pindio lo bajo por donde buenamente puedo, agarrándome a los arboles como un gorila de montaña, pero afortunadamente consigo llegar abajo sin contratiempos, giro a la derecha, recibo los ánimos del bueno de Satur y encaro la subida final que me llevará a la temida y esperada  Anibalada.
Bajando el cortafuegos entre árboles para poder frenar (se aprecia a simple vista la sangre corriendo por la rodilla izquierda)
Final del cortafuegos. El tractor maniobrando con torpeza para poder girar entre tanto barro
Arrancando a correr a  600-800 metros de meta gracias a los  ánimos de Satur

 Este año el tramo de subida inicial ya se me presenta como un puerto Ors categorié del Tour de Francia  y eso que todavía no he llegado al tramo difícil. Antes de pasar  por debajo de la pancarta que anuncia la Anibalada ya  se comienza a escuchar el griterío del público congregado en tan emblemático punto de la prueba. Antes de encarar dicha subida, me detengo un segundo a pie de rampa para ver cual es la mejor opción para ascender y me indican que me salga del trazado balizado.
Vista cenital del tramo inicial de Anibalada
Un corredor batallando por subir la Anibalada (a 200-250 metros de meta)
Evidentemente salirte del trazado señalizado con cintas  es motivo de descalificación inmediata, pero todos los corredores que me preceden ascienden por el mismo lugar y entiendo que después de haber pasado unos 300 corredores y dado que la subida se encuentra en muy mal estado, es la propia organización la que por seguridad habrá tomado esta decisión. Asciendo con dificultad empujado por los gritos de ánimo de la gente, supero el tramo intermedio y encaro la cuesta final. Apenas 50 a cumbre por un estrecho pasillo que es una pista de patinaje sobre barro. Ascendiendo  a  4 patas  agarrándome a las raíces del sendero  y haciendo más fuerza con los brazos que con las propias piernas, consigo alcanzar la meta apoyándome en los ánimos de conocidos y desconocidos, entre los que distingo a Alfonso Cano y Miguel Bernardo.
Un corredor enfrentandose a los 50 metros finales de prueba
El Bisonte del Crabayedo ascendiendo a 4 patas a 30 metos de meta
Adelantando a un corredor en la entrada a meta (ventajas de tener la zancada larga)
Finalmente consigo completar mi quinta Transcandamia consecutiva en el puesto 285 de la general sobre 443 corredores en meta (desconozco el número de abandonos pero entiendo que tuvo que ser elevado), con un tiempo de 3h:11':43" , a 1h:20':15" del ganador que fue Alberto González  Gonzalez con un tiempo de 1h:51':28"

En mi recién entrenada categoría de "viejunos" quedé en  el  puesto 57 sobre  74 corredores en meta.

Mi primera sensación es de alivio y satisfacción por lo conseguido. A pesar de los inconvenientes y las limitaciones físicas es probablemente la Transcandamia en la que más he disfrutado. Es completamente irracional y posiblemente sea incluso causa de inhabilitación por razones de índole psicológico, pero lo cierto es que por ese  grado de épica que le aporta la dificultad de lo vivido, la meta se disfruta muchísimo más.

Me lavo como buenamente puedo para quitarme lo más gordo con el agua de un charco e inicio el camino de vuelta a casa con el fin de restañar las heridas del combate y con ganas de ducharme como dios manda porque llevo tanto barro encima que parezco un guerrero de terracota de Xián. Al enfriar empiezan a aparecer las complicaciones, tengo una rodilla completamente despellejada, dolor lumbar (quiero pensar que por las caídas) y lo más preocupante, se me inflama el aquiles hasta alcanzar el tamaño  e un botijo, lo que me tiene completamente parado en el momento de escribir esta crónica y ya han pasado 3 semanas desde la carrera. Creo que no fue una buena idea correr esta prueba sin estar en condiciones, pero las ganas de correr en casa han superado  la lógica y el más elemental sentido común.
Heridas de guerra Transcandamia: Rodilla magullada e hinchada (chapa y pintura), del tendón de aquiles mejor no hablamos.
Antes de acabar esta crónica creo conveniente realizar una última reflexión, que sinceramente  espero que si  algún miembro de la organización leyera esta crónica, se lo  tome como lo que es,  una critica constructiva para tratar de mejorar la prueba y hacerla cada vez mejor. He podido intercambiar opiniones y pareceres con otros corredores, y algunos, no se si por el hecho de que saben que escribo un blog,  o bien por esa esa especie de omertá siciliana o miedo a ser políticamente incorrectos no vaya a ser que al año siguiente me dejen sin plaza en la carrera, no se atreven a expresar públicamente. En mi caso, y dado  que no le rindo pleitesía a ninguna marca comercial, ni vasallaje a ninguna  carrera, puedo expresar libremente lo que pienso, aún a riesgo de estar equivocado y de  que mis opiniones no le gusten a todo el mundo.

