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sábado, 7 de mayo de 2016

Powerade BTT Race León 2016

Si normalmente me pongo nervioso la noche previa a disputar  una carrera de montaña, lo de hoy ya no son nervios, son síntomas de Parkinson incipiente. Para mi una bicicleta es poco menos que una nave espacial y hoy toca debutar en una prueba ciclista de BTT, así que a las 6:45 de la mañana salto de la cama como un resorte.  Esta aventura comenzó hace exactamente un año cuando mis amigos atletas de toda la vida, quienes hace mucho tiempo que se fueron por el reverso tenebroso del ciclismo, vinieron a disputar la primer edición de la Powerade Race León, me comprometí  a que en 365 días días tomaría la salida con ellos y como vengo de una tierra donde  la palabra de un hombre vale más que ningún documento escrito, hoy toca cumplir con lo prometido. Ante la magnitud del reto, 80 kms con subidas y bajadas por pistas forestales y senderos de monte,  una persona normal habría entrenado para estar en forma el día de la prueba, no obstante yo que soy un caso digno de estudio me plantaré en la salida habiendo montado en bicicleta solamente 2 días durante el año 2016, con únicamente 92 kilómetros de entrenamiento acumulado en las piernas y para más señas en llano y por carretera,

Entre que no tengo ropa adecuada para la practica de ciclismo, que nunca he estado más de dos horas seguidas montando en bici y que la predicción del tiempo augura una mañana con condiciones meteorológicas muy adversas, tardo más tiempo en vestirme que cuando salía en nochevieja con 18 años. Mi idea es salir de casa una hora antes, bajar por el carril bici del Torio y ascender por el carril bici del Bernesga para llegar a la salida a tiempo, sin embargo cuando saco la bici del trastero apenas faltan  35 minutos para la salida, por lo que no me queda más remedio que cruzar León de punta a punta atravesando el centro de la ciudad. Un placer recorrer las principales arterias de la ciudad sin cruzarme con vehículos. Llego a la salida con 20 minutos de margen y por una vez habiendo calentado antes de empezar. Tengo tiempo de intercambiar unas palabras con  Lolo Diez y en seguida  trato de encontrar mi lugar en un entorno que me es completamente ajeno. Estoy rodeado de  más de mil participantes, la inmensa mayoría perfectamente equipados con maillots ciclistas, con material especifico de BTT y con bicicletas de última generación que superan en muchos casos ampliamente los 2000 euros de coste y  yo me encuentro entre todos ellos cual Quijote, equipado en versión "mercadillo del rastro" y más perdido que Kunta Kinte en una fiesta de pijamas del Ku kux Klan.
Salida de la Powerade BTT Race León
Para entender lo que digo es necesario describir mi equipación porque estoy para que me dediquen una portada en la revista ciclismo a fondo. En la cabeza casco, en las manos unos guantes de tela de atletismo y encima unos guantes para andar en bici de Lidl con los dedos al aire. En el tren superior llevo 2 camisetas térmicas de manga larga, por encima una chaqueta térmica  y un chubasquero marca blanca de Forum. En el tren inferior  llevo unas mallas Kalenji de atletismo y encima una badana perrera de Decatlón, de esas que en rebajas compras por menos de 10 euros y que ponen "adecuadas para salidas esporádicas en bici de hasta una hora de trayecto" y para rematar en los pies dos pares de calcetines, con bolsas de plástico de Alimerka intercaladas  entre calcetín y calcetín y zapatillas de fútbol sala. ¿Por qué lo de los pies? porqué el segundo día que salí en bici, con lluvia durante 2 horas, bajas temperaturas y viento de cara, se me mojaron los pies y llegué a casa con los dedos encogidos, congelados y entumecidos como si acabará de descender de la cumbre de una montaña de 8000 metros, así que no estoy dispuesto a pasar de nuevo por lo mismo y menos cuando la previsión es que estaré unas 6 horas sobre la bici con aviso de temporal. Si lo anteriormente ya de por si es muy pintoresco, queda rematar con la montura que llevo para la ocasión y que sin lugar a dudas complementa lo  anteriormente descrito y me convierte en una suerte de  ciclista vintage. La inmensa mayoría de competidores llevan bicicletas de gama media o alta de fibra de carbono y aluminio, con cambios, sistemas de frenado y sistemas de amortiguación  de última generación y yo estoy allí con mi vieja bicicleta de hierro que ya tiene dos lustros de vida, bicicleta tan dura y fiable como su dueño y que a juzgar por su elevado peso, tiene pinta de haber sido forjada a martillazos por algún herrero de Manchuria con hierro de Mongolia y utilizando el fuego de algún dragón para forjar su resistente cuadro. Con todo lo anteriormente expuesto no es de extrañar que me sienta más desorientado y fuera de contexto  que el Fary actuando de telonero en un concierto en Iron Maiden. A 5 minutos para la salida y por casualidad localizo a un tractorista de los míos como es Javi Reguera y me pongo detrás suyo para tratar de  tener alguna mínima referencia en carrera.

Atravesando las pancarta de salida de la prueba
Dan la salida y arrancamos esta aventura  los aproximadamente 1500 participantes. Aunque en principio me coloqué atrás del todo, han ido llegando ciclistas a última hora y calculo que detrás mía todavía saldrán entre 150 y 200 ciclistas adicionales.  Los primeros 5 o 6 kilómetros son completamente  llanos y por carretera así que son muy sencillos incluso para mi. Como mi destreza sobre la bici es mínima y desconozco los fundamentos básicos del ciclismo, en vez de ir a rueda voy un par de metros por detrás de Javi para poder reaccionar si hay algún frenazo brusco.

Sin contratiempos llegamos a Carbajal de la Legua, cruzamos el pueblo y tras un primer repecho asfaltado entramos en caminos de tierra para enfilar el primer ascenso fuerte de la jornada. A las primeras de cambio me bajo de la bici y decido subir andando empujando la montura. Como montando en bici soy más malo que el virus del ébola, creo que  a pie me voy a desgastar menos muscularmente, que tendré menos posibilidades de pinchar y que  apenas perderé tiempo respecto a subir montado. Asciendo lo que calculo que será algo más de un  kilómetro y medio  de subida  perdiendo posiciones y cuando faltan apenas unos 100 metros para coronar esta primera subida, me detengo a un lado y me dispongo a encender el MP3. Me quedan unas 5 horas de batalla en solitario y creo que toda ayuda será poca. A estas alturas y dadas las circunstancias, debo de ir el último, o al menos no diviso ningún corredor por detrás. Cuando me dispongo a montar de nuevo en bici, veo acercarse a u corredor afilado y  con aspecto de ciclista de los de verdad. Para mi sorpresa resulta ser uno de mis amigos de Avilés que  debería estar luchando por una posición entre los  150-200 primeros de la general, pero que ha roto cadena 2 veces en apenas 8 kms de prueba y se ha quedado  descolgado. Intercambiamos unas palabras e iniciamos la marcha. Parece que mi compñaero ha cambiado el chip y tendrá  una placida mañana de tractorismo a mi lado. Acabada la subida entramos en una zona llana con senda en buen estado, lo que no impide que a las primeras de cambio y en un tramo carente de la más mínima dificultad técnica, al intentar cambiar de rodada en una zona de la senda, me patine la rueda trasera y me caiga de la bici. Como mi velocidad debe de rondar los 12/13 kms hora y el suelo es de tierra y hierba no me hago ni un rasguño. Que me iba a caer en esta carrera era algo que ya  sabían hasta los indios Yanomani de la Selva Amazónica, asi que pasa por ser normal, no obstante el problema es que al caerme tan pronto, mi confianza disminuye sustancialmente. A partir de  aquí entramos en una zona con subidas y bajadas no muy largas pero constantes y cada vez que aparece una cuesta, independientemente de que sea ascendente o descendente, me desmonto de la burra y subo andando con la bici  al hombro o a rastras.