 Son  varios los  aspectos que han generan malestar  en esta prueba y que paso a detallar:
1.- PRECIO:  Para algunos corredores esta carrera en función de los servicios que ofrece es cara. Sin entrar en consideraciones subjetivas y basándome en el hecho de  que estamos en  una economía de mercado donde es la oferta y la demanda la que fija el precio de equilibrio de las cosas y a juzgar por el hecho de que las 400 plazas ofertadas se agotaran en apenas 2 horas, a día de hoy no hay lugar a discusiónsobre este particular.
2.- BOLSA DEL CORREDOR: Hay quién opina que es muy pobre. En mi opinión nadie escoge una carrera en función de que el obsequio de la organización sea mejor o pero, por lo que no dedicaré más tiempo a este punto.
3.- AVITUALLAMIENTOS: Hay quién opina que son escasos y mal surtidos. En mi opinión una prueba tan corta no requiere de avituallamientos surtidos y por lo tanto no son un hecho relevante, si bien es cierto, que creo recordar que la prueba anunciaba bebida isotónica en el primer avituallamiento y finalmente solo se ofreció agua, por lo que debería aclararse dicho punto. Grave fue el hecho acaecido en una edición previa donde el segundo avituallamiento se quedo sin existencias, dejando a los últimos corredores completamente desatendidos y sin poder beber absolutamente nada. Dicho tema fue afortunadamente solventado en ediciones posteriores.
4.- DUCHAS EN META: Para mi el mayor problema de la prueba con diferencia. Vivo a 5 minutos de la meta y por tanto para mi no constituye un inconveniente, pero entiendo que si es preocupante y triste, que corredores de fuera acaben la prueba convertidos en autenticas figuras de barro y que tengan que iniciar viaje de vuelta a sus domicilios con 1, 2 o 3 horas de coche por delante  y la incomoda sensación de ser auténticos muñecos de arcilla. He corrido en pueblos de montaña perdidos de la mano de Dios y sin los mínimos medios elementales y la gente de los pueblos ha realizado lo imposible por agradar al corredor, algunas  veces han improvisado duchas colgando mangueras de la viga de una cuadra o han sacado duchas a la calle, pero han buscado soluciones por el bien del corredor. Está prueba se celebra a las afueras de una ciudad de 150.000 habitantes y entiendo que fácilmente se puede llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de Valdefresno para que ceda sus instalaciones (la piscina pública se haya a unos 3 kms de distancia), pero no se puede pretender que casi 500 corredores se duchen en condiciones de insalubridad en 2 casetas de obra situadas de cualquier manera. Una carrera se hace grande porque cuida los detalles y porque mima a sus corredores.

Sin nada más que contar, y partiendo de la premisa de que consiga recuperar  mi maltrecho aquiles, nos vemos en el ALTO SIL para disputar mi carrera favorita de la temporada.... próxima parada: SANTA CRUZ DEL SIL.

domingo, 3 de enero de 2016

Resumen año 2015

Acaba el año 2015  y es momento de resumir lo acontecido  a nivel deportivo. Sin duda ha sido la mejor temporada desde que he vuelto a correr allá por el año 2011. Un año fantástico en el que cumplí, dado mi escaso nivel atlético,  esa máxima competitiva del altius, fortius, citius. 

A nivel objetivo y desde una perspectiva meramente estadística,  me he quedado a las puertas de los 300 kms recorridos (297,97 kms para ser exactos), superando por primera vez la barrera de los 30.000 metros de desnivel acumulado (34.730 metros para ser exactos) y donde por mera curiosidad  he estado 2 días completos del año corriendo (48 horas, 51 minutos y 23 segundos para ser exactos)

A nivel cualitativo y desde una perspectiva claramente subjetiva, me quedo con 2 hechos puntuales:
1.- El resultado y las sensaciones experimentadas en la Batallona de Somiedo. El primer día que me decido a correr en serio en mucho tiempo y consigo dejar por detrás a más de un 90% de los  contrincantes, cuando normalmente acostumbro a estar entre el 10% de los últimos.
2.- La Travesia de los Montes Aquilianos en su versión larga (60 kms). Mi primera ultramaratón de montaña (entendiendo como ultra la superación de la barrera de los 42 kms). Un torrente de sensaciones encontradas y una experiencia fantástica. Para siempre quedará mi "bautizo" en el avituallamiento de Ferradillo y la satisfación de cruzar esa meta tras casi 12 horas de carrera en la inmejorable compañía de mi fiel escudero de aventuras  Joaquín Cañizares.

Hora de cerrar el año en curso y de afrontar nuevos retos para la temporada que empieza.

Nos vemos corriendo por montaña en 2016

Aquí debajo dejo el cuadro resumen de la temporada 2015:

CARRERA DE MONTAÑA DISTANCIA (m) DESNIVEL ACUMULADO (m) PUESTO (corredores meta) Tiempo
Transcandamia 21000 2008 (1004 + y 1004 -) 145/434 2h:20:48
Alto Sil 32000 3800 (1900 + y 1900 -) 346/403 5h:15:21
Biosfera Trail 26000 4400 (2200 + y 2200 -) 241/259 5h:52:07
Travesía Montes Aquilianos 60000 6454 (3227+ y 3227 -) 123/189 11h:41:36
La Batallona de Somiedo 22000 1400 (200 + y 1200-) 36/501 1h:52:52
Villalfeide-Polvoreda 27700 3480 (1740 + y 1740 -) 126/168 4h:15:09
Sajambre Trail 29000 4400 (2200 + y 2200 -) 141/150 5h:13:51
Redes Trail 34870 4200 (2100 +y 2100 -) 210/266 6h:43:30
Trail de Peñamayor 25000 3000 (1500 + y 1500 -) 158/308 3h:21:48
Matallana de Torío 20400 1588 (794 + y 794 -) 77/123 2h:14:21

297970 34730
48h:51:23

viernes, 25 de diciembre de 2015

Feliz Navidad



Acaba un año y comienza el siguiente. El ciclo de la vida no se detiene en un planeta que por suerte nunca deja de girar, sin embargo parece que dentro del mismo estas fechas son  especialmente señaladas  para volcar todos nuestros mejores deseos y buenas intenciones,  así que aprovecho la presente para desearos a todos unas felices navidades y un prospero año nuevo 2016.