Tramo sencillo de pista (kilómetro 15 aproximadamente)
 Y así van trascurriendo los kms, el resto de corredores corriendo una prueba de BTT y yo un duatlón de montaña, mientras  mi compañero de expedición Oliver, es incapaz de superar las 120 pulsaciones por minuto dada la escasa exigencia del ritmo y si no se da a la bebida para superar el tedio es solamente porque la prueba no pasa por ningún nucleo urbano con bar donde poder emborracharse. Llega la bajada fuerte que nos devuelve de nuevo al valle por pista de tierra y piedras. Intento bajar montado por vergüenza torera  pero a pesar de ir a  una velocidad inferior a la que se podría alcanzar conduciendo un cortaceped, no pasan ni 150 metros  de descenso cuando me empieza derrapar la rueda trasera, así que clavo los frenos, me paro en seco y subo la bici al hombro para continuar con mi particular duatlón.  Y en esas estoy bajando corriendo cuando me cruzo con un fotógrafo que se encuentra agazapado entre escobas y  que me mira entre sorprendido e incrédulo.
Le digo
- Han pasado ya más de 1300 ciclistas ¿A que no has visto a nadie corriendo con la bici a cuestas?
- No
corriendo  con la bici a cuestas
Una segunda instantánea para mayor gloria del duatleta
Llegamos abajo y entramos en el pueblo de Cuadros y para mi sorpresa aparece una  carretera asfaltada y con  terreno llano, o lo que viene a ser la única superficie sobre la que me siento cómodo. Aquí no hay que tener pericia con la montura, basta con tener motor. Pienso que es muy triste apuntarte a una carreta de BTT y ponerte contento cuando pisas asfalto...pero es lo que hay. La realidad es que Oli y yo nos ponemos las pilas, empezamos a darle candela a los pedales y adelantamos a una barbaridad de corredores, esto es especialmente notable cuando subiendo camino de Valsemana la carretera pica para arriba pero con pendiente no muy pronunciada. Poseídos por los espíritus de Fabian Cancellara y Peter Sagan en versión rustica, superamos con una facilidad pasmosa a un número muy elevado de corredores, hasta que a la salida del pueblo de Valsemana se acaba la carretera y en un pequeño repecho me vuelvo a bajar de la bici mientras  Oli  continua la ascensión a buen ritmo. Apenas unos 100 metros  más adelante me lo encuentro agachado  a un lado del camino tratando de arreglar su maltrecha bicicleta.  Acaba de romper la cadena por tercera vez, no puede tronchar la cadena y ya no  puede quitar más eslabones de la cadena.
-¿Que hacemos? me dice
- Muy sencillo, deben de quedar unos 3,5 o 4 kms hasta el avituallamiento y me parece haber leído que tienen servicio mecánico, así que apretamos muy fuerte un cojón contra el otro y p'alante que aquí no se retira ni Dios.

Mi compañero lleva calas de ciclismo en los pies,  lo que no facilita mucho la labor de caminar empujando la bici, así que  le dejo mi bici y yo cojo la suya, total el duatlón es mi especialidad, y sin tiempo que perder nos ponemos en marcha. Para acabar de darle un poco más de épica al asunto, comienza a nevar y la sensación térmica desciende bruscamente. Ahí estamos nosotros partiendo la pana, mi compañero montando una bici  unas 4 tallas más grande y donde no puede bajar el sillín por lo que debe ir todo el rato de pies al no  llegar a los pedales y yo corriendo como un loco y empujando una bici naranja fluorescente 4 tallas más pequeña. La imagen es tan surrealista que  cualquiera que nos vea  podría pensar que somos el Torete y el Vaquilla, o lo que es lo mismo, dos kinkis que les acaban de robar las bicis a un par de pardillos que se han detenido a mear durante una prueba ciclista.  Lo más sorprendete de todo es que conseguimos mantener un ritmo de carrera constante de entre 9 y 10 kms/hora y apenas nos adelantan competidores. Y finalmente a lo lejos y al final de una larga recta entre pinos,  vemos la pancarta que señala el avituallamiento y como quién ve un oasis en medio del desierto, apretamos los dientes y subimos el ritmo en busca de nuestra salvación ciclista
Entrada al avituallamiento intermedio (km 28,5 de la prueba según mi GPS)
Estamos en el kms 28,5 según mi GPS Garmín y llevamos 2h:27':17" de prueba, lo que da un increible ritmo de apenas 12 km/hora, al alcance de muy pocos deportistas cualificados. En nuestra descarga solo cabe alegar que a estas alturas debo de llevar corridos unos 7'5 u 8 kms.

Oli  asistiendo a la reparación de su bici en boxes.
El Torete y el Vaquilla posando para el anuario de la  Guardia Civil
Mientras a Oli le ponen la cadena nueva aprovechamos para hacernos unas fotos que inmortalicen la "proeza". Oli me comenta que  tiene que llegar pronto a su coche porque uno de sus compañeros con los que vino  tiene que estar de noche en Pamplona y todavía tiene que pasar por Avilés a recoger su propio vehículo, así que  va a acelerar el ritmo para llegar lo antes posible a meta y en principio yo seguiré a mi ritmo tractorista habitual.

Pancho y Javi de Verano Azul posando antes de retomar la marcha
Tras parar  aproximadamente 8-10 minutos en boxes, arrancamos con destino a la prueba corta de 50 kilómetros que por hoy ya está bien de experimentos. Oli va como un tiro con su cadena nueva y yo inexplicablemente decido tratar de cogerle rueda. La carrera transita por un tramo llano de  pista en buen estado que discurre por el medio de un pinar, por la que vamos como cohetes. La lluvia arrecia cada vez  con más fuerza, hay niebla y al salir de la protección de los arboles el viento sopla de cara y con una fuerza bestial, tanta que hay momentos en los que aunque pedalées con todas tus energias, tienes la sensación de no avanzar.  Las rachas se hacen cada vez más fuertes, mi chubasquero se hincha convirtiéndose en una especie de traje de hombre pájaro y debo agarrarme fuertemente al manillar para no salir volando convertido en la reencarnación de Alvaro Bultó. A pesar de todo seguimos adelantando corredores, de nuevo el motor manda sobre la pericia y en este particular parece que vamos sobrados. Todavía nos quedan un par de kilómetros luchando contra el viento y que personalmente se me hacen  eternos mientras  cruzamos el desolado páramo hasta que alcanzamos de nuevo  la protección del pinar de Camposagrado. Menos mal que entre mi bici y yo superamos con holgura los 110 kgs de peso conjunto y que no tengo un cestito delante del manillar con un extraterreste subido, porque por un momento pensé que iba a  salir literalmente volando emulando la mítica escena de la pelicula  ET. En el momento que los arboles nos dan cobijo, nuestros ritmos se disparan hasta alcanzar los aproximadamente  24 kms/hora. Llegamos al segundo avituallamiento en 2h:59':32" (km 36 aprox) y vemos los estragos causados por del frío. En el interior de una furgoneta  de la organización hay corredores refugiados con claros síntomas de hipotermia y los voluntario bajo la carpa improvisada negocian la forma de evacuarlos.


Parada muy rápida y a darle zapatilla en formato clasicomanos de Flandes. Seguimos adelantando competidores con cierta facilidad aunque empiezo a notar muy cargados los músculos del tren superior de  las piernas. Salimos del pinar, giramos a la izquierda y nos adentramos por una senda descendente que finaliza en un pronunciado cortafuegos  de piedra suelta que  en forma de V desciende y asciende un valle angosto. Yo que no tengo ni puñetera idea de ciclismo, como ya ha quedado claramente demostrado a lo largo de esta entrada, le pregunto a mi compañero:
-¿Esto es normal?¿no se habrá pasado un poco el organizador con el trazado?
- Pues no parece muy normal - me contesta Oli
Cuando vamos a enfilar la parte más pronunciada del cortafuegos, nos detenemos para evaluar la situación y echamos la vista atrás.  Mucho más arriba vemos varios grupos de corredores que nos han seguido  y que nos miran expectantes por ver que hacemos. Algunos comienzan a dar la vuelta asumiendo que se han equivocado de trazado.
- ¿Que hacemos Oli?¿Seguimos o damos la vuelta?
- Seguimos  que  somos de Avilés y malo será que no enlacemos con el circuito de la prueba larga más adelante.

Pues nada, como reza el viejo proverbio astur "ante la duda la más tetuda", seguimos adelante y que que Dios reparta suerte. Volvemos al duatlón, bajamos andando la parte pindia y subimos empujando la bici por el tramo de ascensión que está en el lado opuesto del valle. Llegando arriba se me sale la cadena. Creo que a estas alturas mi "burra" empieza a estar a esta el tuétano de esta aventura, si llego a estar solo serían unos 10 minutos de lucha contra la maquina, pero con la ayuda del compañero en poco más de medio minuto todo arreglado. Levantamos la cabeza y unos 100 metros más adelante vemos corredores pasando como aviones. Milagrosamente hemos enlazado con la prueba larga, pero ahora la pregunta es ¿a que altura estamos?. Giramos a la derecha y cogemos un estrecho camino descendente, que sin estar en mal estado, ni ser muy pendiente, si es más técnico que las pistas que transitábamos hasta ahora en la carrera corta. Bajo en completa tensión, trato de pegarme lo más posible al lado derecho  para no molestar a los corredores que pasan, pero lo cierto es que parece que yo voy subido en un cortacesped y ellos en un Formula 1, lo que incrementa mi ansiedad ante la posibilidad de causar un percance. Finalmente acaba la bajada y alcanzamos un   tramo llano, tratamos de que alguien nos diga cuantos kms llevan para saber donde nos encontramos, pero pasan tan rápido a nuestro lado que no tenemos éxito. Atravesamos el pueblo de Lorenzana y a la salida vemos un cartel que marca el  km 70, bueno al menos ya tenemos referencias y sabemos que en teoría estamos a unos 10 kms de meta, lo que significa que  haremos unos 56-57 kms.  Apenas medio kilómetro más adelante mis piernas dicen basta y tengo que detenerme con unos calambres bestiales en ambos cuadriceps. La combinación de diversos factores tales como los kms de carrera  a pie, la tensión de las bajadas, las casi 4 horas que llevo sobre la bici o el frío han acabado pasándome  factura. Me tomo un enantium, estiro lo que buenamente puedo agarrado a un árbol y algo más de cinco minutos más tarde arrancamos de nuevo la marcha a ritmo de paseo cicloturista. Bajo piñones para mover un desarrollo mucho más cómodo y espero a que el enantium haga su trabajo. Vamos tan despacio que parecemos 2 de los protagonistas de Verano Azul, somos como  Pancho y Javi dando un paseo en bici en busca del Barco de Chanquete. Y en esas estamos cuando nos adelanta un corredor de grandes dimensiones al que cariñosamente y como no podía ser de otra forma, denominamos Chanquete. Fijaros como sería de grueso para que yo os diga que era mucho más grande que yo. Dicho corredor se aleja de nosotros con facilidad, pero date tu que unos 4-5 kms más adelante y una vez parece que mis músculos vuelven a recuperar prestaciones, en un tramo recto volvemos a ver al mismo ciclista unos 300 metros por delante y nos sale la vena competitiva que teníamos aletargada.
-¿Y ahora que hacemos Pancho?¿Vamos a por Chanquete?
-Vamos

Quedarán unos 4-5 km a meta, progresivamente subimos el ritmo y con una referencia de fondo vamos recortando distancias hasta alcanzar y sobrepasar a Chanquete justo antes de entrar en Eras de Renueva. Nos queda apenas un kilómetro o kilómetro y medio a meta y ya es por carretera. Un ultimo arreón y conseguimos atravesar la pancarta de meta en 4h:15:53 alcanzando los puestos 318 y 319 sobre 374 corredores en meta de la prueba corta.
Entrando en meta

Hemos tenido problemas mecánicos, caídas, nos hemos perdido y nos hemos encontrado y finalmente hemos hecho nuestra particular Powerade en versión  de 57 kms (ni la prueba corta, ni la prueba larga), con viento, lluvia, nieve y sol hemos llegado a meta y personalmente he conseguido completar mi primera carrera ciclista y con muy buenas sensaciones. Lo más sorprendente es que pese a todas la vicisitudes vividas, hemos sido capaces de adelantar a 39 corredores desde el avituallamiento de Camposagrado (donde ocupábamos las posiciones 357 y 358) a meta.

Para rematar la mañana todavía tengo tiempo de empaparme hasta la médula espinar bajo una fuerte granizada mientras espero pacientemente  a la intemperie para poder lavar mi bici, ya que  si llego a casa con la bici llena de barro,  hoy duermo en el trastero con casi total seguridad.  Finalmente también aprovecho para saludar  a algunos de mis amigos de Avilés, y tras recorrer en bici los 4 o 5 kms que me separan de mi casa, doy por concluida la jornada

No ha estado mal para ser la primera vez.... el año que viene dios dirá si repetimos

Próxima parada del Bisonte World Tour 2016: Biosfera Trail

Perfil de la Powerade BTT Race León en su versión corta (con 596 metros de desnivel acumulado positivo)

lunes, 28 de marzo de 2016

Carrera de Montaña Alto Sil 2016

Apenas faltan un par de minutos para las 5 de la mañana y salto de la cama con la agilidad de un Puma de los Andes.
Este soy yo  saliendo de la cama el día del Alto Sil
Es un día especial, por fin ha llegado  la carrera que con tanto anhelo he esperado durante los 364 días previos del año y los nervios apenas me han dejado conciliar el sueño. Ducha, desayuno rápido y en ruta.

Hoy el bisonte irá al volante, llevando como compañeros de expedición al "tigre" Dieguez, al "corzo" Salva, al "galgo" Baños y al difícilmente clasificable Cañi, que en apenas 5 años  ha pasado de rinoceronte a jabalí y de jabalí a rebeco. Bajo la pertinaz y persistente lluvia del exterior, emprendemos este particular viaje de pirados de la montaña, que con semejante fauna a bordo más bien parece una versión cazurra del Arca de Noe.

Es llegar a Santa Cruz del sil y respirar ambiente de carrera de las buenas. La recogida de dorsales, el desayuno en la carpa y los instantes previos a la salida emocionan por el hecho de poder saludar e intercambiar unas palabras con muchos corredores, que como me sucede con el animado e irreductible clan gallego de los Coutadas Trail Team, solo veo en esta prueba a lo largo de toda la temporada. Y sin darte cuenta ya estás preparado, has pasado el control de chips y estás metido en el cercado a la espera de que den la salida con más nervios que Sergio Ramos ante un examen de primero de  la ESO.

La salida se retrasa unos 5 minutos porque estamos esperando a  un guaje de un pueblo vecino, un tal Manu Merillas (nuestro particular Kilian Jornet leonés), que aparte de buen rapaz, es un corredor excepcional y al que todos esperamos ver algún día, cada vez más próximo, siendo  campeón del mundo de la disciplina. No hay prisa, hace menos de 3 semanas estaba fuera de la carrera por problemas con el tendón de de aquiles, así que vengo a disfrutar de cada segundo de esta prueba como si fuera el último.
Salida de la prueba en compañía de Paquito y custodiado por nada menos que 3 corredores escoba
Cuenta atrás y mis 450 compañeros de aventura salen al galope. Inmediatamente se forman 2 pelotones claramente diferenciados: el primero compuesto por la practica totalidad de los participantes y ya descolgados desde el primer metro de la prueba, un segundo y pintoresco grupo.

Saliendo de Santa Cruz del Sil siguiendo el ritmo que marcan los 2 "ratones" contratados para la ocasión.
Yo en mi linea habitual, salgo en última posición y a ritmo de corredor nonagenario, por lo que evidentemente me inserto en el segundo pelotón. A mi izquierda llevo a Paquito, justo a mi espalda 3 corredores escoba... ¿3 escobas? ¡pero Lolo, que es esto! Tienes más empleados de limpieza tu en Santa Cruz del Sil que Carmena en todo el Ayuntamiento de Madrid y justo por delante y marcando el ritmo van  2 corredores disfrazados de Minnie Mouse (Laurina y Chuso). ¿Has dicho 2 ratones (o ratitas)? efectivamente, en el atletismo profesional se utilizan liebres para ir más rápido y en el tractorismo ratones. Al fin y al cabo los ratones si te despistas  te comen la cosecha y los tractores somos tecnología punta la servicio del mundo agrario, así que de una forma  natural todas las piezas encajan.
Comenzando la ascensión a La Chañada en el pintoresco pelotón de los elegidos 
Ascendiendo al Alto de La Chañada bajo la atenta supervisión de los corredores escoba
Sabedor de mis limitaciones físicas, el primer pico lo subo al ralentí y tratando de gastar el menor combustible posible. Charlando a ratos con Paquito, a ratos con  la eternamente joven Carmen Corujo de los viejos tiempos y llegando a cumbre en compañía de  Javi Reguera, la ascensión se me hace cortísima y consigo coronar La Chañada en 36':03" (km 3).