Os deseo a todos, y muy especialmente a mis amigos corredores de montaña,  TRABAJO para poder seguir pagando  las cada vez más elevadas inscripciones a las pruebas de montaña, SALUD para poder entrenar y competir y RESPETO para que las montañas permanezcan inalteradas para disfrute de las siguientes generaciones

Recordad que nunca la noche es más oscura que cuando empieza a amanecer. Al igual que el astro rey se levanta y nos ilumina todas las mañanas, espero que todo el mundo sea capaz de levantarse y seguir peleando en el día a día, especialmente teniendo en cuenta que una vez que superado el solsticio de invierno, los días serán cada vez más largos y las noches cada vez más cortas.


BON AÑU Y PRESTOSES FIESTES NAVIDIEGUES


sábado, 12 de diciembre de 2015

Carrera por montaña Matallana de Torío 2015

Tras completar las 3 pruebas de la Seronda Trail Series dí por concluida la temporada en curso  y retire mi ejercito a los cuarteles de invierno con la intención de no volver a la guerra hasta principios del 2016. Me encontraba en mi placido retiro otoñal, cuando por casualidad escuche hablar de una prueba de montaña GRATUITA  que se estaba gestando en la ribera del Torío. Llevo tanto tiempo oyendo comentarios sobre la manida burbuja de las carreras por montaña y  que este mundillo se está convirtiendo en un simple negocio, que el mero hecho de escuchar hablar de una prueba sin coste me suena a ensoñación propia de figuras mitológicas como el unicornio, el minotauro o el cuelebre.

En cualquier caso, y tras la primera reacción de incredulidad, el impulso siguiente  fue tratar de averiguar si en un mundo marcadamente mercantilista como el nuestro sería posible la existencia de una prueba sin coste para el corredor, y en caso de serlo, como podría apoyar la iniciativa. La solución en mi caso es muy sencilla, mi humilde manera de apoyar el proyecto  iba a ser participar en la carrera, aún estando completamente fuera de temporada, para posteriormente  tratar de contar mi experiencia con el fin de  dar difusión a la misma de cara a futuras ediciones. Y así fue, me apunté con la segunda hornada de inscritos, disputé la prueba y ahora toca contar la experiencia.
Montes de media montaña que cubren la ribera del Torío, con el pueblo de Robles de la Valcueva en el fondo del valle.
Llega el día de la prueba y remonto el Torío camino de Robles de la Valcueva con la incertidumbre de las grandes expediciones del pasado, convertido en una especie de aventurero al estilo de Roald Amundsen o Robert Falcon Scott, alguien  que por casualidad ha conseguido un misterioso mapa que le lleva a encontrar su particular "Atlantida" en el desconocido mundo de las carreras gratuitas,  sin saber muy bien que se van a encontrar al final del camino, y más aún  teniendo en cuenta el constante y paulatino encarecimiento de las distintas pruebas  que copan nuestra geografía. 

Llego a la plaza del pueblo, recojo mi  dorsal sin contratiempos, me tomo un té en el bar del pueblo en la grata compañía de Sergio Natal y Alejandro  Santos   y a las 9.30 de la mañana, con 0º grados de temperatura ambiente  y bajo una precioso cielo despejado, dan la salida y arrancamos los 140 corredores que tenemos la suerte de poder disputar esta primera edición.

Ejerciendo de corredor escoba en la salida de la prueba
Como no hay corredor escoba, y dado que tengo contrastada experiencia en estas lides, decido ejercer yo de cierre y salir en último lugar. Unos 400-500 metros llanos por las calles del pueblo y alcanzamos  la primera ascensión de la jornada. Miro para atrás y apenas cuento 5 corredores, miro para delante y unos 300 metros más arriba veo transitar a los primeros. Si Darwin llega a ver esta situación, se hubiera cuestionado seriamente su teoría de la evolución, porque los primeros y yo no parecemos de la misma especie animal,  bien es cierto que ellos corren con naturalidad y ritmos altos  y yo tengo menos ritmo que las canciones de Pablo Alborán.

Por una pista en muy buen estado coronamos sin dificultad esta primera ascensión,  un kilómetro de falso llano y cómoda bajada hasta el km 4. Llegando abajo consigo alcanzar al grupillo de corredores del Coyança Trail y con ellos voy hasta el centro del  pueblo de Pardavé de Torío.
Cruzando  Pardavé de Torio en compañía de los chicos del Coyança Trail.
Vista aérea  de Pardavé de Torío, pueblo  que cruzamos en toda su extensión.
Tras cruzar el puente sobre el río Torío y en menos de 200 metros, me tengo que detener en 2 ocasiones para atar  mis zapatillas de montaña. En algún momento indeterminado  a lo largo de las últimas 6 semanas me he vuelto gilipollas y me he olvidado de como atar adecuadamente unas zapatillas de trail, consecuencia de lo cual en vez de evolucionar por cuestión de experiencia de senior a veterano, he involucionado pasando de senior a minibenjamín. Salgo de Pardavé de nuevo en solitario y tras cruzar un  túnel bajo la carretera León-Coyanzo  inicio la segunda ascensión de la jornada.
Saliendo de Pardavé a través de un tubo bajo la carretera León-Collanzo
Por una pista en buen estado y sin excesiva pendiente, ascendemos hasta alcanzar el techo de la prueba en el km 8,5 (a 1288 metros de altitud). Arriba luce un sol espléndido, la temperatura ha subido ligeramente, o al menos yo noto calor fruto del calentón de la subida, así que me detengo a unos 100 metros de cumbre, me quito la térmica de manga larga y arranco la bajada en solitario y disfrutando de la tremenda sensación de libertad que sientes al correr en soledad mientras el frío aire de la montaña te da en el rostro. La bajada es muy cómoda por pista amplia, con pendiente constante y carente de la más mínima dificultad técnica.  Los primeros 500 metros bajo reteniendo para cuidar cuadriceps, hasta que tras alcanzar a Victor "Tito" Rabanal, y  poseído por el espiritu de algún corredor  se montaña del más allá, me convierto en una especie de Kilian Jornet leonés con sobrepeso grado 1,  me dejo caer  al estilo de la Batallona y bajando a ritmos sostenidos de 3:30 min/km con una confianza y una seguridad que ya tenía olvidadas, en algo menos de  2,5 kms consigo superar con una facilidad pasmosa  a 17 corredores.