Comenzamos la bajada del cortafuegos y este año  me lo tomo con mucha calma,  aprovechando para disfrutar y recrearme con de la fantástica vista del imponente cortafuegos que tengo enfrente  y por donde asciende una interminable  fila de corredores convertidos en hormigas de colores. Llegamos abajo, cruzamos el riachuelo (48':14" y 3,95 kms) y ya con los pies empapados nos enfrentamos al imponente y temido Muro.  A ritmo procesional y sin alardes de ninguna índole, asciendo los aproximadamente 560 metros y los 200 metros de desnivel positivo que nos separan del primer avituallamiento de la jornada. Arriba el reloj marca 1h:01:56" (km 4,5). Minuto arriba, minuto abajo, voy  igual que todos los años.
Vista cenital del cortafuegos conocido como "el Muro"
Mis 2 "liebres" ...o más bien "ratitas" particulares  (Chuso y Laurina) coronando el Muro
Comienza la bajada y enseguida percibo que algo no va bien en la carrera. Escucho voces y noto mucho nerviosismo. Un poco más abajo me cruzo con un corredor que sube corriendo en dirección contraria (me pareció reconocer al bueno de Simon Allen) y que nos comenta que hay un corredor accidentado unos 200 metros más abajo. Llegamos a ese punto y experimento la peor situación que yo haya vivido en mi condición de corredor de montaña hasta este momento. Tendido en el suelo hay un corredor, se encuentra consciente pero muy aturdido, tiene la cara ensangrentada y se encuentra completamente inmóvil, está tiritando de frío y nervios pese a que le acaban de cubrir con una manta térmica. Pregunto como puedo ayudar, si necesitan antinflamatorios que llevo en la mochila y me ofrezco para ayudar porteando la camilla con el accidentado si fuese necesario. Me dicen que está todo controlado, que el corredor que le sostiene la cabeza es médico y que están esperando las asistencias para sacarlo en helicóptero. Aquí nada puedo aportar y hay una máxima en montaña, y en la vida en general, que dice "que si no puedes ayudar, lo más prudente es no molestar", así que con muy mal cuerpo y un susto de la ordiga,  inicio lo que queda de descenso con mucha más prudencia de lo habitual. No puedo evitar pensar en la salud del corredor accidentado y no me cuesta lo más mínimo ponerme en su piel. Si esta es la situación más dramática que me ha tocado vivir hasta ahora, apenas 150 metros más abajo me encuentro con la más cómica y surrealista. Veo subir a 2  miembros de la Cruz Roja andando cuesta arriba por el cortafuegos y al pasar por su lado,  veo que a uno de ellos le viene empujando por la espalda un corredor en pantalón de deporte y camiseta para ayudarle a avanzar más rápido. Esto es lo que se debe de conocer como vehículo médico autopropulsado. Si Santiago Segura viera lo aquí  sucedido, no dudaría en incluirlo en la próxima entrega de  Torrente.

Llego abajo en el momento en que Alex Santos, que viene aquejado de problemas musculares, me alcanza. En su compañía recorro los siguientes 2-3 kms  a ritmos de 4:30 min/km, que son demasiado elevados para mi, así que en cuanto comienza la cuesta arriba me detengo y subo andando.
Pista ascendente que discurre paralela al río  y conduce hasta el pueblo de  Páramo del Sil
Estamos a apenas un kilómetro de Páramo y tras un árbol en la ribera del río, se me aparece por sorpresa y como si de un  Trasgu se tratase, el bueno de Tomás Baños que ha decido parar en boxes para aligerar peso aquejado de problemas de "combustión interna".
Cuesta de entrada al pueblo de Páramo del Sil



Apenas 100 metros más adelante alcanzo a mi habitual compañero de aventuras Cañi y ya con él voy hasta el segundo avituallamiento del día.

A Páramo se entra por una cuesta empedrada donde hay mucho público. Los gritos de ánimo y la presencia de fotógrafos me hacen venirme arriba y subir corriendo a buen ritmo, aún consciente de que el postureo va acabar conmigo y que arriba me tendrán que poner oxigeno los voluntarios de la  Cruz Roja para  poder continuar. Un último arreón al recibir los ánimos de mi fotógrafa favorita Bosena que ha prometido sacarme guapo y ¡alley hop! ya estoy  en la calle principal de Páramo. 

Galopando por postureo en la cuesta de acceso a Páramo del Sil
Entrando en el  avituallamiento me encuentro a Nary Ly, nuestra maratoniana olímpica que ya es una leonesa más, que me anima efusivamente. Apenas quince días atrás era  mi hijo quién le pedía un autógrafo y hoy quién será primera atleta en la historia de Camboya en disputar unos juegos olímpicos, se encuentra  ofreciendo su ayuda y sus ánimos al más popular de los atletas que compiten en Alto Sil.  Este tipo de detalles son los que hacen grande este deporte ¿o acaso os imagináis a Cristiano Ronaldo en el Pozo del Tio Raimundo animando a los jugadores de un equipo de segunda regional?¿A que no? pues es esa humildad lo que marca la grandeza de esta gran persona ¡Thank you very much Nary!.

Parada más rápida que en ediciones previas en el avituallamiento y  arranca  la subida al coloso alpino de la jornada. El reloj marca 1h:36.53" y todavía estoy aproximadamente en el km 9,3 de la carrera. La primera mitad de la subida a la Campona discurre por un cómodo sendero sin pendientes reseñables y en buen estado, más delante atravesamos un tramo de ascensión entre escobas y tras cruzar una amplia pradería de montaña entramos en la parte más dura de la ascensión, momento en el que me cruzo con un corredor que viene caminando  en sentido contrario
- Hombre Bisonte ¿que tal?
-  Hola compañero ¿que te ha pasado?
- Vengo algo mareado  y he preferido dejarlo
- Una pena Iván, ánimo y nos vemos en meta

El Alto Sil es una carrera muy dura y empieza a reclamar el peaje habitual en cuanto a abandono de corredores. En esta ocasión se trata de Ivan Lugris, un muy buen corredor de montaña gallego al que por fin he tenido el gusto de conocer en persona, aunque sinceramente hubiese preferido conocerle en meta . Continuo la ascensión de manera muy cómoda y  llegando a la cota 1400 metros empezamos a pisar nieve. Voy en solitario y lo vivido me recuerda la primera edición. Que sensación de libertad te ofrece correr en solitario por estos hermosos parajes nevados y envuelto por ese halo de misterio que aporta la niebla. 
Samu Obaya en el Alto de La Campona
Poco a poco asciendo hasta alcanzar el alto de La Campona y a lo lejos empiezo a escuchar por megafonía música en asturiano de Los Berrones. ¡Ufff! no encuentro mejor manera de entrar en un avituallamiento. No pasa ni un minuto de tiempo cuando aparece de nuevo  el bueno de Cañi.  
Nosotros que tenemos mucha más pinta de críticos gastronómicos de  la guia michigrín que de corredores de montaña, juntos y en un avituallamiento... ¡Ya se jodió la marrana! A nosotros que nos gusta más un avituallamiento de mantel y sobremesa, que a Falete un Chuletón de buey con patatinas, en vez de quedarnos en el avituallamiento exterior como el 90% de los corredores, entramos en la cabaña recordando viejos tiempos y nos encontramos con una barra de lomo, una navaja y un hogaza de pan. Nos hacemos fuertes en la mesa y nos tomamos un laaaargo respiro.
Esperando a que nos traigan la cuenta pa volver a correr

Nos ponemos cómodos al calor de la chimenea  y aprovechamos para hablar con 2  compañeros del cumbres de León: Javi Pascual que aquejado de problemas en su tendón de aquiles ha decidido abandonar y está esperando transporte y con Diego Ruiz que viene justo detrás nuestro. Unos 15 minutos más tarde, a falta únicamente de café, copa y puro,  Cañi decide arrancar y yo un par de minutos más tarde tratando de poner en funcionamiento mi MP3. He pasado tanto tiempo en la cabaña, que ya han pinchado por megafonía medio CD de  Raphael y por el camino nos han adelanto Tomás Baños, Carmen Corujo y un numero indeterminado de corredores que vienen a correr y a no de picnic por la montaña.  Estamos aproximadamente en el km 17 de la prueba y el reloj marca  3h:13':31". Tenemos tres cuartos de hora para llegar al cierre de control de Primout.

Acabamos de coronar La Campona, comenzamos el descenso  por el tramo de pista al que le han retirado parte de  la nieve para facilitar el transito de vehículos y llegando al km 19 alcanzo  de nuevo a Cañi, que se había detenido a aligerar peso y aparece aullando como un lobo tras un pino.
Cañi comenzando el descenso a Primout desde el Alto de La Campona (km 18)
Al pasar a su lado le ánimo para que  me siga porque tengo pensado bajar a muy ritmo hasta Primout y para mi sorpresa veo que se queda atrás. Me detengo para preguntarle que le sucede y y me dice que lleva las gafas empañadas y que ve menos que un gato de escayola.  Se me ocurren un montón de alternativas, pintar de blanco uno de mis bastones  y dárselo para que la gente vea que baja uno de la ONCE, agitar unos cascabeles para que trate de orientarse por el oido y finalmente opto por la mas sencilla, esperarle y marcarle el camino a su ritmo. Al fin al cabo, él ha esperado por mi muchas más veces en carrera que yo por él y parece lo justo. Me ajusto el cencerro del cuello y le digo que se ponga a rueda. Es un momento histórico, probablemente sea la  primera vez en la historia de la humanidad que un invidente temporal utiliza un bisonte lazarillo en lugar de un perro. Bajamos tan despacio que hasta nos pide paso un corredor que aparenta tener unos 60 años (creo que además nos han adelantado en esta tramo 2 tejones, un erizo, 3 castores  e incluso una familia de ardillas). Bajamos andando o trotando muy lento  hasta atravesar la portilla de entrada y acceder al pueblo de Primout. En el reloj faltan apenas unos segundos para las 3h:45' (aunque este año nos sobran 15 minutos hasta el cierre de control gracias a los nuevos horarios de la organización).

Unos 5 minutos de parada en el  avituallamiento, tiempo suficiente para enterarnos por los voluntarios de la  Cruz Roja que el corredor accidentado ya está en el hospital de  Ponferrada y que aparentemente no hay daños serios. Comemos, bebemos y  mucho más relajados por la buena noticia del compañero emprendemos de nuevo la marcha.
Paso por la preciosa aldea de Primout
Cañi sigue aquejado de molestias intestinales pero en este tramo ya no le puedo servir de ayuda, así que tras consultarlo con él, decido correr un poco por un tramo que me encanta. Por delante unos 5 kms de falso llano descendente por la ribera del río Primout. Un Tramo ideal para disfrutar corriendo en un entorno precioso.
Tramo de carrera que discurre desde Primout hasta la Braña de Santa Cruz
 Paso por el punto donde hace 3 años y aquejado de unos calambres bestiales en cuadriceps,  me autopractique la punción seca con un imperdible  y sin nada más reseñable que contar alcanzo la Braña de Santa Cruz en 4:21:09".
Angel Rivero cruzando a buen ritmo  el Rio Primout, uno de los momentos más emblemáticos de la prueba
Cruzando el Río Primout sin agarrar la cuerda. Con mi actual peso, la fuerza del agua no representa ningún peligro.
Parada rapidísima, cruzo el río sin agarrarme a la cuerda,  unos 800 metros adicionales descendentes, giramos a la derecha y nos damos de de bruces contra el Pico Negro.
Vista cenital de la subida al Pico Negro
Comienzo el ascenso y decido detenerme para poner en orden mi MP3. Ser bisonte es muy pintoresco, pero el problema es que es muy difícil manejar los aparatos electrónicos si en lugar de manos tienes pezuñas.  No se que narices hice, pero lo cierto es que he borrado casi entera la lista de canciones a reproducir y consciente de que la música me ayudará en la dura ascensión, decido dedicar unos minutos a tratar de solventar el problema. Soy incapaz de arreglarlo y decido probar a poner la radio sin mucha fe, dado lo agreste del terreno por el que transitamos  y para mi sorpresa consigo sintonizar los 40 principales. Arranco de nuevo la marcha, apenas unos 300 metros más arriba suena Justin Bieber y paso por un momento de auténtica zozobra. No se si tirarme cuesta abajo rodando y acabar rápido con mi vida o seguir ascendiendo sumando al sufrimiento físico propio de la ascensión, el sufrimiento psicológico extremo derivado de escuchar a este gato en celo. Tenían que poner un aviso por la radio al estilo de las cajetillas de tabaco que dijera algo así como "escuchar a Justin Bieber durante un esfuerzo prolongado puede comprometer seriamente su salud mental". Un nuevo invitado se suma a la fiesta y la lluvia hace acto de presencia. Primero es una lluvia fina al estilo del orbayu asturiano, para acabar arreciando cada vez con más fuerza. Completamente empapado la sensación de frío se incrementa y a su vez incrementa la dureza inherente a esta dura y eterna ascensión que parece no tener fin. Orgánicamente noto el cansancio acumulado, pero poco a poco voy acercándome a la cumbre. Casi llegando a la cima consigo alcanzar a 2 corredores que van más tocados que yo, les dedico unas palabras de animo ¡vamos chavales, que ya no os queda nada! Es una de las cosas que diferencian este deporte, a estos niveles no hay rivales, sino solo compañeros de expedición y unas palabras de animo siempre se agradecen.
Tramo final de ascenso a Pico Negro
Finalmente consigo coronar y toco  cumbre en 4h:58':24".  Con el frío viento de cara, me giro y me deleito durante unos segundos mirando la subida que dejo atrás. Me emociono recordando lo mucho que he sufrido ascendiendo 5 veces este pico y como aquel que mira su tierra desde la cubierta de un barco mientras se sueltan amarras y te alejas de tierra, siento esa extraña nostalgia o lo que los asturianos llamamos  "señardá" de quien se despide de un lugar que visita por última vez. Con los ojos humedecidos, la cabeza vuelve a coger el mando y trata de poner un poco de orden ¡vamos a ver Bisonte! ¡arranca y déjate de mariconadas que  a ti lo que te pasa es que todavía no te has sobrepuesto al shock de padecer a Justin Biever en un momento de sufrimiento extremo durante al subida!.

Sin más dilación arranco el descenso final
Zach Miller trepndo los últimos metros antes de coronar el Pico Negro
Soy consciente de que ya tengo la carrera  en la palma de mi mano. Tengo una hora y cuarto  hasta cierre de control y solamente unos 6,5 kms por delante, incluso andando lo que queda de prueba lo puedo conseguir. En las 4 ediciones previas me he transformado en zombie durante los primeros kms de descenso, para ver como mis largas piernas se iban acortando paulatinamente para acabar entrando en meta reptando como una culebra, y todo hace indicar que este año no será diferente. Arranco andando el tramo nuevo de bajada entre escobas y para mi sorpresa las piernas aguantan, trote cochinero en un tramo de pista conocido y alcanzo el último avituallamiento de la jornada en la Collada en 5h:12:48".