Acaba la bajada y entramos en Naredo de Fenar, donde está ubicado el avituallamiento intermedio de la prueba. Bebo botellín y medio de agua del tirón y pensando que estoy diputando  la Maratón de las Arenas o la Titan Desert (quiero creer  que es culpa de seguir  poseído por Kilian), cometo el error de recargar ambos bidones hasta arriba. Arranco de nuevo, pesado e incómodo.  Me pregunto a mi mismo para que narices llevo un litro de agua a cuestas, si la temperatura es muy baja  y apenas quedan unos 8 kms a meta. En un alarde de lucidez, vacío bote y medio de agua y continuo la marcha. Cruzamos  corriendo sobre las traviesas de la Feve León-Bilbao y  arrancamos los aproximadamente  4 kms completamente llanos, que combinando  tramos de pista y  carretera, nos llevan hasta  la tercera subida del día. Calculo que deben de quedar unos 4,5 kms a meta. Comienzo a ascender en solitario, levanto la vista y veo que  por delante llevo unos 7 corredores. Me vengo de nuevo arriba y poseído de nuevo por Kilian, me digo a mi mismo: "a esos 7 me los cepillo antes de meta por la gloria de mi madre".  Trato de coger una referencia en el camino y cuando alcanzo al punto señalado,  veo que el primero de los corredores del  grupillo me saca un minuto y medio. ¡Cojonudo gallu! ¡Como si los demás corredores no corrieran y además mucho más que tú! además de más viejo, 4 kilos más gordo y más lento...veo que has llegado a veterano  siendo mucho más fanfarrón que antes.

Corono y comienzo la bajada, un último repecho con mayor pendiente  por fuera de pista y comenzamos el descenso final por un bosquecillo de árboles de hoja caduca.  Estamos aproximadamente en el km 19 y  sorprendentemente para llevar 5 semanas parado voy muy cómodo. Lamento que la prueba no dure 5 kms más porque estoy disfrutando un montón con esta carrera. Me digo: "olvídate de todo, no pienses en nada  y limítate a disfrutar los poco más de mil metros que te quedan a meta", y se ve que me lo tomo en sentido literal, porque a las primeras de cambio casi me salto una baliza y me pierdo. ¡Figura, o enciendes el piloto automático o acabamos en Boñar!.  A media bajada noto uno leves pinchazos en ambos gemelos, y en el cuadro de mandos se enciende el indicador  de "calambres are coming".

Cruzando un improvisado puente a menos de un kilómetro de meta
Me detengo a estirar, arranco caminando por un sendero llano entre verdes prados, y en esas estoy cuando a unos 100-150 metros por delante consigo distinguir para mi sorpresa una camiseta de rayas rojiblancas. Cruzo a la carrera (por puro postureo)  un puentecillo improvisado sobre un arroyo y  acelero la marcha en busca de mi compañero Mario Rego.  Veo que los gemelos por llano responden bien, subo el ritmo y al ver que le voy comiendo terreno, me animo y consigo alcanzarle ya dentro del pueblo de Robles de la  Valcueva. Voy guardando algo de gasoil porque no se cuando queda hasta meta, hasta que escucho al speaker y por sorpresa aparece el arco de meta unos 50 metros por delante, así que esprinto  para no perder la viejas costumbre en el final de las carreras.
A 150 metros de meta por las calles de Robles de la Valcueva
Consigo completar los 20,4 kms de la prueba, con un desnivel acumulado total de 1.588 metros (794 metros  positivos y 794 negativos) en el puesto 77 de la general (sobre 123 corredores en meta) con un tiempo de 2h:14:21, a 42':20" del ganador que fue Ruben Mediavilla Vallinas con un tiempo de 1h:32: 01".

Puesto 24 de mi recién estrenada categoría de Veterano A ( aunque más que Veterano A, más bien debería competir en categoria  VIP: viejo e insuficientemente preparado)

Para los que se quedaron, comida (olla del ferroviario) gratis. En mi caso, ducha rápida con agua caliente y a las 13:15 en casa con la tremenda satisfacción de haber corrido una gran carrera.