Cuando voy a arrancar de nuevo veo llegar a mi amigo Paquito. Soy consciente de  que no es buen bajador, así que decido esperar y guiarle en este tramo inicial de bajada  que suele ser bastante complicado. Descendemos como buenamente podemos estos primeros 600 -800 metros y entramos en el sendero de descenso. 4 kms por delante y este año para mi sorpresa voy con piernas, entre la euforia y que tengo más peligro en una bajada sin dificultad técnica  que Melendi borracho en un vuelo trasnoceánico, me despido de Paco y me dejo caer tratando de disfrutar de cada metro como si fuera el último. La bajada está en mucho mejor estado que los años previos. Al entrar en el km 29 me encuentro  un precioso sendero de falso llano entre viejos robles y noto como la euforia me lleva mucho más allá de lo prudente dada mi situación. Alcanzo por momentos ritmos de bajada de 4,20 min/km, asi que la cabeza trata de poner orden de nuevo ¡soooo, Bisonte! Con tu tamaño y tu uniforme de camuflaje, es posible que te estén  viendo desde la estación espacial internacional y eso que está en la estratosfera, baja el ritmo no te vaya a pillar el helicóptero Pegasus de la Guardia Civil.
Un corredor atravesando un tramo de ríachuelo en la bajada final camino de Santa Cruz
Me detengo al paso por un ríachuelo y comienzo a caminar, momento en el que me alcanza de nuevo el fenómeno de Paquito. El Bañezano es un corredor excelso, constante y resistente como pocos. El día que confíe  en sus posibilidades y consiga dominar su cabeza, pegará un gran salto de calidad en ultras porque le sobran piernas y físico. Al otro lado del valle ya  se ve Santa Cruz y se escucha la megafonia de meta. Ya solo nos queda aproximadamente un kilómetro a meta y en este momento ya tengo claro que quiero entra con Paquito en meta. Salimos juntos, hemos compartido muchos kms y es justo que entremos juntos. Un último tramo de descenso, cruzamos el río y por delante ya solo nos quedan 500 metros ascendentes hasta meta.
Rubén Seco cruzando el río para iniciar la subida final  a meta (último km de la prueba)
Alfredo Gil entrando en Santa Cruz (a unos 400-500 metros de meta)
Afortunadamente el aquilés no me ha dado guerra en toda las carrera, pero se ha acabado la gasolina. y llego fundido. En  compaña de Paquito y con los ánimos de la gente por las empinadas calles de Santa Cruz nos aproximamos a meta. Hoy no voy a entrar corriendo, las fuerzas no acompañan y no merece la pena. Unas últimas zancadas y cruzamos la pancarta de meta Paquito y yo..
Alfredo Gil en meta tras ganar la carrera. La prueba es durísima incluso para los corredores pata negra.
Todo un ejemplo de compañerismo: Javi Reguera y Juanjo Prieto entrando juntos en meta. Orgullo del tractorismo leonés.
Por fin el poker de metas en Alto Sil ya es una realidad. Cinco ediciones consecutivas disfrutando, sufriendo y alcanzando esa pancarta de meta que tanto esfuerzo requiere como finisher.

En  meta y para superar los 31,7 km de distancia y los 3640 metros de desnivel global (1820 positivos y 1820 negativos) un  tiempo real de  5h:49:14 (tiempo oficial de 5h:42:57" ) y puesto 382 de la general sobre 419 corredores.en meta (450 corredores en la salida), a casi 3 horas del ganador que fue Alfredo Gil Garcia con un tiempo de 2h:51:19"

Por cerrar el tema estadístico, puesto 131 en categoría Veterano A (o como me gusta definirla  en mi caso particular categoria VIP: viejo e insuficientemente preparado)

Con Cañi y Paquito en meta
Lolo Diez, alma mater y creador de esta carrera por montaña, con la eterna ilusión de un Harry Potter  y con las barbas y la sabiduría del mago Merlín,  lo ha vuelto a  conseguir y nos  ha vuelto a hechizar  con una prueba que ronda lo mágico. Esta carrera tiene ese intangible tan difícil de conseguir y que todas las carreras buscan denodadamente con mayor o menor éxito. Tiene  magia, o dicho de otra manera tiene alma propia, el alma que le dan todos y cada uno de los  voluntarios y habitantes de la comarca con su excepcional y cercano  trato al corredor. Trataré de volver una y mil veces, pero sabedor de que la misión empieza a ser poco menos que imposible, me voy con un maravilloso sabor de boca tras esta quinta participación. Este año he disfrutado cada zancada, cada instante de la prueba y de alguna manera he podido despedirme de la carrera  por si no fuera posible alcanzar plaza el año próximo.

No me quiero olvidar del suceso acaecido con el corredor accidentado en el cortafuegos. Ha habido un grupo corredores (Sebastián, Ángel, Blas, ...) que han sacrificado  la carrera por acompañar hasta el último instante al compañero lesionado y eso que no le conocían de nada previamente. Ellos representan lo MEJOR de nuestro deporte y por la parte que me toca me gustaría darles las GRACIAS por lo que han hecho. Hoy ha sido ese corredor concreto y mañana podríamos ser cualquiera de nosotros. Si por un casual Lolo Diez o  cualquier otro miembro de la organización llegase a leer este post, creo que podría ser  un bonito gesto y honraría a los organizadores si se les pudiera facilitar un dorsal para que pudieran  participar en la próxima edición de la prueba.


Mi último recuerdo es para el "presi" del Club de montaña Cumbres de Léon  Javier Fernandez. Fue la persona que me dio a conocer  esta prueba y con quién compartí expedición mis primeros años, ahora esta´pasando momentos complicados por temas de salud y espero verle muy pronto corriendo para poder compartir de nuevo muchos kms con él . ¡Mucho animo Yeti!


Próxima parada del Bisonte del Carbayedo World Tour 2016: Powerade Bike Race de Léon.


jueves, 17 de marzo de 2016

Camino del Alto Sil 2016

Ya solo quedan 3 días para la disputa mi carrera favorita de la temporada y los nervios empiezan a hacer acto de presencia.  Han pasado casi dos meses y medio desde mi última carrera y el pensamiento que me invade es curiosamente lo relativo que puede ser el  tiempo. Aún siendo una dimensión teóricamente mensurable y objetiva,  algunas veces pasa lentamente y otras veces literalmente vuela.  Cuando pasaban los días y las semanas y seguía completamente parado, el tiempo se me hacía eterno y sin embargo a medida que se acercaba la prueba y mi aquiles seguía inflamado como una morcilla de Burgos, el tiempo se me escapaba entre los dedos.
Finalmente, tras muchas sesiones de fisío y gracias a la inestimable ayuda de mi "mecánico" de confianza, estaré en la salida de tan especial prueba. Muchos son los corredores  que sabedores de mi devoción por esta prueba me han preguntado a lo largo de estos últimos meses porqué es tan especial la carrera de montaña del Alto Sil y lo cierto es que carezco de una razón objetiva y racional que me permita explicarlo. Lo cierto es que la única explicación que encuentro es completamente subjetiva y para ilustrarla debo de retrotraerme cinco ediciones atrás. Corría el año 2012 y era mi primera participación en la prueba. Llegando a la cumbre del Alto se La Campona,  en completa soledad, envuelto en una niebla persistente y avanzando sobre una superficie completamente nevada, al fondo apareció  un arco de meta hinchable en medio de la más absoluta nada y sentí esa extraña sensación de equilibrio que tan difícil es de alcanzar en la vida.


En medio de un esfuerzo titánico, estábamos solos la montaña y yo, podía escuchar mi propia respiración y era capaz de sentir cada latido de mi corazón. Por un momento los problemas de la vida diaria encojen hasta hacerse insignificantes, es una sensación de paz interior muy difícil de explicar, una sensación de que ese pequeño reducto de naturaleza es tu refugio y que por una vez todas las piezas encajan y el mundo parece un lugar mejor. Ese día decidí que a mi lo que me gustaba era correr por montaña y desde entonces vuelvo una y otra vez al mismo lugar en busca de esas mismas sensaciones que tan complicadas son de  encontrar.


Así que quizás la mejor respuesta que pueda dar a esta pregunta es la misma que Saladino le da al lider  de los cruzados Balián de Íbelin tras la batalla final por la toma de Jerusalén en "El Reino de los cielos"
- ¿Cuanto vale Jerusalén?
- Nada.... TODO

Para alguien escasamente romanizado y extremadamente poco religioso como yo, estas montañas son mi Jerusalén personal y esta carrera es mi cruzada particular.