Es hora de extraer conclusiones:

1.- . La Carrera de montaña de Matallana de Torío es todo un descubrimiento. NO es una carrera de montaña en sentido estricto (su desnivel acumulado positivo no alcanza los 1000 metros), pero si es una prueba de media montaña  íntegramente corrible, que por recorrido y nula dificultad técnica es   IDEAL para iniciarse en la practica de esta disciplina nuestra. Llevo años proponiendo carreras "low cost" (que no gratuitas), donde por un coste reducido se cubra lo básico (avituallamientos, seguro del corredor y gastos de organización).  Esta carrera lo ha conseguido todo y de manera gratuita. Es una prueba que a priori no tiene nada y que en el fondo lo tiene todo.  No tiene un recorrido espectacular, ni discurre por parajes únicos, no tiene sponsors de relumbrón, ni una bolsa del corredor alucinante, ni avituallamientos que parezcan bodas gitanas, ni siquiera se usan chips para los tiempos, sin embargo tiene lo más importante, tiene ALMA. El circuito estaba perfectamente balizado, con suficientes voluntarios de trato afable, con gente mayor  animando a las puertas de sus casas en el paso por los pueblos, con avituallamientos correctos y bien distribuidos, con una organización perfecta en la gestión de la salida y la meta. Está carrera ha demostrado con creces  que el alma siempre será más importante que el negocio y que un grupo de personas con ganas e ilusión  son capaces de organizar una prueba de muy alto nivel y a coste cero para los participantes. En mi modesta opinión, el coste real de esta prueba para el corredor debería ser de entre 5 y 7 euros (10 con derecho a comida) y la gente todavía la consideraría barata (a veces lo gratuito no se sabe apreciar en toda su magnitud)

2.- Dicho lo anterior, los organizadores de cualquier carrera tienen todo el derecho del mundo a obtener beneficio económico organizando carreras (todos trabajamos por dinero). Es potestad del corredor decidir adonde ir y adonde no, aunque en mi opinión siempre se debe analizar si el precio es adecuado o no  a posteriori, y tras analizar lo sucedido antes, durante y después de la carrera. A las 3 carreras sagradas de mi calendario: Alto Sil, Biosfera Trail y Villalfeide-Polvoreda no les miro nunca el precio  porque la experiencia acumulada de estos últimos 3 o 4 años me dice que cuidan del corredor con mimo y que poséen ese alma que diferencia unas carreras de otras.

3.- A titulo individual  quedo muy contento con las sensaciones  experimentadas en el día de hoy. Me he divertido  mucho y me he encontrado mucho mejor de lo esperado, quizá sea porque una de las grandes ventajas de practicar tractorismo es que la diferencia entre mi nivel en plenitud de facultades y mi nivel fuera de temporada es prácticamente inapreciable. Definitivamente me ha venido muy bien el descanso absoluto de estas últimas 5 semanas.


Solo me queda darle las gracias a los organizadores y voluntarios y desearle una larga vida a esta prueba. Si los dioses me son propicios, volveré a estar en Robles de la Valcueva en 2016.

Próxima parada del Bisonte World Tour 2016: Transcandamia


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Trail de Peñamayor 2015

28 días han pasado desde que comenzó mi aventura de la Seronda Trail Series en tierras de Sayambre. Muy  lejos quedan ya los miedos de la primera prueba y las dudas de la segunda.  La capital de la sidra será el lugar donde todo acabará para bien o para mal y las verdes laderas de Peñamayor serán el campo de batalla donde se decidirá  mi particular  trilogía del Tractor de los Anillos.
Cumbre de Peñamayor entre brumas. Casi parece una montaña de Mordor
Hoy no hay disculpa posible porque por extraño que parezca esta vez  todo está saliendo según lo planeado. Llego a la prueba  descansado y   muscularmente muy recuperado tras dos semanas de reposo absoluto. No se que sorpresas tendrá preparadas mi archienemigo Saruman para tratar de detener a este viejo  tractor, pero tampoco me importa y eso es lo único realmente preocupante. Los mayores fracasos de la historia del deporte  suelen venir precedidos de un alarmante exceso de confianza y yo vengo a esta prueba instalado en la euforia, hasta tal extremo que todavía no he salido y ya me veo vestido con la chaqueta de finisher, obviando  que la montaña siempre  hay que afrontarla con el respeto que merece y los  25 kms y los 3000 metros de desnivel acumulado que debo superar  no son precisamente un paseo por la playa.
Ejerciendo como  corredor escoba en la salida de la prueba
Llego a la salida con casi 10 minutos de margen (muy extraño para mi). Tengo tiempo para saludar a a muchos amigos, y tras charlar con Chano "la Gacela de Coyança",  me retiro al último lugar de la parrilla de salida que es  mi habitat natural.  Los  6 primeros kms serán muy rápidos y quiero evitar la tentación de salir como un miura, así que tras la pertinente cuenta atrás  salgo a paso de tortuga. Voy con la marcha reductora encendida y sin embargo empiezo a pasar corredores con una facilidad pasmosa. Es extraño pero hoy las piernas corren solas.