Alea Iacta est.  Mucha suerte a todos los que vais a participar. Nos vemos en Santa Cruz del Sil


domingo, 31 de enero de 2016

Transcandamia 2016

Apenas faltan 25 minutos para el comienzo de la prueba y todavía estoy en el centro de la ciudad de León. Tras 4 años de fusiones, fisiones e infusiones varias, mi empresa ha decidido cambiar el sistema informático casualmente hoy, por el hecho de pertenecer a una oficina piloto y por gentileza de la infame reforma laboral  tengo que madrugar y pasarme por el trabajo en domingo  para comprobar que todo funciona correctamente. Asciendo el Portillo emulando al Carlos Sainz campeón del mundo de rallies y cuando finalmente llego a Las Lomas, la Guardia Civil ya tiene cortada la carretera  que lleva a a la salida por lo que debo aparcar más o menos a la altura del lugar  donde Cristo perdió las sandalias. Como ya vengo vestido y con el dorsal puesto del trabajo, salto del coche y me dirijo a la salida con apenas 15 minutos de margen. Todavía tengo tiempo para saludar e intercambiar unas palabras con Adrián Rubio, Talo Guerra, Alfredo Álvarez y Luis Angel Esquibel de camino a la pancarta de salida. Arrastro serios problemas en el tendón de aquiles desde finales de diciembre y la lógica  sería no correr hoy, pero como carezco del más elemental sentido común y soy más bruto  y primitivo que el bisonte que ejerce como mi animal totémico, pues tengo pensado correr. Antes de salir me enfrento a un dilema existencial: salir el último y tratar de hacer toda la prueba andando o tratar de correr al principio para ganar tiempo y acabar como buenamente se pueda, y eso siempre y cuando el aquiles no me diga hasta aquí llegamos y me deje tirado a media prueba. Finalmente  opto por lo segundo porque andando es materialmente imposible cumplir con el control de paso del segundo avituallamiento (1h:45' en el km 14).

Dan la salida y salgo a mitad de pelotón y a un ritmo muy cómodo. Nada más necesito 100 metros para constatar que el dolor de mi aquiles me va acompañar toda la prueba como era previsible. Voy charlando primero con Toño Santamaria, más tarde con Jesus Fidalgo y finalmente con Victor Rabanal  hasta que entramos en la Transcandamia propiamente dicha.
Con Jesús Fidalgo en el km 2. Mi cara lo dice todo, cada zancada ya constituye una pequeña  tortura.
Una bajada rápida, una subida pendiente y alcanzamos la pista del aeródromo. En otras circunstancias pasaría por aquí volando, pero hoy no llevo recorridos ni 4 kilómetros y ya voy reptando en modo culebra por lo que me superan con facilidad corredores. En la bajada del aeródromo asisto como mero espectador a  las primeras caídas artísticas de la jornada, pero de momento voy librando. Y a partir de aquí entramos en una inmensa y divertida combinación de pista de patinaje en barro y circuito americano que parece sacado del programa de televisión "Humor Amarillo". La dificultad para mantenerse en pie es notable, las caídas son la tónica general  y en muchos tramos  es un sálvese quien pueda colectivo donde cada corredor hace lo humano y lo inhumano para avanzar en ocasiones incluso de forma  inverosímil. Y en estas me encuentro cuando alcanzo al señor Chano Morán, genio y figura del Coyança trail, que jura en arameo ante tal situación y amenaza con retirarse frustrado y  cabreado a partes iguales ante la imposibilidad de correr.
Preparado para zambullirme en el barro al paso por el km 8
Le digo que me coja rueda y que siga las trazadas que le voy marcando. Esto se lo digo yo, que por peso, altura y falta de pericia en el barro, en vez de bisonte parezco el perro de Scotexx, Otra cosa no seremos, pero los asturianos por osados y fanfarrones somos una raza sin parangón sobre la faz de la tierra. Afrontamos una bajada complicada y la impracticable ascensión a la Senda de los Leñadores, momento a partir del cual Chano recupera la confianza y dado que su estado físico es muy superior al mio, se escapa por delante y me vuelvo a quedar solo. Subimos por una pista y enfilamos un descenso peligroso donde  doy con mis huesos en el suelo por primera vez en toda la prueba. A partir de aquí, me caeré un numero indeterminado de veces y en en todas las posiciones humanamente posibles, de costado, de espaldas, de frente con los brazos estirados y sobre todo de culo. La triste realidad es que si me hubiese puesto muelles en el trasero, habría parecido un canguro. Y es que a pesar de empeñarme en buscar zonas paralelas al recorrido y menos pisadas, lo que me obliga a correr muchos tramos por terreno de zarzas, la perdida de reflejos, el cansancio o la impericia, me hacían caerme con relativa frecuencia, eso obviando el problema de que acabaré la carrera con las piernas llenas de arañazos hasta el punto de parecer que en lugar de estar corriendo, vengo de enfrentarme  con un  gran oso grizzly de la Columbia Británica.
Ejmeplo de bajada en la Trasncandamia 2016
 Al paso por el km 10 aproximadamente me encuentro con el bueno de Jose Angel de La Bañeza, que viene relajado puesto que está iniciando la preparación para afrontar los 101 kms peregrinos y charlando con él se me hacen más sencillo el siguiente km. Un par se subidas y bajadas adicionales y me encuentro de frente con la Cuesta de los Perros, que viendo lo visto, hasta parece una ascensión sencilla en el día de hoy. Corono y por primera vez en toda la prueba miro el reloj (2h:02') y todavía estoy a aproximadamente 1000 metros del segundo avituallamiento. Ya hemos superado el tramo complicado de la prueba y ahora llega el tramo idóneo para correr. A diferencia de las 4 ediciones previas donde llegué sin piernas porque me las dejé por el camino, esta vez no las tengo porque ya salí sin ellas desde la salida.  Bajada sencilla hasta el avituallamiento y sin mucha dilación a por los 7 kms finales de prueba. En este tramo se me notan más las carencias, no obstante empiezo a ser consciente de que las molestias del aquiles aun siendo más fuertes en cada pisada, ya no me impedirán llegar a meta. Supongo que el trabajo de embalsamar mi pierna derecha en radiosalil, acompañado de la ingesta masiva de inflamatorios ha dado sus frutos. Rezo para no tener que pasar un control antidopping porque entre esto y el inhalador del asma, me da la sensación de que me sancionarían sin competir  de  por vida.

 Sin contratiempos ascendemos a Las Antenas, bajamos de nuevo por un sendero sencillo que no se encuentra en mal estado y  que he recorrido mil veces entrenando, sin embargo producto de mi manera extraña de correr/andar, arrastrando las piernas tratando de impulsar lo menos posible, tropiezo con una piedra que no asoma entre el barro y caigo en plancha y con los brazos completamente extendidos. Una caída más propia de salto de trampolín, que de atletismo y que ejecuto con una pericia y un estilo exquisito, hasta tal punto  que entro en el barro casi sin salpicar y producto de la inercia, del peso y de la pendiente descendente, todavía me deslizo aproximadamente metro y medio antes de poder detenerme. Los corredores que van detrás no saben si aplaudir por el espectáculo ofrecido o asustarse por la leche que se ha pegado el corredor de rayas que les precede. Sin darles opción, me levanto de un salto y arranco a correr como si no hubiese sucedido nada. Por la adrenalina o quizá por el instinto, la realidad es que en caliente no siento ningún dolor, no obstante apenas 100 metros mas adelante miro mis piernas para evaluar daños y veo que entre el barro que recubre completamente las mismas, emana un abundante chorro de sangre. Me detengo a caminar y al pasar los corredores que vienen detrás se interesan por mi estado. Como no puedo ver la profundidad de la herida y el barro actúa como cataplasma, y dado que solo quedan unos 3,5 kms a meta, decido seguir la marcha y dejar este tema en el congelador hasta meta.