Entrando en el tramo de pista (km 1)
Abandonamos la carretera y entramos en una pista en muy  buen estado. A partir de aquí y como consecuencia de llevar a casi 300 corredores por delante,  el ritmo ya no depende de ti, si no  que lo marca la marabunta de corredores que te preceden y que en muchos tramos ocupan la totalidad del sendero. En el km 1,8 y en un tramo carente de la más mínima dificultad, por ir pensando en la migración de los ñus en el serengueti y no en la carrera, tropiezo con la única piedra que sobresale más de 10 milímetros en el camino y me caigo de morros. ¡Aley hop! Doy un salto artístico  y me incorporo con la agilidad de un gato, tratando de disimular  para que los corredores que corren a mi lado no empiecen a preguntarse quien es el alto  inútil ese  de rayas que se cae solo. El único síntoma reseñable, aparte de la cara de bobo que se te queda, es una molestia en el dedo gordo por el puntapié a la piedra, pero esta caída me viene de cine para aparcar la euforia y recordarme que el monte no es un circuito de scalextric.
Km 2-3 por pista en perfecto estado (véase lo difícil que es tropezar con una piedra y  caerse con este firme)
Continuo al ritmo que permite el grupo  tratando de encontrar algún hueco por donde poder adelantar hasta que en el km 2,5 me encuentro con el primer barrizal de la jornada. Se ralentiza la marcha y se forma un gran embotellamiento  ya que la gente se detiene e intenta pasar por los laterales ensuciándose lo menos posible, y en esas estoy yo, avanzando con la delicadeza de una esbelta bailarina que interpreta  el Lago de los Cisnes. De repente una voz interior me dice: ¡Oye figura! ¿Que yes una modelo de la Pasarela Cibeles o un corredor de montaña? Mano de santo ¡zas! por todo el medio. Ahora que ya estoy de barro hasta los tobillos se acabaron los remilgos. Pasamos por la Planta de Fuensanta y casi por sorpresa llega el primer avituallamiento donde hay mucho público. Estamos en Piloñeta (Km 5,2) y apenas  llevo 30 minutos de carrera. Para mi sorpresa soy casi el único corredor de mi entorno que se detiene y no puedo evitar pensar ¡Coño, pero si aquí no para ni dios¡ ¿El resto de participantes serán camellos o es que los asturianos con orbayu no necesitan beber?.
Saliendo del primer avituallamiento todavía con el bidón en la mano
Bebo lo más rápido que puedo,  cargo los bidones y arranco sin perder más de un minuto/minuto y medio. En cuanto cojo pista libre y puedo correr veo  que alcanzo ritmos ligeramente inferiores a 5 min/km y eso para mi es mucho En el km 6 giramos a la izquierda y comenzamos el ascenso a Peñamayor por un sendero conocido como el Peranchu y que discurre por el interior de un bosque de castaños. Ascendemos por sendero y en fila de a uno siguiendo el trazado lo que aparenta ser la tubería de una traída de agua. Tenemos un típico día de la seronda asturiana con cielo gris y temperatura agradable, con  humedad elevada y un orbayu que se va convirtiendo en niebla cada vez más densa y cerrada a medida que ascendemos. Coronamos el Collau Oroxu y enlazamos un tramo  descendente que nos conduce hasta el segundo avituallamiento (km 10) que alcanzo en 1h:24':39".
Tramo de sendero descendente que  conduce al segundo avituallamiento
Ante nosotros se muestra imponente la cumbre de Peñamayor emergiendo entre la niebla.  Parada lenta  en el avituallamiento, otros  500 metros llanos y  comenzamos la ascensión final a cumbre por un tramo técnico y empinado que me recuerda la subida al Cueto San Mateo en la Bisofera Trail. La niebla es cada vez más densa y la visibilidad disminuye hasta que vemos  al voluntario que marca cima. Paso a su lado y  me desvío del camino unos  5 metros para tocar  cumbre (km 11,7) en  1h:48':30". Soy un purista de la materia y si no piso la cima  no me quedo a gusto. Una  lastima que la  visibilidad se prácticamente nula  porque desde esta elevada atalaya las vistas deben ser espectaculares un día normal.

Panorámica  de la  cumbre de Peñamayor en un día sin niebla
Tramo incial de cresteo/bajada desde la cumbre de Peñamayor
Una vez alcanzada la última cumbre de la temporada comenzamos el descenso por un tramo técnico de piedra y hierba y las sensaciones son muy buenas, aún así evitando euforias innecesarias bajo con  mucha precaución, tratando de seguir la estela del corredor que me precede y que baja más tiempo con el cuelo en tierra que corriendo erguido.

Tratando de seguir al corredor que me precede y que baja literalmente sentado por precaución

 No tengo la sensación de arriesgar, aún así al pasar por al lado un voluntario, nos hace señas para que bajemos el ritmo y  nos indica que en  ese tramo ya se han roto el brazo 2 corredores en el  día de hoy.  Si cabe incrementamos las precauciones al menos  hasta abandonar la zona más compleja del descenso.
Tratando de mantener el equilibrio en el tramo técnico y resbaladizo de la bajada de Peñamayor

Superamos el tramo técnico y entramos en una pista de cemento. ¿Y ahora que? me pregunto a mi mismo  ¿Galopamos un poco Bisonte? y de repente el primer contratiempo serio de un  jornada que estaba saliendo perfecta. Me empieza a doler el vientre. No se si hoy me ha sentado mal la comida del último avituallamiento, la humedad o el magnesio de la salida pero lo cierto es que no me encuentro bien. Valoro la posibilidad de intentar llegar a meta, pero quedan unos 12 kms  y es demasiada distancia. Mi "alien" personal,  el Crohn, lleva con actividad  desde el año pasado y aunque lo tengo más o menos controlado, ya me ha dado guerra en 3 de las últimas 6 pruebas. Son pequeños gajes del oficio que cualquier deportista EII ha sufrido y con los que se aprende a vivir cuando un tramo de tu intestino deja de funcionar correctamente. Hay que quitarle hierro al asunto, no me juego la victoria, el tiempo no me preocupa y es una limitación más engorrosa que grave, además la ventaja para un corredor de montaña es que en el monte siempre hay baños públicos disponibles detrás de cada peña o árbol que te encuentras en el camino. Aminoro el ritmo y trato de encontrar  un sitio adecuado donde poder detenerme. Finalmente encuentro un lugar apartado entre xardones y me salgo del camino con la misma  discreción que mostró   Justin Bieber abandonando el plató de los 40 Principales (él también iba al servicio por lo que tengo entendido ). ¡Joerr! Parece que ultimamente el guión de  mis carreras lo escribe el guionista de la saga Torrente. Allí estoy abonando el monte protegido por la niebla, mientras por una pequeña oquedad entre las ramas de los acebos  veo pasar corredores. No se si parezco un lobo al acecho de sus presas o un gorila de montaña con camiseta de rayas  de los Diane Fossey en "Gorilas en la Niebla".  Un vez solucionado el contratiempo me incorporo a la pista de un salto, observando la cara de incredulidad que pone el corredor que me sigue al verme aparecer de la nada y entre la niebla.  A estas alturas todavía debe de estar preguntándose de donde salió la criatura esa extraña con la camiseta de rayas.

 ¡Uffff! que alivio, ahora vuelo a bajar muy cómodo y con ganas de darle cera a las piernas.

Vista de la bajada de Peñamayor con Les Praeres en primera instancia en un día despejado.
Lastima que apenas 100 metros más tarde entramos en Les Praeres y  a  no más de  500 metros está  el tercer avituallamiento y me rompe el ritmo de carrera. Estamos en el km 15 y llevo  2h:23':47". Parada rápida y comenzamos la empinada subida a La Barallonga.  .

Vista de Les Praeres con el Picu Barallonga de fondo.
Por precaución me gasto las últimas balas de la recamara. Tomo el magnesio y un enantium para prevenir eventuales calambres. Corono, repito el ritual habitual y me aparto unos 2-3 metros de la senda para tocar el vértice geodésico que marca la cumbre. ¡Ya está hecho! Ahora si que solo tienes que dejarte caer hasta meta y que la gravedad haga el resto.
Coronando La Barallonga entre la niebla  tras 2 corredores de rojo
 Por fin podré coger ritmo y bajar rápido, pero para mi sorpresa ¡Zas! amago de calambres en ambos gemelos. ¡Que poco dura la alegria en la casa del pobre!, ¿pero que mi madre ye esto?¿calambres en los gemelos cuesta abajo? Así no hay dios que se organice. De toda la vida los gemelos se acalambran cuesta arriba y los cuadriceps cuesta abajo,  y aquí todo al revés, el otro día  en Redes cuadriceps cuesta arriba y hoy gemelos cuesta abajo...  ¡reeediós, así no hay quién conduzca un tractor de semejante cilindrada!
Bajando camino de les Foces.  Véase el estado de agarrotamiento de mi cuadriceps izquierdo (mete miedo por la cabeza)
Mis mecánicos me confirman que es cosa de la magia negra de  Saruman ( otro que está quemando sus ultimas naves).  Sabedor de que soy un tractor de última generación con un sofisticado sistema electrónico propio de vehículos con mecánica japonesa, ha decidido trucar mi sofware. Mientras estiro los gemelos agarrado a un árbol, llamo a boxes y le digo al equipo técnico ¡a tomar pol culu la electrónica! ¡desconecta-y todos los aparatos  que  vamos a correr a a la vieja usanza!. Arranco de nuevo cuesta abajo con más miedo que vergüenza y con la sensación de ser un corredor más tierno y blandito  que un sandwich de nocilla en pan Bimbo.

Tramo final debajada por un precioso tramo de bosque.
Acabamos la bajada fuerte y entramos en les Foces del río Pendón. Un sendero de piedra estrecho y casi llano que discurre por un paraje precioso. ¡Vamos figura dale brío.! ¡Empiezo a correr y con una facilidad pasmosa voy adelantando de nuevo  corredores. Tengo la sensación de que este viejo  tractor Massey  Fergusson tiene  muchísimo más motor  que mecánica, pero es lo que hay y son las piernas las que limitan mi desempeño. De nuevo vuelvo a mantener ritmos sostenidos que rondan los 5 min/kms,
Corriendo por les foces del río Pendón (voy de lado pa no salirme en las curvas)
 Salimos de les Foces y nos encontramos con el último avituallamiento (km 21). El reloj marca 3h:00':59". Allí veo de nuevo a mi buen amigo Chano, que arranca justo en el momento en que yo llego. Me hidrato bien y arranco el último tramo. Solo quedan 4 kms a meta y son muy sencillos pero me vuelven a dar guerra los gemelos, así que soy incapaz de  correr de continuo. A unos 3 km de meta alcanzo a Chano. Le pregunto que tal va y si quiere que le acompañe y me dice que siga, así que sigo y apenas 200 metros  después alcanzo a Saul Jimenez, otro miembro de la legión leonesa que está a punto de conseguir su chaqueta de finisher. Me sorprende alcanzarle  porque este corredor es de los buenos y siempre me saca un mundo en carrera por montaña pero hoy  viene tocao de un tobillo. Le doy ánimos y sigo para delante con la moral que da venir desde atrás hasta que vuelvo a pasar por el famoso barrizal de la salida. Esta vez cruzo   sin miramientos y me pongo de barro hasta las trancas. Madre de diós, en vez de zapatillas parece que llevo madreñas o grilletes en los tobillos, y a más peso en los pies mayor desgaste muscular, justo lo que me piden mis gemelos que se arrancan  a cantar flamenco de la alegría.

Los siguientes 500 metros vuelven a ser propios de un película de Torrente. Cualquiera que que me viese fácilmente pensaría  en un fenómeno de posesión paranormal, en edema cerebral producto del mal de altura  o en locura transitoria.  Me voy frotando contra los postes de la luz, los matojos de hierba y prácticamente cualquier cosa que encuentro en mi camino con el fin de quitar el exceso de barro de mis pezuñas. Es una situación intermedia entre dar coces como un burro y mear los postes como un perro en celo que marca su territorio.