Llegamos a la bajada del mirador y veo a 3 corredores que parecen funanbulistas en el alambre tratando de avanzar de pie sobre una chocolatada de carácter bíblico.
Bajada del mirador a 2 km de meta (Aquapark versión barro leonés)
Como no estoy para muchos  alardes a estas alturas de la película, me siento en medio del barrizal y me dejo caer como si estuviera en el tobogán de un aquapark y lo cierto es que bajo a una velocidad sorprendente. Llego abajo como buenamente puedo, me incorporo con medio kilo de barro en cada zapatilla y echo a caminar cuesta arriba avanzando con la torpeza de quién lleva  grilletes en los tobillos. Llego a los chalets, saludo a los fotógrafos del Coyança Trail y comienzo la bajada del último cortafuegos con ganas de acabar cuanto antes. El tramo más pindio lo bajo por donde buenamente puedo, agarrándome a los arboles como un gorila de montaña, pero afortunadamente consigo llegar abajo sin contratiempos, giro a la derecha, recibo los ánimos del bueno de Satur y encaro la subida final que me llevará a la temida y esperada  Anibalada.
Bajando el cortafuegos entre árboles para poder frenar (se aprecia a simple vista la sangre corriendo por la rodilla izquierda)
Final del cortafuegos. El tractor maniobrando con torpeza para poder girar entre tanto barro
Arrancando a correr a  600-800 metros de meta gracias a los  ánimos de Satur

 Este año el tramo de subida inicial ya se me presenta como un puerto Ors categorié del Tour de Francia  y eso que todavía no he llegado al tramo difícil. Antes de pasar  por debajo de la pancarta que anuncia la Anibalada ya  se comienza a escuchar el griterío del público congregado en tan emblemático punto de la prueba. Antes de encarar dicha subida, me detengo un segundo a pie de rampa para ver cual es la mejor opción para ascender y me indican que me salga del trazado balizado.
Vista cenital del tramo inicial de Anibalada
Un corredor batallando por subir la Anibalada (a 200-250 metros de meta)
Evidentemente salirte del trazado señalizado con cintas  es motivo de descalificación inmediata, pero todos los corredores que me preceden ascienden por el mismo lugar y entiendo que después de haber pasado unos 300 corredores y dado que la subida se encuentra en muy mal estado, es la propia organización la que por seguridad habrá tomado esta decisión. Asciendo con dificultad empujado por los gritos de ánimo de la gente, supero el tramo intermedio y encaro la cuesta final. Apenas 50 a cumbre por un estrecho pasillo que es una pista de patinaje sobre barro. Ascendiendo  a  4 patas  agarrándome a las raíces del sendero  y haciendo más fuerza con los brazos que con las propias piernas, consigo alcanzar la meta apoyándome en los ánimos de conocidos y desconocidos, entre los que distingo a Alfonso Cano y Miguel Bernardo.
Un corredor enfrentandose a los 50 metros finales de prueba
El Bisonte del Crabayedo ascendiendo a 4 patas a 30 metos de meta
Adelantando a un corredor en la entrada a meta (ventajas de tener la zancada larga)
Finalmente consigo completar mi quinta Transcandamia consecutiva en el puesto 285 de la general sobre 443 corredores en meta (desconozco el número de abandonos pero entiendo que tuvo que ser elevado), con un tiempo de 3h:11':43" , a 1h:20':15" del ganador que fue Alberto González  Gonzalez con un tiempo de 1h:51':28"

En mi recién entrenada categoría de "viejunos" quedé en  el  puesto 57 sobre  74 corredores en meta.

Mi primera sensación es de alivio y satisfacción por lo conseguido. A pesar de los inconvenientes y las limitaciones físicas es probablemente la Transcandamia en la que más he disfrutado. Es completamente irracional y posiblemente sea incluso causa de inhabilitación por razones de índole psicológico, pero lo cierto es que por ese  grado de épica que le aporta la dificultad de lo vivido, la meta se disfruta muchísimo más.

Me lavo como buenamente puedo para quitarme lo más gordo con el agua de un charco e inicio el camino de vuelta a casa con el fin de restañar las heridas del combate y con ganas de ducharme como dios manda porque llevo tanto barro encima que parezco un guerrero de terracota de Xián. Al enfriar empiezan a aparecer las complicaciones, tengo una rodilla completamente despellejada, dolor lumbar (quiero pensar que por las caídas) y lo más preocupante, se me inflama el aquiles hasta alcanzar el tamaño  e un botijo, lo que me tiene completamente parado en el momento de escribir esta crónica y ya han pasado 3 semanas desde la carrera. Creo que no fue una buena idea correr esta prueba sin estar en condiciones, pero las ganas de correr en casa han superado  la lógica y el más elemental sentido común.
Heridas de guerra Transcandamia: Rodilla magullada e hinchada (chapa y pintura), del tendón de aquiles mejor no hablamos.
Antes de acabar esta crónica creo conveniente realizar una última reflexión, que sinceramente  espero que si  algún miembro de la organización leyera esta crónica, se lo  tome como lo que es,  una critica constructiva para tratar de mejorar la prueba y hacerla cada vez mejor. He podido intercambiar opiniones y pareceres con otros corredores, y algunos, no se si por el hecho de que saben que escribo un blog,  o bien por esa esa especie de omertá siciliana o miedo a ser políticamente incorrectos no vaya a ser que al año siguiente me dejen sin plaza en la carrera, no se atreven a expresar públicamente. En mi caso, y dado  que no le rindo pleitesía a ninguna marca comercial, ni vasallaje a ninguna  carrera, puedo expresar libremente lo que pienso, aún a riesgo de estar equivocado y de  que mis opiniones no le gusten a todo el mundo.

 Son  varios los  aspectos que han generan malestar  en esta prueba y que paso a detallar:
1.- PRECIO:  Para algunos corredores esta carrera en función de los servicios que ofrece es cara. Sin entrar en consideraciones subjetivas y basándome en el hecho de  que estamos en  una economía de mercado donde es la oferta y la demanda la que fija el precio de equilibrio de las cosas y a juzgar por el hecho de que las 400 plazas ofertadas se agotaran en apenas 2 horas, a día de hoy no hay lugar a discusiónsobre este particular.
2.- BOLSA DEL CORREDOR: Hay quién opina que es muy pobre. En mi opinión nadie escoge una carrera en función de que el obsequio de la organización sea mejor o pero, por lo que no dedicaré más tiempo a este punto.
3.- AVITUALLAMIENTOS: Hay quién opina que son escasos y mal surtidos. En mi opinión una prueba tan corta no requiere de avituallamientos surtidos y por lo tanto no son un hecho relevante, si bien es cierto, que creo recordar que la prueba anunciaba bebida isotónica en el primer avituallamiento y finalmente solo se ofreció agua, por lo que debería aclararse dicho punto. Grave fue el hecho acaecido en una edición previa donde el segundo avituallamiento se quedo sin existencias, dejando a los últimos corredores completamente desatendidos y sin poder beber absolutamente nada. Dicho tema fue afortunadamente solventado en ediciones posteriores.
4.- DUCHAS EN META: Para mi el mayor problema de la prueba con diferencia. Vivo a 5 minutos de la meta y por tanto para mi no constituye un inconveniente, pero entiendo que si es preocupante y triste, que corredores de fuera acaben la prueba convertidos en autenticas figuras de barro y que tengan que iniciar viaje de vuelta a sus domicilios con 1, 2 o 3 horas de coche por delante  y la incomoda sensación de ser auténticos muñecos de arcilla. He corrido en pueblos de montaña perdidos de la mano de Dios y sin los mínimos medios elementales y la gente de los pueblos ha realizado lo imposible por agradar al corredor, algunas  veces han improvisado duchas colgando mangueras de la viga de una cuadra o han sacado duchas a la calle, pero han buscado soluciones por el bien del corredor. Está prueba se celebra a las afueras de una ciudad de 150.000 habitantes y entiendo que fácilmente se puede llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de Valdefresno para que ceda sus instalaciones (la piscina pública se haya a unos 3 kms de distancia), pero no se puede pretender que casi 500 corredores se duchen en condiciones de insalubridad en 2 casetas de obra situadas de cualquier manera. Una carrera se hace grande porque cuida los detalles y porque mima a sus corredores.

Sin nada más que contar, y partiendo de la premisa de que consiga recuperar  mi maltrecho aquiles, nos vemos en el ALTO SIL para disputar mi carrera favorita de la temporada.... próxima parada: SANTA CRUZ DEL SIL.