 ¡Cago en mi maquina! No pueden quedar más de 1500 metros a meta y yo haciendo el bobo.  Más por orgullo que por ganas arranco a correr, a lo lejos intuyo lo que parece ser el polideportivo de Nava  y es como si en mi cabeza sonara la campana que indica la última vuelta en una carrera  en  pista. Algún relé me hace click y el único pensamiento es correr como si me persiguiese un grupo de leones hambrientos. Veo como paulatinamente y en constante progresión aumenta la velocidad en el Garmin 4:25..4,02...3,47....3,29...y al final del tramo más pendiente de bajada por asfalto un fugaz 3:05 ¡acojonante!!! Giro a la izquierda y quedarán unos 500-600 metros a meta. Últimos 500 metros de la temporada, las piernas piden clemencia, pero la cabeza no da tregua, estos últimos metros se corren con el corazón. Me pregunto como puede ser que apenas 1000 metros antes me fuera arrastrando y ahora este corriendo como si no hubiera un mañana y la respuesta es que LA CABEZA lo es casi todo en este deporte. Recibo los ánimos de Adrián Rubio y otros compañeros que ya han acabado y los aplausos del publico, supero con una facilidad sorprendente al corredor que me precedía y que me sacaba unos 200 metros apenas 700-800 metros atrás (lo que idea de que debo ir unos 2,30 min/km más rápido que él) y entro en la recta de meta con la emoción contenida y condensada de una temporada completa de carreras por montaña.

Enfilando al galope la recta final de meta
Cruzando la pancarta de meta con el gran Demonión de Nembra
Apretando los dientes tras cruzar la última meta de la temporada

Tras correr el último km ligeramente por debajo de 3,30 min/km alcanzo la meta en el puesto 158 de la general (sobre 308 corredores en meta y unos 320 en la salida) con un tiempo de 3h:21':48", a 1h:08:58" del ganador que fue Raul Garcia Castán con 2h:13':03"

Con la inmensa satisfacción que solo las cosas que se consiguen a base de esfuerzo pueden aportar y tras recuperar el aliento, lanzo el pesado anillo (a veces bien parecía una rueda de molino) que arrastraba desde el inicio de la Seronda en un inmenso tonel de sidra y veo como los taninos de la conocida  "bebida sagrada astur" lo derriten ante la impotente mirada de Saruman.  ¡Lo conseguí! La chaqueta de finsiher ya está en mi poder y para mi  tiene un mérito enorme. Finalmente he conseguido la posición 79 de la general sobre los 89 corredores que han conseguido la ansiada prenda.

En meta tengo tiempo para disfrutar del tercer tiempo de la última carrera de la temporada. Tiempo  para hacerme fotos con un montón de amigos corredores y para charlar amigablemente con muchos compañeros de fatigas: con Alberto y Ramiro dos titanes leoneses del equipo Interval , con el señor  Daniel Agredano con quién espero poder compartir muchas más carreras el año próximo , con el gran Chano Moran,  con el sajambriego Julio Martino,  con el vaquero del trail asturiano Guille Llera y por último con  don Adrian Rubio, un Xatu del Nalón que corre como un diablo y al que todavía no ha podido vencer el Bisonte (pido disculpas si me olvidado de alguien).

Con Adrián Rubio: El Xatu y el Bisonte compartiendo podium
Con 2 clásicos del trail leonés, los chicos del interval Ramiro y Alberto.
Foto de familia con los 89 finisher de la Seronda Trail Series 2016
Ha sido una temporada fantástica, la mejor desde que volví a correr en el año 2011 tras 15 años alejado del atletismo. Si la máxima del deporte es conseguir el sueño olímpico del "altuius, fortius, citius", este año he volado más alto (superando los 30.000 metros de desnivel acumulado), más rápido (La Batallona fue una grata sorpresa para mi) y más lejos (alcanzando por primera vez la barrera de los 60 kms en carrera de montaña en la Travesía de los Montes Aquilianos).

Cuando me  faltan pocos días para pasar oficialmente a veterano, cabe recordar el que quizá sea mi único elemento diferencial respecto a otros corredores y es que NUNCA me he retirado en 40 años. He competido en  cross, pista, pista cubierta, carreras populares de carretera, medias maratones, carreras de montaña e incluso una ultramaratón de montaña y siempre he conseguido alcanzar la meta. Algunas veces competí para ganar o para alcanzar podiums (las menos), otras para conseguir puestos y tiempos aceptables y últimamente solo con el noble fin de alcanzar la meta; He tenido momentos buenos, malos y regulares; he atravesado ríos, he corrido con nieve, bajo lluvia torrencial, con el barro por encima de los tobillos, con granizo, con frío y con temperaturas superiores a 30 grados y a pesar de los inconvenientes siempre he conseguido encontrar las fuerzas necesarias para alcanzar la meta. Está claro que no soy el corredor más rápido, ni el más resistente, pero sigo siendo LENTO, FIABLE y DURO como pocos. Ojala los viejos dioses celtas de mis ancestros le conserven  a este viejo Bisonte  la fuerza necesaria para seguir acabando carreras muchos más años (otros 40 años no estaría nada mal).

Solo me queda agradecer a TODOS los fotógrafos por las horas desinteresadas que pasan en los montes para hacernos esas fotos que ilustran nuestros recuerdos, a TODOS  los organizadores y voluntarios  por el tiempo que nos dedican para que los corredores podamos disfrutar de nuestra pasión y por encima de todo, a TODOS Y CADA UNO de los compañeros con los que he tenido la inmensa fortuna de poder compartir kilómetros, esfuerzos y sufrimientos en carrera, porque sin vosotros las carreras no serían lo mismo.  MUCHAS GRACIAS A TODOS y nos vemos corriendo  por montaña en 2016.

Esto es lo que queda del Bisonte del Carbayedo a estas alturas del año